La enciclopedia católica en español

Papa Pelagio II

Pelagio II fue papa de la Iglesia católica entre el 26 de noviembre de 579 y el 7 de febrero de 590. De probable origen romano y ascendencia goda, dirigió la Iglesia en una de las etapas más difíciles de la Italia del siglo VI: Roma sufría la presión militar lombarda, el Imperio romano de Oriente carecía de recursos suficientes y persistía el cisma de los Tres Capítulos. Su pontificado combinó la defensa de la comunión eclesial, la negociación diplomática y la atención a las necesidades materiales de la población romana.1

San Lorenzo fuori le Mura - 54018508984
Ver información de la imagenSan Lorenzo fuori le Mura, Roma, Italia, c. 2024. https://www.flickr.com/photos/37979777@N08/54018508984/, bradhostetler, CC BY-SA 2.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Pelagio II
CategoríaPersona
DescripciónPapa de la Iglesia católica entre 579 y 590; enfrentó la presión lombarda, el cisma de los Tres Capítulos y dirigió obras sociales en Roma
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte590-02-07
Lugar de MuerteRoma
NacionalidadRomano
SexoMasculino
Contexto HistóricoItalia del siglo VI, con invasiones lombardas, debilitado Imperio romano de Oriente y conflicto del Cisma de los Tres Capítulos.
Fin del Pontificado7 de febrero de 590
ImportanciaMantuvo la unidad doctrinal, reforzó la disciplina clerical y la liturgia, y gestionó diplomacia para la defensa de Roma.
Inicio del Pontificado26 de noviembre de 579
Lugar de SepulturaBasílica de San Pedro
Personas relacionadas
  • Benedicto I
  • Gregorio I
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y elección

Las noticias sobre el nacimiento de Pelagio II son escasas. Probablemente nació en Roma y pertenecía a una familia de ascendencia goda. El nombre de su padre, Winigild, explica la atribución de ese origen germánico.1

Pelagio sucedió al papa Benedicto I en un momento en que los lombardos mantenían cercada Roma. La situación militar dificultaba las comunicaciones con Constantinopla y también impedía obtener con rapidez la confirmación imperial de la elección pontificia. Por este motivo, Pelagio recibió la consagración aproximadamente cuatro meses después de su elección, el 26 de noviembre de 579.1

La demora refleja la situación jurídica y política de la época. Aunque el obispo de Roma ejercía una autoridad espiritual propia, el papado permanecía integrado en el orden imperial oriental. La confirmación del emperador tenía un peso político considerable, especialmente en una Italia fragmentada y expuesta a invasiones.

Italia en tiempos de Pelagio II

La invasión lombarda

Los lombardos habían penetrado en Italia después de la guerra que había enfrentado al Imperio romano de Oriente con los ostrogodos. Su avance debilitó profundamente la autoridad imperial y dividió la península en territorios con distintos grados de control militar.

Roma quedó en una posición especialmente vulnerable. Las vías de comunicación estaban interrumpidas o bajo dominio lombardo, mientras que las autoridades imperiales no podían garantizar una defensa suficiente. La ciudad dependía de alianzas cambiantes, de la capacidad de negociación de sus dirigentes y de los recursos económicos de la Iglesia.

Pelagio II intentó aliviar la presión lombarda mediante una combinación de diplomacia y ayudas económicas. Los lombardos acabaron alejándose de las proximidades de Roma, en parte por la acción política del papa y, probablemente, por los pagos efectuados con fondos pontificios.1

La búsqueda de ayuda militar

Tras la retirada lombarda, Pelagio envió una embajada a Constantinopla para explicar las circunstancias de su elección y solicitar ayuda para la defensa de Roma. El Imperio romano de Oriente, agotado por las guerras y por sus dificultades económicas, no pudo proporcionar una asistencia suficiente.1

El papa también buscó apoyo entre los francos. Hacia los años 580 o 581 escribió a Aunacario, obispo de Auxerre y personaje influyente ante los reyes francos. Pelagio le pidió que impulsara una intervención franca contra los lombardos y que evitara cualquier alianza entre los francos y los enemigos de Roma.1

Los francos llegaron a intervenir en Italia, pero su compromiso resultó inestable. La presión política y los acuerdos económicos favorecieron su retirada, y la situación de la población italiana empeoró. La política de Pelagio muestra así la dificultad de sostener una defensa duradera mediante alianzas exteriores: Constantinopla tenía recursos limitados y los francos actuaban conforme a sus propios intereses dinásticos y territoriales.

