Arresto en el cementerio de Pretextato
A comienzos de agosto de 258, las autoridades romanas intensificaron la persecución contra el clero. Sixto II reunió a su comunidad en el cementerio de Pretextato, situado junto a la vía Apia, frente al cementerio de san Calixto. Mientras permanecía sentado en la cátedra y dirigía la palabra a los fieles, un grupo de soldados irrumpió y lo detuvo.
Las fuentes antiguas no permiten determinar con absoluta seguridad si los soldados lo decapitaron inmediatamente en el cementerio o si primero lo trasladaron ante un tribunal y después lo condujeron de nuevo al lugar de la ejecución. La segunda posibilidad parece históricamente más probable.
San Cipriano comunicó el martirio poco después de los hechos. Su testimonio constituye una de las referencias más antiguas y relevantes:
«Habéis de saber que Sixto fue ejecutado en el cementerio el día 6 de agosto, junto con cuatro diáconos».
La noticia de Cipriano también confirma que las autoridades romanas actuaban con especial dureza y confiscaban los bienes de los cristianos condenados.
Los diáconos martirizados con él
Cuatro diáconos fueron apresados y ejecutados junto con Sixto II:
- Januario.
- Vicente.
- Magno.
- Esteban.
Otros dos diáconos, Felicísimo y Agapito, sufrieron el martirio probablemente el mismo día, aunque las tradiciones antiguas difieren en algunos detalles sobre los lugares de ejecución y sepultura.
Los seis diáconos aparecen asociados a la memoria litúrgica de Sixto II. La tradición romana conservó así la imagen del obispo de Roma rodeado por sus ministros, unido a ellos en la confesión de la fe y en la muerte martirial.
Forma de la ejecución
La tradición histórica más sólida sostiene que Sixto II murió por decapitación. Algunas narraciones posteriores afirmaron que murió crucificado, probablemente a causa de una interpretación equivocada de una inscripción damasiana o de una expresión poética. La documentación antigua favorece claramente la ejecución por la espada.
La llamada Pasión de san Sixto, conservada en diversas versiones, carece de valor histórico suficiente para reconstruir los detalles del martirio. Su contenido pertenece al desarrollo hagiográfico posterior y no debe confundirse con el testimonio temprano de san Cipriano.