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Papa Pelagio I

Pelagio I fue papa de la Iglesia católica entre el 16 de abril de 556 y el 4 de marzo de 561, durante una etapa marcada por las consecuencias de la guerra gótica, la reorganización bizantina de Italia y la controversia de los Tres Capítulos. Su pontificado afrontó simultáneamente una profunda crisis política, la desconfianza de numerosos obispos occidentales y la necesidad de reconstruir la administración eclesiástica y civil de Roma.1,2

Pope Pelagius I
Ver información de la imagenPapa Pelagio I. Basílica de San Pablo Extramuros, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Pelagio I
CategoríaPersona
DescripciónPapa entre 556-561, enfrentó la crisis política, doctrinal y la reconstrucción de la administración eclesiástica y civil de Roma
Lugar de NacimientoRoma
Contexto HistóricoTras la guerra gótica, Italia bajo dominio bizantino y la polémica de los Tres Capítulos.
Fin del Pontificado4 de marzo de 561
ImportanciaSu pontificado combinó presión imperial de Justiniano I, la condena de los Tres Capítulos y la reorganización administrativa de la Iglesia y de Roma.
Inicio del Pontificado16 de abril de 556
Lugar de SepulturaBasílica de San Pedro, Roma
TipoPapa

Tabla de contenido

Vida y formación

Pelagio nació en Roma a comienzos del siglo VI, probablemente en una familia acomodada y quizá perteneciente a la aristocracia senatorial. Recibió una formación cultural notable y entró pronto al servicio de la Iglesia.1

En 536 acompañó al papa Agapito I a Constantinopla. Agapito murió inesperadamente durante aquel viaje, y Pelagio permaneció en la capital imperial como apocrisario, es decir, como representante permanente del obispo de Roma ante la corte de Constantinopla. Este cargo le permitió conocer directamente la política religiosa del emperador Justiniano I y las tensiones entre las Iglesias de Oriente y Occidente.1

Durante su estancia en Constantinopla, Pelagio intervino en varias cuestiones doctrinales. Según el testimonio conservado, contribuyó a que Justiniano publicara un decreto contra el origenismo. También adquirió una considerable experiencia diplomática y administrativa, decisiva para su posterior gobierno de la Iglesia romana.1

La controversia de los Tres Capítulos

Origen del conflicto

La controversia de los Tres Capítulos nació de la decisión imperial de condenar los escritos y la memoria de tres autores vinculados a la escuela antioquena: Teodoro de Mopsuestia, ciertos escritos de Teodoreto de Ciro y la carta de Ibas de Edesa. Muchos obispos occidentales temieron que aquella condena comprometiera la autoridad del Concilio de Calcedonia, celebrado en 451, y que pudiera interpretarse como una concesión a quienes rechazaban la doctrina calcedonense sobre Cristo.

Pelagio desempeñó inicialmente un papel destacado junto al papa Vigilio. En un primer momento aconsejó resistir la presión imperial y evitar la condena de los Tres Capítulos, pues consideraba que una aceptación precipitada podía provocar una ruptura generalizada en Occidente. Incluso redactó, durante su encarcelamiento, un tratado en defensa de los autores condenados.1

Cambio de posición

La muerte de Vigilio, ocurrida en Sicilia en 555, abrió el camino al pontificado de Pelagio. Justiniano favoreció su elección, pero condicionó su apoyo a la aceptación de la condena de los Tres Capítulos. Pelagio terminó aprobando esa condena, lo que provocó acusaciones de oportunismo y de traición a su postura anterior.1

La evolución de Pelagio no puede reducirse a una simple sumisión personal al emperador. Su trayectoria estuvo condicionada por la compleja relación entre la autoridad doctrinal del papa, la presión política bizantina y el deseo de preservar la unidad de la Iglesia. Pelagio intentó presentar la condena como compatible con la fe de Calcedonia y sostuvo que las diferencias entre ambos concilios no afectaban a la verdadera doctrina cristológica.3

Su posición respondía también a una interpretación teológica concreta: los escritos condenados podían juzgarse heréticos en determinados aspectos sin que la condena implicara necesariamente el rechazo del Concilio de Calcedonia. Sin embargo, muchos obispos occidentales no aceptaron aquella distinción, porque consideraban que la intervención imperial había quebrantado la autoridad de los concilios y las tradiciones recibidas.