Roma, Rávena y Constantinopla

El significado del exarcado

El emperador Mauricio creó hacia el año 584 el cargo de exarca de Italia, con sede en Rávena. El exarca reunía atribuciones civiles y militares y representaba al emperador en la península. No era simplemente un comandante subordinado al papa, ni una autoridad eclesiástica: constituía el principal delegado del poder imperial en Italia.1

El término exarca tenía varios sentidos en el mundo romano y cristiano. En el ámbito civil designaba al gobernador o virrey de una provincia extensa; en el ámbito eclesiástico podía referirse a un metropolitano con jurisdicción supraprovincial. El exarca de Italia pertenecía al primer ámbito y gobernaba en nombre del emperador desde Rávena.2

La llegada del exarca no resolvió inmediatamente la crisis. El primer titular llevó consigo fuerzas militares insuficientes y no pudo asegurar la defensa efectiva de Roma. Pelagio solicitó ayuda al exarca Decio, pero este respondió que carecía de capacidad para proteger incluso el territorio sometido directamente a su autoridad, y mucho menos la ciudad de Roma.1

Una relación diplomática compleja

Las relaciones entre Roma, Rávena y Constantinopla no respondían a una simple oposición entre el papa y el exarca. Las tres instancias compartían, al menos formalmente, la defensa del orden imperial y de la fe católica, pero perseguían objetivos diferentes:

  • Constantinopla buscaba conservar la soberanía imperial en Italia con recursos militares limitados.
  • Rávena debía coordinar la administración civil y la defensa militar de los territorios imperiales.
  • Roma necesitaba proteger a su población, asegurar el abastecimiento y preservar su libertad de acción pastoral.

Pelagio reconocía la autoridad imperial, pero también actuaba con realismo ante la falta de auxilio. Recurrió a embajadas, pagos, cartas y negociaciones con distintos poderes. La debilidad política del papado no significaba pasividad: obligaba al obispo de Roma a desempeñar funciones diplomáticas y de protección social que normalmente habrían correspondido a una administración civil eficaz.

El cisma de los Tres Capítulos

Origen de la controversia

El cisma de los Tres Capítulos había surgido a raíz de la condena, durante el reinado de Justiniano, de ciertos escritos y autores relacionados con la controversia cristológica posterior al Concilio de Calcedonia. Parte de los obispos de Italia, especialmente en Istria, consideró que aquella condena comprometía la autoridad de Calcedonia y la tradición doctrinal recibida.

La disputa no constituía una negación simple de la fe católica. Los obispos cismáticos afirmaban defender la enseñanza de los concilios anteriores, mientras que Roma sostenía que la condena de los Tres Capítulos podía armonizarse con la doctrina de Calcedonia. La controversia mezclaba cuestiones teológicas, disciplinares y políticas, porque las comunidades italianas valoraban también su autonomía frente a las intervenciones imperiales.

La política de unidad de Pelagio II

Durante una tregua con los lombardos, Pelagio renovó los esfuerzos para restaurar la comunión con los obispos de Istria. Dirigió varias cartas a Elías de Grado y a otros obispos de la región. El papa defendía que la fe de Pedro no podía ser destruida ni modificada y afirmaba que la posición romana coincidía con la fe del Concilio de Calcedonia y de los tres primeros concilios ecuménicos.1

Pelagio exhortó a los cismáticos a recuperar la unidad eclesial y consideró que mantenían la división por cuestiones superfluas. Sin embargo, sus cartas no lograron poner fin a la ruptura, que continuó durante aproximadamente dos siglos.1

El papa contó con la colaboración del diácono Gregorio, futuro Gregorio I Magno. Gregorio había desempeñado funciones de representante pontificio en Constantinopla y actuó también como consejero y secretario de Pelagio. Durante este periodo redactó una extensa carta dirigida a los obispos cismáticos de Istria, pero tampoco consiguió restablecer la unidad.3

La intervención del exarca

La autoridad imperial intentó resolver el conflicto mediante la presión política. El exarca Esmaragdo arrestó a Severo, sucesor de Elías, y lo obligó mediante amenazas a entrar en comunión con Juan de Rávena. Cuando Severo regresó a su sede, rechazó el acuerdo impuesto y el cisma continuó.1

Este episodio muestra los límites de la coerción política en asuntos de comunión eclesial. La intervención del exarca podía forzar un gesto externo, pero no producía una reconciliación estable. Pelagio II optó principalmente por la argumentación doctrinal y la exhortación pastoral, aunque aceptaba el marco imperial que protegía jurídicamente a la Iglesia romana.

