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Papa Severino

Severino fue el papa número 71 de la Iglesia católica y ocupó la sede de Roma durante un pontificado extraordinariamente breve, en el año 640. Su elección tuvo lugar en un momento de fuerte tensión entre el Papado y el Imperio bizantino, agravada por la controversia monotelita. Severino rechazó suscribir la Ecthesis, fórmula imperial que atribuía a Cristo una sola voluntad, aunque su pontificado no llegó a formular una exposición dogmática completa sobre las dos voluntades de Cristo.1

Severinus
Ver información de la imagenPapa Severino. http://cckswong.tripod.com/pope51_100.htm ("Galería de fotos del Papa"), Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Severino
CategoríaPersona
DescripciónPapa número 71 cuyo pontificado breve en 640 se destacó por rechazar la fórmula imperial de una sola voluntad de Cristo
TítuloDoctrina
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte640-08-02
Contextotensión entre el Papado y el Imperio bizantino, controversia monotelita
Duraciónaproximadamente dos meses
Fin del Pontificado2 de agosto de 640
Importancia Históricarechazo de la Ecthesis monotelita, defensa de la autonomía doctrinal del Papado
Inicio del Pontificado640
Personas relacionadas
  • Honorio I
  • Martín I
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y elección

Severino nació en Roma. La documentación conservada sobre su vida anterior al pontificado resulta escasa, pero su elección refleja la continuidad de la tradición romana que confiaba la sede apostólica a un clérigo vinculado a la comunidad local.

El papa Honorio I murió el 12 de octubre de 638, después de trece años de pontificado. En los últimos años de su gobierno había quedado implicado en la controversia cristológica promovida desde Constantinopla. La elección de Severino tuvo lugar tras la muerte de Honorio, aunque la confirmación imperial y la consagración pontificia sufrieron un retraso excepcional.2

La elección papal dependía todavía de la aprobación de las autoridades imperiales. Roma formaba parte del territorio italiano administrado por el Imperio bizantino, y el exarca de Rávena ejercía una autoridad política decisiva sobre la península. Esta dependencia permitía a Constantinopla intervenir en los asuntos romanos y condicionaba la toma de posesión efectiva del pontífice.3

Consagración y muerte

La consagración de Severino tuvo lugar el 28 de mayo de 640, después de más de un año de espera desde su elección. El pontífice murió el 2 de agosto del mismo año, por lo que su gobierno efectivo duró aproximadamente dos meses.1

La brevedad del pontificado impidió que Severino desarrollara un programa amplio de reformas, convocara un concilio o dirigiera personalmente una política eclesial prolongada. Su importancia histórica procede principalmente de su posición ante la Ecthesis y de la resistencia del Papado a la imposición imperial de una fórmula teológica.

Contexto geopolítico del siglo VII

Roma dentro del Imperio bizantino

Durante el siglo VII, Roma pertenecía formalmente al Imperio romano de Oriente, denominado habitualmente Imperio bizantino por la historiografía moderna. Constantinopla constituía la capital imperial y concentraba las principales instituciones políticas y militares. En Italia, el exarca de Rávena representaba al emperador y coordinaba la administración civil y la defensa militar.

La distancia entre Roma y Constantinopla, la debilidad de las comunicaciones y la presión militar de los lombardos otorgaban al Papado una autonomía práctica cada vez mayor. Aunque los papas mantenían una relación de lealtad con el emperador, asumían también funciones civiles: organizaban la ayuda a la población, administraban patrimonios, sostenían hospitales y hospicios, y contribuían al abastecimiento de Roma.3

El Senado romano había perdido su peso político después del año 603. En ese contexto, el papa aparecía ante la población como una de las principales autoridades capaces de proteger a los habitantes frente a abusos administrativos, dificultades económicas y amenazas militares. La posición política del Papado no procedía todavía de una soberanía territorial plenamente independiente, pero su autoridad social y religiosa superaba progresivamente los límites estrictamente eclesiásticos.3

La amenaza lombarda

El dominio bizantino en Italia se encontraba sometido a una presión constante por parte del reino lombardo. Los lombardos controlaban extensas zonas de la península y amenazaban las comunicaciones entre Roma, Rávena y otras regiones sometidas al emperador.