Elección y comienzo del pontificado

Pelagio fue elegido papa en 556, con el respaldo directo de Justiniano I. La forma de su elección agravó las sospechas de numerosos miembros del clero romano y de obispos italianos. A la desconfianza doctrinal se añadió la percepción de que el nuevo pontífice debía su dignidad a una decisión de la corte imperial.1

El nuevo papa heredó una Iglesia profundamente dividida. Parte del episcopado italiano y de otras regiones occidentales rompió la comunión con Roma por causa de los Tres Capítulos. En especial, varias sedes del norte de Italia rechazaron la política de Pelagio y mantuvieron un cisma que perduró durante generaciones.3

Para defender su ortodoxia, Pelagio recurrió a actos públicos de gran fuerza simbólica. En Roma llevó solemnemente los Evangelios y la cruz en procesión ante la basílica de San Pedro y juró su fidelidad a la fe católica. Con este gesto quiso mostrar que su adhesión a la condena de los Tres Capítulos no suponía abandonar la doctrina de Calcedonia.

Italia después de la guerra gótica

La transformación política de la península

La guerra gótica concluyó en 553 con la derrota militar de los ostrogodos. Italia pasó a formar parte del Imperio romano de Oriente y quedó organizada como una provincia bizantina. La administración imperial tenía su centro político en Rávena, donde residía el representante del emperador, mientras Roma afrontaba una situación económica y demográfica muy debilitada.4

La guerra había destruido ciudades, campos de cultivo y redes comerciales. Las poblaciones padecían hambre, desplazamientos y empobrecimiento. La autoridad imperial resultaba todavía frágil, y la reconstrucción política no eliminó las tensiones entre la población romana, los funcionarios bizantinos y los grupos militares asentados en Italia.

Roma pertenecía políticamente al ámbito imperial, pero el papa asumía cada vez más funciones prácticas de protección y administración. La desaparición o debilitamiento de las antiguas instituciones civiles convirtió a la sede romana en un centro de referencia para la población. El papado intervenía en la defensa de los necesitados, en la gestión de recursos y en la resolución de conflictos locales.5,6

La administración de Roma

Pelagio utilizó la llamada Pragmática Sanción de Justiniano, promulgada en 554 para reorganizar los asuntos de Italia después de la guerra. A partir de ese marco jurídico, impulsó medidas destinadas a reparar abusos, ordenar los tribunales eclesiásticos y reorganizar los bienes de la Iglesia.3

El pontífice tuvo que actuar en un espacio político ambiguo. Por una parte, reconocía la autoridad del emperador y necesitaba su apoyo para gobernar una Roma integrada en el Imperio bizantino. Por otra, debía defender la libertad de la Iglesia, preservar la autoridad de la sede apostólica y responder a las necesidades concretas de la población italiana.

Esta relación explica la complejidad de su pontificado. Pelagio no fue simplemente un funcionario religioso de Justiniano, pero tampoco pudo ejercer su ministerio al margen del poder imperial. Su política combinó colaboración, negociación y defensa de la identidad doctrinal y jurídica de la Iglesia romana.

Gobierno eclesiástico

Disciplina del clero

Pelagio dedicó una atención especial a la disciplina eclesiástica. Las guerras y la inestabilidad política habían favorecido abusos, conflictos de jurisdicción y apropiaciones indebidas de bienes. El papa intentó fortalecer los tribunales eclesiásticos y corregir la conducta de los clérigos que aprovechaban el desorden general.