Disciplina eclesiástica

Autoridad de los obispos

Pelagio II defendió con firmeza la dignidad de los obispos y reguló las condiciones necesarias para presentar acusaciones contra ellos. Excluyó de tales procesos a personas infames, sospechosas, enemigas del acusado o carentes de una vida y reputación adecuadas. También rechazó las acusaciones formuladas por ladrones, sacrílegos, adúlteros y personas de conducta semejante.4

La norma no pretendía hacer imposible cualquier juicio contra un obispo. Su finalidad consistía en impedir que enemigos personales o personas moralmente indignas utilizaran acusaciones como instrumentos de venganza. Pelagio exigía además que los bienes de una Iglesia fueran restituidos antes de discutir jurídicamente las reclamaciones relacionadas con su obispo.4

Traslado de los obispos

La disciplina de la época limitaba el traslado de un obispo de una sede a otra. La tradición canónica consideraba la estabilidad episcopal una garantía contra la ambición, la competencia entre sedes y la búsqueda de ventajas económicas. Pelagio admitía excepciones cuando existían razones de necesidad o utilidad eclesial, pero rechazaba los cambios motivados por la avaricia o la promoción personal.

Esta concepción aparece vinculada a una visión del episcopado como servicio estable a una comunidad concreta. La autoridad episcopal no debía convertirse en una carrera administrativa, sino permanecer orientada a la enseñanza, la santificación y el gobierno pastoral.

El celibato y la continencia clerical en el siglo VI

La disciplina occidental

Durante el siglo VI, la Iglesia latina todavía ordenaba en ocasiones a hombres casados. La disciplina no identificaba siempre la ordenación con una soltería previa, pero exigía a los ministros sagrados la continencia perfecta después de recibir las órdenes mayores. Numerosos concilios de España y de la Galia insistieron repetidamente en esta obligación.5

La Iglesia occidental también reforzó la elección de candidatos célibes y redujo progresivamente el número de hombres casados que accedían a las órdenes mayores. La experiencia pastoral mostraba las dificultades que podían surgir cuando un clérigo debía conciliar la vida matrimonial anterior con las obligaciones de la continencia sacerdotal.5

La prohibición de convivir con mujeres cuya presencia pudiera poner en peligro la continencia formaba parte de esta disciplina. La norma afectaba especialmente a los clérigos mayores y buscaba evitar tanto las faltas reales como el escándalo público.5

Las medidas de Pelagio II

Pelagio II fue uno de los papas que impulsaron con mayor energía la continencia clerical. En particular, promulgó disposiciones estrictas para los subdiáconos de Sicilia. Su legislación vinculaba el subdiaconado con una obligación estable de continencia, dentro de la tendencia occidental a considerar las órdenes mayores como un compromiso permanente con la castidad perfecta.1

Su política no surgió de una innovación aislada. Formaba parte de un proceso más amplio de consolidación disciplinar en Occidente, en el que la Iglesia procuraba extender una práctica ya presente en diversas regiones y convertirla en una norma coherente para el clero mayor.

La modificación de Gregorio I

El sucesor de Pelagio, Gregorio I Magno, consideró demasiado rigurosas algunas disposiciones relativas a los subdiáconos sicilianos y las modificó parcialmente. La actuación de Gregorio no supuso el abandono de la continencia clerical. Su propia legislación mantuvo la obligación para los subdiáconos, incluidos los que habían estado casados, aunque les permitió elegir entre abstenerse de las relaciones matrimoniales o renunciar al ministerio.1,6

La comparación entre ambos pontificados revela una evolución significativa:

  • Pelagio II aplicó una disciplina más estricta y uniforme, especialmente en Sicilia.
  • Gregorio I conservó el principio de la continencia, pero introdujo una aplicación más prudente ante situaciones concretas.
  • La disciplina latina avanzó hacia una vinculación cada vez más estrecha entre las órdenes mayores y la continencia perfecta, aunque todavía existían clérigos ordenados después de haber contraído matrimonio.