Esta situación obligaba al Papado a mantener un delicado equilibrio. Roma necesitaba la protección militar bizantina, pero las autoridades imperiales no siempre podían garantizarla. Al mismo tiempo, la población romana tendía a defender sus propios intereses locales y a rechazar tanto la dominación lombarda como las intervenciones excesivas de los funcionarios bizantinos. El Papado se convirtió así en el centro de una identidad romana que no coincidía plenamente ni con el proyecto imperial de Constantinopla ni con el poder lombardo.3

El conflicto entre autoridad imperial y autoridad eclesial

Los emperadores bizantinos intervenían con frecuencia en cuestiones religiosas porque consideraban la unidad doctrinal un factor esencial de la estabilidad política. La corte imperial pretendía reconciliar a los grupos cristianos enfrentados en Oriente, especialmente a los monofisitas o a comunidades próximas a sus posiciones teológicas.

El problema surgía cuando la política imperial intentaba imponer una fórmula doctrinal sin el consentimiento de la Iglesia de Roma o de los obispos que defendían la fe de Calcedonia. La controversia monotelita muestra con claridad la tensión entre la búsqueda legítima de la unidad cristiana y el recurso ilegítimo a la autoridad política para cerrar una cuestión dogmática.

La controversia monotelita

Origen de la doctrina

El monotelismo-del griego monos, «uno», y thelēma, «voluntad»- sostenía que Cristo poseía una sola voluntad. La doctrina surgió como parte de un intento de reconciliar a los defensores del Concilio de Calcedonia con cristianos que rechazaban o interpretaban de forma distinta la doctrina calcedonense sobre las dos naturalezas de Cristo.4

El patriarca Sergio de Constantinopla promovió inicialmente una fórmula relacionada: el monoenergismo, que atribuía a Cristo una sola operación o actividad. La fórmula pretendía conservar la afirmación de las dos naturalezas y, al mismo tiempo, evitar una división interna en la acción de Cristo. Sin embargo, sus adversarios consideraban que una única operación podía poner en peligro la integridad de la humanidad de Cristo.4

La cuestión no consistía en afirmar dos sujetos independientes en Cristo. La fe católica reconoce un único sujeto, el Hijo eterno de Dios, que subsiste en dos naturalezas, divina y humana. El debate se centraba en las propiedades que corresponden a cada naturaleza. Si Cristo posee una naturaleza humana completa, también posee una voluntad humana verdadera, junto con la voluntad divina.

La Ecthesis del emperador Heraclio

El emperador Heraclio promulgó en 638 la Ecthesis, una exposición oficial de la fe que intentaba establecer una fórmula de unidad. El documento abandonaba las expresiones sobre una o dos operaciones y proponía la doctrina de una sola voluntad en Cristo.5,4

La Ecthesis tenía una dimensión política evidente. El Imperio había sufrido invasiones persas y, posteriormente, la expansión árabe. Siria, Egipto y otras regiones orientales presentaban profundas divisiones religiosas y políticas. La corte de Constantinopla esperaba que una fórmula de compromiso favoreciera la unidad interna y redujera las tensiones en territorios estratégicos.

La finalidad política no transformaba una afirmación doctrinal problemática en una expresión aceptable de la fe. Para los defensores de la ortodoxia calcedonense, la negación de la voluntad humana de Cristo afectaba directamente a la realidad de la Encarnación.

La posición de Honorio I

El predecesor de Severino, Honorio I, mantuvo una actitud conciliadora durante la primera fase de la controversia. Sus cartas fueron interpretadas posteriormente como favorables a la fórmula monotelita, aunque la cuestión histórica exige distinguir entre la intención de preservar la unidad moral de la acción de Cristo y la afirmación ontológica de una sola voluntad natural.

