El pontificado de Pablo I, que duró diez años (757-767), se desarrolló en un período de significativa inestabilidad política,. Continuó la política de su predecesor, Esteban II, de mantener una estrecha alianza con el rey franco Pipino el Breve,,. Esta alianza fue fundamental para asegurar la supremacía papal sobre Roma y las regiones del centro de Italia, en oposición a los esfuerzos de los lombardos y el Imperio Bizantino.
Pipino el Breve, a su vez, exhortó al pueblo romano a permanecer fiel a San Pedro y prometió completar la expansión de la provincia romana que había arrebatado a los «bárbaros». En 758, Pipino envió al Papa la tela utilizada en el bautismo de su hija como un gesto de renovación de su patrocinio papal.
Desafíos con los Lombardos
A pesar de la alianza franca, Pablo I enfrentó constantes desafíos por parte de los lombardos. El rey lombardo Desiderio, aunque inicialmente mostró cierta complacencia en la cuestión del patrimonio romano, no cumplió sus promesas de devolver ciudades como Imola, Osimo, Ancona y Bolonia. De hecho, devastó la Pentápolis durante una expedición contra los duques rebeldes de Spoleto y Benevento, conquistando y anexionando ambos ducados en 758.
Desiderio incluso llegó a un acuerdo de alianza mutua con los bizantinos en Italia central. Cuando Pablo I exigió la devolución de las ciudades, Desiderio se negó, ofreciendo devolver Imola solo si el Papa persuadía a Pipino para que devolviera a los rehenes lombardos. Pablo I se encontró en una situación difícil, llegando a enviar dos cartas a Pipino: una pública, acordando las demandas de Desiderio, y otra secreta, implorando la ayuda de Pipino contra el rey lombardo y su alianza con los bizantinos para la conquista de Rávena.
En 760, Desiderio prometió nuevamente devolver el patrimonio a la Iglesia Romana y las ciudades reclamadas por el Papa, pero una vez más se negó a cumplir sus promesas, llegando incluso a incursionar en territorio romano. La situación se volvió más precaria con las acciones bizantinas, incluyendo informes de una flota y un ejército bizantino con intenciones de tomar Roma y Rávena.
Oposición al Imperio Bizantino
La oposición de Pablo I a los planes del emperador bizantino Constantino Coprónimo no tenía una base política real, sino que su objetivo era defender la ortodoxia eclesiástica en relación con la doctrina de la Trinidad y la veneración de las imágenes contra el emperador oriental. Pablo I envió repetidamente legados y cartas a Bizancio sobre la veneración de las imágenes. En 767, un sínodo franco celebrado en Gentilly, cerca de París, reafirmó las doctrinas de la Iglesia sobre la Trinidad y la veneración de las imágenes.