El santo en el icono bizantino
La iconografía bizantina representa habitualmente a san Nicolás como un obispo anciano, de rostro alargado, barba blanca y mirada serena. Viste las ropas propias de un jerarca oriental: sticharion, felonion y omoforion, con frecuencia adornados mediante cruces. En las manos sostiene a menudo el Evangelio o realiza un gesto de bendición.
El icono no pretende ofrecer un retrato naturalista en sentido moderno. Su finalidad consiste en hacer presente, dentro de la oración de la Iglesia, la memoria de una persona transformada por la gracia. La tradición cristiana oriental contempla a los santos como iconos vivientes, es decir, como personas que reflejan la semejanza de Cristo mediante la acción del Espíritu Santo.
El rostro de san Nicolás aparece con una expresión de autoridad espiritual y misericordia pastoral. La representación evita normalmente la imagen de un anciano dedicado a repartir juguetes. La vestidura episcopal recuerda que el personaje central de la devoción es un ministro de la Iglesia, no un mago navideño.
San Nicolás en el espacio litúrgico oriental
La veneración de los iconos ocupa un lugar propio en la liturgia bizantina. Después de la crisis iconoclasta, el icono de los santos encontró una función estable en las iglesias, en las viviendas cristianas y en el iconostasio, la estructura que separa visualmente el santuario de la nave. La tradición litúrgica también adoptó la costumbre de presentar el icono de la fiesta del día para la veneración de los fieles.
El icono de san Nicolás puede recibir veneración, pero nunca ocupa el mismo rango que el icono de Cristo o el de la Virgen María. La Iglesia distingue entre adoración, reservada únicamente a Dios, y veneración, que honra a los santos por la obra de Dios realizada en ellos. La enseñanza sobre las imágenes mantiene que el honor dirigido al icono remite a la persona representada y, en último término, a Dios, fuente de la santidad.
En la liturgia oriental, la imagen de san Nicolás participa de la oración comunitaria, de las fiestas del calendario y de la comunión de los santos. La contemplación del icono no constituye un ejercicio estético aislado: invita a la conversión y a la transformación interior conforme a Cristo.
La importancia del icono de san Nicolás dentro de la liturgia oriental deriva, por tanto, de tres elementos:
El arte sacro no puede reducir el icono a una decoración religiosa. La tradición católica reconoce que la imagen sagrada debe servir a la fe y expresar la esperanza de la Iglesia.