La tradición católica posterior no considera que la actitud de Honorio constituya una definición dogmática de la Iglesia. El III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, condenó a Honorio junto con otros responsables de la difusión del monotelismo.2,4

La controversia de Honorio ayuda a comprender la posición de Severino. El nuevo papa recibió una situación doctrinal ya comprometida y tuvo que afrontar un documento imperial que presentaba como norma de fe una fórmula rechazada por diversos obispos y teólogos católicos.

Severino y la Ecthesis

La negativa a firmar

Durante el largo periodo transcurrido entre la elección y la consagración de Severino, las autoridades imperiales intentaron obtener su adhesión a la Ecthesis. El exarca Isaac de Rávena exigió que el papa electo aceptara la fórmula monotelita antes de permitir su consagración.

Severino se negó a firmar. Esta negativa constituyó un acto de fidelidad doctrinal y de independencia eclesial frente a la presión política. El pontífice no aceptó que una disposición imperial sustituyera el discernimiento de la Iglesia sobre la fe cristológica.

La resistencia provocó represalias contra los bienes de la Iglesia romana. El exarca Isaac permitió el saqueo de los tesoros acumulados en el Palacio de Letrán. Después de la consagración, Severino ejerció el pontificado durante pocas semanas y murió en agosto de 640.

Una negativa doctrinal, no una definición completa

La conducta de Severino requiere una distinción teológica precisa. El papa rechazó suscribir una fórmula herética, pero las fuentes conservadas no permiten atribuirle una definición dogmática completa y desarrollada sobre las dos voluntades de Cristo.

Negarse a firmar la Ecthesis significaba no aceptar una proposición considerada incompatible con la fe de Calcedonia. Esa negativa tenía gran importancia, pero no equivalía todavía a una formulación positiva del dogma en los términos que utilizaría posteriormente el III Concilio de Constantinopla.

La formulación católica plena afirma que en Cristo existen:

  • dos naturalezas, divina y humana;
  • dos voluntades naturales, divina y humana;
  • un único sujeto personal, el Hijo de Dios;
  • una perfecta armonía entre la voluntad humana y la voluntad divina de Cristo;
  • ausencia de oposición o pecado en la voluntad humana de Jesús.

La voluntad humana de Cristo no actúa contra Dios. Al contrario, permanece siempre unida libremente a la voluntad divina. La doctrina ortodoxa no presenta dos centros personales de decisión, sino dos facultades naturales pertenecientes a las dos naturalezas del único Cristo.

La posición de Severino debe situarse en la fase inicial de la resistencia romana al monotelismo. Su pontificado no resolvió por sí solo la controversia. La oposición doctrinal adquirió una formulación más precisa durante las décadas siguientes y culminó en el III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681.5,4

La resistencia católica posterior

San Máximo el Confesor

San Máximo el Confesor desarrolló una de las argumentaciones más importantes contra el monotelismo. Distinguió entre la voluntad natural, que pertenece a la naturaleza, y la elección deliberada o capacidad de escoger entre posibilidades, que corresponde al sujeto personal.

Según esta distinción, negar una voluntad humana natural en Cristo equivaldría a negar la integridad de su humanidad. Cristo no podía salvar plenamente la naturaleza humana si no la asumía completa. La voluntad humana de Jesús pertenecía a su verdadera humanidad y cooperaba perfectamente con la voluntad divina en la única persona del Verbo.4

La argumentación de Máximo tuvo una importancia decisiva para la teología posterior y proporcionó categorías conceptuales capaces de explicar cómo Cristo podía poseer dos voluntades sin convertirse en dos personas.

El papa Martín I y el Concilio de Letrán

El papa Martín I, elegido en 649, adoptó una postura pública mucho más desarrollada que la que pudo presentar Severino. Convocó el Concilio de Letrán, que condenó el monotelismo y reafirmó la doctrina cristológica católica.6

La reacción imperial fue severa. El emperador Constante II ordenó la detención de Martín, que fue llevado al exilio y murió en condiciones penosas en Quersoneso en 655. Su defensa de la fe le otorgó veneración como mártir.6

La trayectoria de Martín muestra el carácter gradual de la resistencia católica. Severino rechazó la fórmula imperial; Martín articuló una condena eclesial más explícita; y el concilio ecuménico posterior estableció definitivamente la doctrina.