Su correspondencia muestra una concepción exigente de la autoridad episcopal. Pelagio defendía el respeto debido a los obispos y rechazaba que personas indignas o movidas por enemistad pudieran acusarlos sin garantías. También excluía de las acusaciones a quienes carecían de buena reputación o actuaban con intereses manifiestamente hostiles.7

Al mismo tiempo, su defensa de los obispos no pretendía justificar cualquier conducta. La protección de la dignidad episcopal debía coexistir con la administración de justicia, la restitución de bienes y la corrección de abusos. Pelagio insistía en que los asuntos eclesiásticos debían resolverse conforme a normas y procedimientos, no mediante violencia, calumnia o presión política.

Los bienes de la Iglesia

La guerra había afectado gravemente a los patrimonios eclesiásticos, es decir, al conjunto de tierras, rentas y propiedades que sostenían la vida de las diócesis, el culto y la ayuda a los pobres. Pelagio reorganizó su administración y procuró recuperar ingresos que habían quedado interrumpidos.

La documentación de su pontificado muestra una gestión activa de las propiedades de la Iglesia, la reclamación de bienes retenidos por terceros y el establecimiento de mecanismos más ordenados para recibir rentas. Los recursos obtenidos permitieron atender a los necesitados y sostener la actividad pastoral en un periodo de extrema pobreza.3

Pelagio también reunió dinero, ropa y otros bienes destinados a los pobres. Para conseguir ayuda recurrió a comunidades de la Galia y a regiones lejanas, lo que revela la existencia de redes de solidaridad cristiana que superaban las fronteras políticas de la Italia bizantina.3

La correspondencia papal

La correspondencia de Pelagio I constituye una fuente primaria de especial valor para conocer la Iglesia del siglo VI. Aunque la colección no ha llegado íntegra, las cartas conservadas permiten reconstruir aspectos de la disciplina eclesiástica, la administración patrimonial y la relación del papado con obispos, funcionarios y autoridades civiles.

Disciplina eclesiástica

Las cartas reflejan la preocupación del papa por la conducta del clero, la autoridad de los obispos y la correcta tramitación de las acusaciones. Pelagio condenaba las denuncias promovidas por personas infames, sospechosas o movidas por intereses particulares. También defendía que un obispo no debía afrontar un proceso mientras sus bienes y derechos permanecieran injustamente ocupados: primero debía restituirse aquello que le pertenecía y después examinarse la acusación conforme a las normas establecidas.7

La correspondencia ofrece así una imagen concreta del derecho eclesiástico aplicado a situaciones reales. No presenta únicamente principios generales, sino conflictos sobre propiedades, autoridad episcopal, actuación de monjes, intervención de laicos y responsabilidades de los tribunales.

Gestión patrimonial y asistencia social

Las cartas permiten observar cómo el papa supervisaba los patrimonios de la Iglesia, controlaba la llegada de rentas y organizaba la ayuda a las poblaciones afectadas por la guerra. La administración económica aparece vinculada a una finalidad pastoral: sostener a los pobres, proteger a las comunidades y mantener el funcionamiento de las instituciones eclesiásticas.

Esta documentación muestra que el gobierno pontificio del siglo VI no consistía sólo en decisiones doctrinales. El papa debía ocuparse de cosechas, propiedades, ingresos, litigios, desplazamientos y auxilio material. La autoridad de la sede romana adquiría una dimensión administrativa cada vez más visible.

Relaciones con la Iglesia de la Galia

La política de Pelagio encontró una recepción más favorable en la Galia que en varias regiones italianas. El rey franco Childeberto solicitó al papa una profesión de fe, y Pelagio respondió proclamando su concordancia con la doctrina de León Magno. También quiso disipar los rumores que presentaban su pontificado como una ruptura con la tradición romana.3

A petición de Childeberto y de Sapaudo, obispo de Arlés, Pelagio concedió a este último el palio y lo nombró vicario papal para las Iglesias de la Galia. Con esta decisión reforzó la relación entre Roma y la Iglesia gala y contribuyó a impedir que la controversia de los Tres Capítulos provocara allí un cisma semejante al de ciertas regiones italianas.3

El recurso al palio expresaba una relación de comunión y representación con la sede romana. También mostraba la capacidad del papa para ejercer autoridad más allá de los territorios directamente sometidos al gobierno bizantino.

