El fortalecimiento de la facción francesa
Durante el siglo XIII aumentó de manera notable la presencia francesa en el Colegio de Cardenales y en los órganos de gobierno pontificio. Urbano IV creó varios cardenales franceses, entre ellos personas vinculadas a la corte de san Luis. Esta política originó una facción francesa que adquirió un peso decisivo en la política eclesiástica de las décadas posteriores. Entre los cardenales asociados a esa corriente figuraron futuros papas como Clemente IV, Martín IV y Honorio IV.
La influencia francesa no equivalía simplemente a una administración nacional de la Iglesia. Muchos eclesiásticos franceses poseían una amplia experiencia diplomática, jurídica y financiera, y podían desempeñar funciones útiles para una Curia que gobernaba territorios extensos y negociaba con las principales monarquías europeas. Sin embargo, la concentración de poder en torno a determinados grupos franceses alimentó la percepción de que la Santa Sede favorecía a la monarquía capeta y a sus aliados.
La administración de los Estados Pontificios
El papado del siglo XIII no ejercía solo una autoridad espiritual. También gobernaba los Estados Pontificios, un conjunto de territorios del centro de Italia que incluía, entre otras regiones, el Patrimonio de San Pedro, la Marca de Ancona, el ducado de Spoleto, partes de la Romaña y diversos territorios vinculados a antiguas donaciones y concesiones imperiales.
La administración pontificia exigía funcionarios, recursos económicos, fortificaciones, alianzas militares y acuerdos con las ciudades. Urbano IV había reorganizado las finanzas de la Cámara Apostólica, cambiado los banqueros pontificios y reforzado el sistema defensivo de los territorios de la Iglesia. También había nombrado nuevos funcionarios y consolidado alianzas políticas en Italia.
Martín IV heredó este aparato administrativo, pero su gobierno quedó dominado por la guerra de Sicilia y por la dependencia política respecto de Carlos de Anjou. Su pontificado muestra así una tensión característica de la época: la Curia necesitaba actuar como una administración internacional, pero sus decisiones podían quedar condicionadas por la protección militar y financiera de una monarquía concreta.
Una dependencia política discutida
Martín IV era personalmente piadoso y bien intencionado, pero su actuación política estuvo muy vinculada a Carlos de Anjou, a quien nombró senador de Roma. El papa apoyó además los proyectos angevinos en Italia y en Oriente. Esta dependencia debilitó la imagen de imparcialidad de la Santa Sede y favoreció la interpretación de que el pontífice había convertido los intereses de la casa de Anjou en una prioridad pontificia.
Conviene distinguir entre la vida espiritual personal de Martín IV y las decisiones políticas de su pontificado. La piedad personal atribuida al papa no elimina los efectos de sus decisiones diplomáticas y militares. Del mismo modo, la dureza de su política hacia Aragón y Sicilia no permite concluir automáticamente que careciera de convicciones religiosas. Martín IV actuó dentro de una mentalidad medieval que mezclaba la defensa de la Iglesia, la seguridad territorial de los Estados Pontificios, la legitimidad dinástica y la lucha entre poderes cristianos.