El Typos de Constante II

Después de la muerte de Heraclio, el emperador Constante II promulgó en 648 el Typos. El decreto prohibía discutir públicamente si Cristo tenía una o dos voluntades y si poseía una o dos operaciones.

El Typos pretendía imponer silencio para evitar nuevas divisiones, pero no resolvía la cuestión doctrinal. Prohibir el debate no podía sustituir la verdad sobre la persona de Cristo. La controversia continuó hasta que el III Concilio de Constantinopla definió la doctrina católica.5,4

El III Concilio de Constantinopla

El III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, restableció solemnemente la doctrina ortodoxa sobre las voluntades de Cristo. El concilio afirmó la existencia de una voluntad divina y de una voluntad humana en el único Señor Jesucristo.

La definición conciliar evitó dos errores opuestos:

  1. el nestorianismo, que dividiría a Cristo en dos sujetos;
  2. el monotelismo, que eliminaría la voluntad humana de Cristo.

La doctrina conciliar enseña que las dos voluntades naturales no actúan de manera enfrentada. La voluntad humana sigue y coopera con la voluntad divina, sin quedar absorbida ni anulada. La definición protege simultáneamente la unidad personal de Cristo y la integridad de sus dos naturalezas.5,4

La condena conciliar alcanzó también a quienes habían favorecido o transmitido el monotelismo, entre ellos Honorio I. Este desenlace muestra que la posición de Severino fue un momento temprano dentro de un proceso mucho más amplio que tardaría varias décadas en alcanzar su conclusión dogmática.

Actividad pastoral y gobierno de la Iglesia

La duración del pontificado de Severino no permite atribuirle grandes reformas administrativas o litúrgicas. La documentación vinculada a su gobierno lo presenta principalmente como un pontífice obligado a defender la autoridad doctrinal de la sede romana en un contexto de presión imperial.

El Papado de la época desarrollaba también una intensa actividad social. Los ingresos de sus patrimonios sostenían hospitales, orfanatos, hospicios para peregrinos y otras obras de asistencia. Asimismo, la administración pontificia contribuía al abastecimiento de Roma y al rescate de personas reducidas a esclavitud.3

La administración de estos recursos tenía una dimensión política además de caritativa. Ante la debilidad de las instituciones civiles, el papa y el clero romano asumían responsabilidades que afectaban directamente a la vida cotidiana de la población. La defensa de la libertad de la Iglesia se relacionaba, por tanto, con la capacidad de la comunidad romana para proteger a los pobres y sostener el orden social.

La obra titulada Doctrina

Una colección de sentencias morales aparece atribuida a Severino bajo el título latino Doctrina. El texto contiene exhortaciones sobre el amor a Dios, la búsqueda de la sabiduría, la justicia, la misericordia, el dominio de la lengua, la moderación, la limosna y la reconciliación.

Entre sus máximas figuran la llamada a amar a Dios, tratar a los demás como uno desea ser tratado, evitar la mentira, practicar la justicia y no amar desordenadamente el dinero.7,8

La obra presenta también una marcada preocupación por la vida social y por la responsabilidad hacia los necesitados. Recomienda alimentar a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, vestir a quienes carecen de ropa, acoger al extranjero y ayudar con alegría a las personas indigentes.9,8

Otras sentencias exhortan a no condenar a una persona ausente, juzgar con justicia, evitar la calumnia y reconocer que la confesión del pecado constituye el comienzo de la salvación.10,8

El contenido moral de la colección resulta coherente con ideales cristianos antiguos de justicia, misericordia y disciplina personal. Sin embargo, la brevedad del pontificado y la escasez de noticias biográficas impiden reconstruir con detalle la relación entre este texto y la actividad personal de Severino.