El cisma italiano

La condena de los Tres Capítulos provocó una fuerte resistencia en Italia, especialmente entre obispos que temían que Roma hubiera cedido ante la política religiosa imperial. Paulino, obispo de Aquilea, rompió la comunión con el papa y llegó a excomulgar al general bizantino Narsés, una figura central del poder imperial en la península.3

Pelagio pidió a Narsés que actuara contra los dirigentes del cisma, pero el general no emprendió una intervención decisiva. La resistencia episcopal no desapareció y la división persistió durante mucho tiempo. El conflicto reveló los límites del poder papal cuando una decisión doctrinal quedaba asociada a la presión de un emperador extranjero.

La crisis también puso de manifiesto la diversidad de sensibilidades dentro de la Iglesia latina. Para Pelagio, la unidad exigía aceptar una condena compatible con Calcedonia; para sus adversarios, la misma condena constituía una amenaza a la autoridad del concilio y a la independencia doctrinal de Occidente.

Relación con Justiniano I

La relación entre Pelagio y Justiniano fue estrecha, pero no puede describirse como una obediencia mecánica. Justiniano promovió su elección y vinculó el reconocimiento imperial a la aceptación de la condena de los Tres Capítulos. Esa dependencia política condicionó el pontificado y alimentó la desconfianza de los obispos occidentales.1

Sin embargo, Pelagio conservó un margen propio de actuación. Defendió públicamente su interpretación de la controversia, reivindicó la continuidad con la doctrina de Calcedonia y gobernó la Iglesia romana en cuestiones disciplinarias y patrimoniales que no podían reducirse a las prioridades imperiales.

Justiniano veía la unidad religiosa como un instrumento de cohesión del Imperio. Pelagio, en cambio, debía proteger la comunión eclesial sin permitir que la sede romana perdiera su autoridad doctrinal. Ambos objetivos podían coincidir, pero no eran idénticos. La cooperación entre el papa y el emperador nació de necesidades comunes, aunque estuvo atravesada por tensiones sobre la competencia de cada poder.

Muerte y legado

Pelagio I murió el 4 de marzo de 561, después de casi cinco años de pontificado. Recibió sepultura en la basílica de San Pedro, cerca de la sacristía.3,2

Su legado presenta una doble dimensión. En el ámbito doctrinal, su nombre quedó unido a la controversia de los Tres Capítulos y a la difícil tarea de justificar ante Occidente una decisión adoptada bajo intensa presión imperial. En el ámbito pastoral y administrativo, destacó por la reorganización de los bienes eclesiásticos, la atención a los pobres, la disciplina del clero y el fortalecimiento de la administración romana.

Pelagio I gobernó en un momento en que el papado comenzaba a asumir responsabilidades civiles cada vez mayores. La destrucción provocada por la guerra gótica, la debilidad de las instituciones romanas y la distancia de Constantinopla obligaron al pontífice a actuar como mediador, administrador y protector de la población. Su pontificado refleja, por tanto, la transición de la Antigüedad tardía hacia una forma de autoridad papal más directamente vinculada a la vida social y política de Italia.

Citas y referencias

  1. Pelagio I, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Pelagio I (2015). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Papa #60: Pelagio I, Magisterio AI. Breve Historia de los Papás de la Iglesia Católica, Papa 60 (2024). 2
  3. Papa Pelagio I. Enciclopedia Católica, Papa Pelagio I (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. Ostrogodos. Enciclopedia Católica, Ostrogodos (1913).
  5. B5. La sede romana y la iglesia hispano-visigoda, J. Orlandis. Toletanae illusionis superstitio, 8 (1986).
  6. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913).
  7. Papa Pelagio II. Ad epistolas et decreta appendix (Papa Pelagio II), 1 (590). 2
Modificado el 9 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.81Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/07s4zp2rx

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