El cardenal Gian Pietro Carafa fue elegido Papa el 23 de mayo de 1555, a la edad de 78 años, y tomó el nombre de Pablo IV,,. Su elección fue una sorpresa, incluso para él mismo, ya que había declarado que nunca había «conferido un favor a un ser humano». Se dice que su elección fue impulsada en parte por la oposición al emperador Carlos V, quien no deseaba que Carafa fuera Papa.
Desde el inicio de su pontificado, Pablo IV se dedicó a la reforma de la Iglesia y a la lucha contra el protestantismo.
La Contrarreforma y la Inquisición
Pablo IV fue un ferviente defensor de la ortodoxia católica y un promotor de las reformas del Concilio de Trento. Su papado se enmarcó en la Contrarreforma, un período de revitalización católica en respuesta a la Reforma Protestante,.
Una de sus acciones más significativas fue el fortalecimiento de la Inquisición romana. Ya como cardenal, había sido un activo inquisidor general y, al ascender al papado, se dedicó a desarrollar esta institución. En 1556, mediante el motu proprio Attendentes onera, amplió las facultades de los miembros del tribunal, extendiendo su jurisdicción más allá de las cuestiones dogmáticas para incluir crímenes como el proxenetismo, la violación, la prostitución, la sodomía y la «simonía herética». El número de cardenales miembros de la Congregación de la Inquisición también se incrementó significativamente durante su pontificado. Su objetivo era erradicar la herejía y la disidencia dentro de la Iglesia y la sociedad.
También estableció el Índice de Libros Prohibidos, una medida destinada a suprimir ideas y literatura que contradecían la doctrina católica.
Relaciones políticas y diplomáticas
El papado de Pablo IV estuvo marcado por tensiones con las autoridades seculares, especialmente con los Habsburgo de Austria y España,. Su detestación del dominio español en su tierra natal, Nápoles, influyó en su política exterior. Esta antipatía lo llevó a aliarse con Francia en una guerra contra España (1557-1558), que resultó desafortunada y afectó negativamente la causa del catolicismo en Europa occidental,. La guerra causó dificultades en Inglaterra bajo María Tudor, interrumpió la comunicación papal con Inglaterra, Flandes y España, y dio pie a que los reformadores en Francia atribuyeran los males de la época a la ambición de los papas.
En el ámbito inglés, Pablo IV se negó a sancionar el acuerdo de Cardenal Pole sobre los bienes confiscados de la Iglesia, exigiendo su restitución. También relevó a Pole de su cargo de legado y lo llamó a Roma para enfrentar a la Inquisición. Tras la muerte de María I y Pole, rechazó el reclamo de Isabel I al trono, basándose en su ilegitimidad.
Nepotismo y reformas internas
A pesar de su compromiso con la reforma, Pablo IV fue criticado por el nepotismo,. Elevó a su sobrino Carlo Caraffa al cardenalato, a pesar de que este era indigno y carecía de formación eclesiástica, y enriqueció a otros parientes con beneficios y propiedades. Sin embargo, al final de la guerra con Felipe II, el Papa perdió la fe en sus sobrinos y los desterró de la corte.
A pesar de estos desafíos, Pablo IV se enorgullecía de emitir nuevos decretos de reforma casi a diario. Hizo de la Inquisición un poderoso instrumento de gobierno, sin respetar a las personas; incluso el Cardenal Morone fue encarcelado bajo sospecha de herejía. También estableció la jerarquía en los Países Bajos y en Oriente.
Relación con la Compañía de Jesús
La relación de Pablo IV con la recién fundada Compañía de Jesús (los Jesuitas) fue compleja. Aunque el Papa Pablo III había aprobado la Compañía en 1540,, y los jesuitas desempeñaron un papel crucial en la Contrarreforma mediante la educación y la predicación, Pablo IV no siempre los vio con buenos ojos. De hecho, el Papa Pablo V, su sucesor, permitió el regreso de los Teatinos y Capuchinos, pero hizo una excepción contra los Jesuitas.