Valoración histórica

Un pontificado breve con significado doctrinal

Severino no dejó una legislación extensa ni una producción teológica comparable a la de otros pontífices del periodo. Su relevancia histórica depende de un acto concreto: la negativa a aceptar una fórmula imperial que atribuía a Cristo una sola voluntad.

Este gesto adquirió importancia porque preservó la libertad del Papado para discernir cuestiones de fe sin someterse a la autoridad política. La actitud de Severino anticipó la resistencia de Martín I y la posterior definición del III Concilio de Constantinopla.

La relación con Honorio I

La sucesión entre Honorio I y Severino permite observar dos respuestas distintas ante la controversia monotelita. Honorio buscó una solución conciliadora y empleó un lenguaje que podía interpretarse en sentido monotelita. Severino, en cambio, se negó a firmar la Ecthesis.

La historia doctrinal posterior no permite reducir la cuestión a una simple oposición entre un papa herético y otro plenamente definidor de la ortodoxia. La actitud de Honorio quedó condenada por el concilio posterior, mientras que Severino destacó por rechazar una fórmula doctrinal concreta. Aun así, el pontificado de Severino no debe presentarse como si hubiera promulgado ya toda la definición cristológica que la Iglesia formularía décadas después.

La autonomía de la sede romana

La controversia puso de manifiesto una transformación política profunda. El Papado seguía necesitando el respaldo militar del Imperio bizantino, pero defendía una autoridad espiritual que no podía quedar subordinada a los intereses de la corte de Constantinopla.

La población romana, la milicia local y las autoridades eclesiásticas fueron adquiriendo una conciencia más clara de la necesidad de proteger la autonomía de la sede apostólica. En décadas posteriores, distintas comunidades italianas llegaron a oponerse a los representantes imperiales cuando estos intentaban imponer posiciones religiosas consideradas contrarias a la fe católica.3

Legado

El legado de Severino puede resumirse en cuatro aspectos:

  • Defensa de la fe recibida: rechazó la suscripción de la Ecthesis monotelita.
  • Resistencia frente a la presión imperial: sostuvo la responsabilidad propia de la Iglesia en materia doctrinal.
  • Continuidad de la tradición romana: mantuvo la orientación calcedonense sobre la plena humanidad de Cristo.
  • Precedente para la definición posterior: su postura formó parte del proceso que culminó en la condena del monotelismo y en la afirmación de las dos voluntades de Cristo.

La Iglesia no resolvió toda la controversia durante el pontificado de Severino. Su papel consistió, ante todo, en no aceptar una fórmula doctrinal que habría comprometido la integridad de la humanidad de Jesucristo. La formulación positiva y solemne de la doctrina llegó décadas después, mediante la reflexión teológica, la resistencia de obispos y confesores, la intervención de los papas y la decisión del III Concilio de Constantinopla.

Severino representa así una etapa inicial de la defensa católica de la doctrina de las dos voluntades de Cristo: no fue el autor de la definición final, pero sí un papa que rechazó colaborar con la imposición de la fórmula monotelita.

Citas y referencias

  1. Papa #71: Severino, Magisterio AI. Breve historia de los papas de la Iglesia Católica, Papa 71 (2024). 2
  2. Papa #70: Honorio I, Magisterio AI. Breve historia de los papas de la Iglesia Católica, Papa 70 (2024). 2
  3. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913). 2 3 4 5 6
  4. Monotelismo, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Monotelismo (2015). 2 3 4 5 6 7 8
  5. El Imperio Bizantino. Enciclopedia Católica, Imperio Bizantino (1913). 2 3 4
  6. Papa #74: San Martín I, Magisterio AI. Breve historia de los papas de la Iglesia Católica, Papa 74 (2024). 2
  7. Papa Severino. Doctrina (Papa Severino), I (640).
  8. Doctrina (Papa Severino), Papa Severino. Doctrina (Papa Severino) (0640). 2 3
  9. Papa Severino. Doctrina (Papa Severino), LXVII (640).
  10. Papa Severino. Doctrina (Papa Severino), LXXIV (640).
Modificado el 24 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.95Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/wr4f0r162

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