Roma, el Exarcado de Rávena y el Imperio bizantino
En tiempos de Sergio I, Roma pertenecía formalmente al Imperio bizantino, pero la autoridad imperial en Italia actuaba desde Rávena, residencia del exarca, gobernador que representaba al emperador. La distancia entre ambas ciudades y la presión de los lombardos dieron al papado un papel cada vez más visible en la defensa de la población romana y en la gestión de asuntos que antes dependían más directamente de las autoridades imperiales.,
El equilibrio era delicado. El exarca encarnaba el poder bizantino en Italia, mientras el papa contaba con la autoridad religiosa y con un respaldo local capaz de limitar la acción de los funcionarios imperiales. Las milicias de Roma y de territorios próximos podían intervenir cuando la población entendía que la autonomía de la Iglesia romana estaba en peligro. La relación entre el papado y el exarcado, por tanto, no consistía simplemente en una oposición entre dos gobiernos: combinaba la cooperación frente a amenazas comunes, la dependencia formal del Imperio y una creciente defensa de los intereses propios de Roma.,
La tensión alcanzó su punto más grave durante la controversia del Concilio Quinisexto. En 692, el emperador Justiniano II pidió a Sergio que aceptara sus cánones, aprobados en Constantinopla. El papa rechazó ratificarlos para la Iglesia occidental. El desacuerdo reflejaba diferencias disciplinares y una disputa sobre la pretensión de que las disposiciones conciliares rigieran también en Occidente.,
Justiniano envió a un oficial para conducir a Sergio a Constantinopla. La población romana se movilizó, y contingentes de Rávena y de la Pentápolis acudieron en apoyo del papa. La oposición impidió que el enviado imperial se lo llevara. El episodio mostró que la autoridad del exarca y del emperador encontraba límites en la resistencia de las fuerzas locales cuando estas consideraban amenazada la libertad del pontífice.,,
El Concilio Quinisexto
El Concilio Quinisexto, también llamado in Trullo por la sala abovedada en la que tuvo lugar, promulgó normas disciplinares destinadas a completar las decisiones de los concilios ecuménicos quinto y sexto. Entre sus disposiciones figuraban cuestiones sobre el clero y la disciplina matrimonial, además de reglas que entraban en conflicto con prácticas occidentales. Sergio no aceptó ratificar el conjunto de los cánones para la Iglesia romana.,
La negativa no debe confundirse con un rechazo de toda la tradición cristiana oriental ni con una condena indiferenciada de cada disposición. El conflicto se centró en la autoridad y el alcance de los cánones, así como en su compatibilidad con la disciplina y las costumbres de Occidente. La intervención imperial convirtió la discrepancia eclesiástica en un enfrentamiento político entre el papa y Justiniano II.,