Tras una vacante de seis meses después de la muerte de Juan XXI, Giovanni Gaetano Orsini fue elegido papa en Viterbo el 25 de noviembre de 1277, tomando el nombre de Nicolás III,. Su pontificado, aunque de corta duración, estuvo marcado por importantes decisiones políticas y eclesiásticas.
Consolidación del poder papal y política italiana
Nicolás III se propuso liberar a Roma de toda influencia extranjera y frenar el creciente poder de Carlos de Anjou en el centro de Italia. En 1278, persuadió a Rodolfo de Habsburgo para que renunciara a todos sus derechos sobre la Romaña, una renuncia que fue posteriormente aprobada por los príncipes imperiales. Nicolás III tomó posesión de la provincia a través de su sobrino, Latino, a quien había elevado al cardenalato, y nombró a otro sobrino, Berthold, Conde de la Romaña.
Para asegurar la libertad de las elecciones papales, emitió una constitución el 18 de julio de 1278, que estipulaba que el poder senatorial y todos los cargos municipales debían ser reservados a los ciudadanos romanos, excluyendo a cualquier emperador, rey u otro potentado. También obligó a Carlos de Anjou a renunciar a la regencia de Toscana y a la dignidad de Senador Romano en 1278.
Relaciones con la Iglesia Oriental y misiones
Un objetivo principal de Nicolás III fue la implementación práctica de la unión con la Iglesia Oriental, aceptada por los griegos en el Segundo Concilio de Lyon (1274), aunque más por razones políticas que dogmáticas. Las instrucciones a sus legados en Constantinopla incluían la renovación del juramento del emperador y la concesión del rito griego solo si no se oponía a la unidad de fe. A pesar de condiciones más rigurosas, el fracaso de las negociaciones se atribuyó a la fuerte oposición de la nación griega a la sumisión a Roma y a los intereses temporales del emperador.
En 1278, a petición de Abaga, Kan de los tártaros, el papa envió cinco misioneros franciscanos para predicar el Evangelio en Persia y China. Si bien encontraron obstáculos iniciales, sus esfuerzos sentaron las bases para resultados más significativos bajo el pontificado de Nicolás IV.
La constitución «Exiit qui seminat»
El 14 de agosto de 1279, Nicolás III emitió la constitución «Exiit qui seminat», la cual es fundamental para la interpretación de la Regla de San Francisco,. En esta bula, el papa aprobó una observancia más estricta de la pobreza por parte de los franciscanos. La constitución prohibía estrictamente a cualquier persona, independientemente de su preeminencia, condición o estado, enseñar, escribir, criticar, predicar o hablar perversamente en público o en privado contra la regla franciscana o las disposiciones papales. Cualquier ambigüedad en estos asuntos debía someterse a la Sede Apostólica para su aclaración, y quienes actuaran en contra de estas directrices incurrirían en excomunión, de la cual solo podrían ser absueltos por el Pontífice Romano.
Nepotismo y legado arquitectónico
Aunque su carácter fue mayormente intachable, Nicolás III fue criticado por actos de nepotismo, favoreciendo a sus familiares con cargos honorables y lucrativos. Creó a su sobrino Latino como cardenal y a otro sobrino, Berthold, como Conde de la Romaña.
Nicolás III estableció la residencia papal en el Vaticano, remodelando y ampliando el palacio y adquiriendo propiedades adyacentes que más tarde se convertirían en los Jardines Vaticanos. Fue enterrado en la Capilla de San Nicolás, que él mismo construyó en la Basílica de San Pedro. Su compromiso con la reforma y la consolidación del poder papal dejó un impacto duradero en la Iglesia medieval y sus relaciones con las autoridades seculares.