Contexto teológico
Uno de los asuntos doctrinales más delicados del periodo fue la controversia de auxiliis, relativa a la relación entre la gracia divina y la libertad humana. La disputa enfrentó principalmente a teólogos dominicos, vinculados al tomismo, y teólogos jesuitas, defensores de la explicación asociada a Luis de Molina.
Molina había publicado en 1588 la Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis. La obra provocó una reacción de los dominicos, especialmente en torno a la manera de explicar la eficacia de la gracia, la presciencia divina y la libertad de la voluntad.
El problema no consistía en elegir entre gracia y libertad, pues la doctrina católica afirmaba la necesidad de la gracia y la responsabilidad real del ser humano. La dificultad residía en explicar cómo actúa la gracia eficaz sin convertir la libertad en una mera apariencia y cómo puede mantenerse la iniciativa soberana de Dios sin eliminar la cooperación humana.
La Congregación de Auxiliis
Clemente VIII creó una comisión para estudiar la controversia. Las discusiones comenzaron en 1598 y continuaron durante años. El papa convocó a teólogos dominicos y jesuitas, y presidió personalmente varias sesiones. Durante el pontificado de Clemente VIII tuvieron lugar sesenta y ocho debates entre 1602 y 1605.
Camillo Borghese, entonces cardenal, participó en las sesiones celebradas ante Clemente VIII. Después de su elección como Pablo V, asistió a otros diecisiete debates. La Congregación examinó las posiciones de ambas órdenes sin alcanzar una solución doctrinal definitiva.
La decisión de Pablo V
El 5 de septiembre de 1607, Pablo V comunicó una decisión destinada a restablecer la paz entre dominicos y jesuitas. Permitió que cada orden defendiera su propia doctrina, prohibió que una parte censurase o condenase a la otra y ordenó a ambas esperar la decisión definitiva de la Santa Sede.
La medida no resolvió la cuestión mediante una definición dogmática. Pablo V optó por mantener dentro de la Iglesia las dos explicaciones teológicas, siempre que ninguna de ellas incurriera en errores condenados ni presentara a la otra como herética. En 1611, la Inquisición prohibió además la publicación de nuevos libros sobre la gracia eficaz hasta una ulterior intervención de la Santa Sede.
Valoración doctrinal
La actuación de Pablo V muestra prudencia disciplinar, aunque no una solución especulativa completa. El papa reconoció de hecho un espacio legítimo para distintas escuelas teológicas en torno a la acción de la gracia y la libertad. La decisión evitó una ruptura entre dos órdenes fundamentales de la Iglesia y preservó la unidad católica en un momento de intensa controversia.
La doctrina común mantenía que la gracia resulta necesaria para la salvación y que la voluntad humana conserva una verdadera capacidad de cooperación. Las diferentes escuelas intentaban explicar esa relación mediante categorías distintas: el tomismo dominicano insistía en la causalidad eficaz de la gracia; el molinismo jesuita desarrollaba la idea de la ciencia media y de la cooperación libre bajo la gracia. Pablo V no convirtió una de esas escuelas en doctrina obligatoria para toda la Iglesia.