Pelagio I nació en Roma a principios del siglo VI. Su padre, Juan, ostentaba el cargo de vicario en una de las dos «diócesis» civiles en las que se dividía Italia en ese momento, lo que sugiere un origen familiar distinguido2,3. Se le describe como una persona culta y talentosa que rápidamente entró al servicio de la Iglesia2.
En el año 536, como diácono, acompañó al Papa Agapito I a Constantinopla, donde el Papa falleció inesperadamente. Pelagio permaneció en la capital bizantina como apocrisiarius (embajador o nuncio) de la Iglesia Romana, representando al Papa Vigilio2,3. Durante su estancia en Constantinopla, Pelagio ejerció una notable influencia sobre el emperador Justiniano I. Logró que Justiniano publicara un decreto contra el Origenismo, a pesar de las intrigas de Teodoro Askidas2,3.
La Controversia de los Tres Capítulos
Un aspecto crucial de la carrera temprana de Pelagio fue su implicación en la Controversia de los Tres Capítulos. Esta disputa teológica surgió de un decreto de Justiniano I, publicado alrededor del año 544, que condenaba escritos de Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de Edesa3. Pelagio fue el principal consejero del vacilante Papa Vigilio, a quien instó inicialmente a resistirse a la condena imperial, previendo que su aceptación provocaría un cisma en la Iglesia Occidental2,3.
Cuando Vigilio fue a Constantinopla en 545, Pelagio permaneció en Roma como su representante. Durante el asedio de la ciudad por Totila, rey de los godos, Pelagio demostró una gran generosidad, utilizando su fortuna personal para ayudar a la población afectada por la hambruna y logrando que Totila perdonara las vidas de los habitantes cuando tomó Roma en diciembre de 5463.
Posteriormente, Pelagio regresó a Constantinopla para apoyar a Vigilio, quien estaba siendo presionado por el emperador para que aceptara la condena de los Tres Capítulos. Aunque Pelagio inicialmente alentó la resistencia de Vigilio, y llegó a escribir en defensa de los Tres Capítulos mientras estaba en prisión, finalmente se unió al lado del Papa después de que Vigilio cediera y confirmara los decretos del Quinto Concilio General de Constantinopla en 5542,3. Su cambio de postura fue objeto de críticas, aunque se ha interpretado como un esfuerzo por preservar la unidad de la Iglesia2,3.