Liturgia y gobierno eclesial

Pelagio II intervino también en cuestiones litúrgicas. A petición de los obispos de Germania y de la Galia, comunicó el orden de nueve prefacios que la Iglesia romana conservaba para la celebración de la misa. La lista incluía formularios para el tiempo pascual, la Ascensión, Pentecostés, Navidad, la Epifanía, los apóstoles, la Trinidad, la cruz y el ayuno cuaresmal.4

La respuesta refleja la importancia que Roma atribuía a la conservación de una tradición litúrgica común. Pelagio no presentó aquellas fórmulas como una creación personal, sino como parte del orden recibido y custodiado por la Iglesia romana. Su intervención favorecía la uniformidad litúrgica entre las Iglesias de Occidente sin eliminar la diversidad legítima de usos locales.

Caridad y obras en Roma

La actividad de Pelagio II incluyó obras de misericordia y atención a los necesitados. Transformó su propia casa en un hospital para los pobres, gesto que expresa una concepción del ministerio pontificio vinculada al cuidado directo de la población. También adornó el sepulcro de san Pedro y reconstruyó la iglesia de San Lorenzo.1

La reconstrucción de San Lorenzo quedó asociada a un mosaico que representa al santo junto a Cristo. La obra, probablemente realizada durante el pontificado de Pelagio, formaba parte de la renovación monumental de las basílicas romanas en una época de pobreza, inseguridad y deterioro urbano.1

Estas iniciativas tenían una dimensión religiosa y social. El culto a los mártires fortalecía la identidad cristiana de Roma, mientras que la asistencia a los pobres respondía a la crisis provocada por las guerras, la inseguridad de los caminos y la debilidad de las instituciones civiles.

Muerte y sucesión

A finales del año 589, Roma sufrió inundaciones extraordinarias del Tíber. Las aguas destruyeron viviendas, campos y edificios, incluidos los graneros eclesiásticos donde la Iglesia almacenaba cereales. Después llegó una epidemia que agravó la mortalidad y paralizó la vida económica de la ciudad.3

Pelagio II murió en Roma el 7 de febrero de 590, víctima de la peste. Recibió sepultura en la basílica de San Pedro.1

El clero y el pueblo romano eligieron como sucesor a Gregorio, abad del monasterio de San Andrés y antiguo colaborador de Pelagio. Gregorio mostró inicialmente una fuerte resistencia a aceptar el pontificado, pero finalmente recibió la consagración el 3 de septiembre de 590.3

Valoración histórica

El pontificado de Pelagio II transcurrió bajo una presión excepcional. Los lombardos reducían el territorio controlado por el Imperio, Constantinopla no podía prestar una ayuda militar suficiente, Rávena defendía sus propias prioridades y los francos actuaban de manera fluctuante. En ese contexto, Roma dependió cada vez más de la capacidad del papa para negociar, administrar recursos y proteger a la población.

Pelagio no rompió con el Imperio romano de Oriente ni reivindicó una soberanía política independiente. Su actuación demuestra, más bien, cómo la insuficiencia de la autoridad imperial obligó al papado a asumir responsabilidades prácticas de defensa, abastecimiento y diplomacia. La complejidad de sus relaciones con Rávena y Constantinopla impide describirlo como un simple adversario del exarca: colaboró con las estructuras imperiales cuando resultaba posible, pero actuó por iniciativa propia cuando la inacción amenazaba la supervivencia de Roma.

En el ámbito eclesial, Pelagio defendió la autoridad romana, la unidad con los obispos de Istria, la dignidad del episcopado, la disciplina de la continencia clerical y una tradición litúrgica común. Sus esfuerzos no resolvieron el cisma de los Tres Capítulos, pero prepararon el marco doctrinal y administrativo en el que Gregorio Magno desarrollaría una acción pontificia de mayor alcance.

Pelagio II pertenece, por tanto, a la generación de papas que mantuvieron la continuidad de la Iglesia romana en medio de la desintegración política de la Italia tardoantigua. Su pontificado muestra la estrecha relación entre defensa de la fe, gobierno pastoral, asistencia social y diplomacia en la Roma del siglo VI.

Citas y referencias

  1. Pelagius II. Enciclopedia Católica, Pelagius II (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16
  2. Exarch. Enciclopedia Católica, Exarch (1913).
  3. Papa San Gregorio I («el Grande»). Enciclopedia Católica, Papa San Gregorio I («el Grande») (1913). 2 3
  4. Papa Pelagius II. Ad epistolas et decreta appendix (Papa Pelagius II), 1 (590). 2 3
  5. A.M. Stickler. El celibato eclesiástico, su historia y sus fundamentos teológicos, 24 (1994). 2 3
  6. A.M. Stickler. El celibato eclesiástico, su historia y sus fundamentos teológicos, 20 (1994).
Modificado el 31 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.84Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/n6v3ff2ch

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →