Tras la muerte de Pablo II, el cónclave eligió a Francesco della Rovere como su sucesor, quien adoptó el nombre de Sixto IV. Su pontificado, que duró trece años, fue un periodo crucial para la Iglesia y los Estados Pontificios.
Cruzada contra los Turcos
Una de las primeras prioridades de Sixto IV fue la organización de una cruzada contra el Imperio Otomano, que representaba una amenaza creciente para Europa. Con este fin, designó legados papales para Francia, España, Alemania, Hungría y Polonia, buscando movilizar el entusiasmo y los recursos de estas naciones. Sin embargo, la cruzada tuvo un éxito limitado, y el logro más notable fue el regreso a Roma de veinticinco prisioneros turcos, que fueron exhibidos triunfalmente por las calles de la ciudad.
Política Eclesiástica y Relaciones Internacionales
Sixto IV mantuvo la política de su predecesor respecto a Francia, criticando al rey Luis XI por su insistencia en que los decretos papales requirieran el consentimiento real antes de ser publicados en su reino. También hizo esfuerzos, al igual que Pablo II, por la reunificación de la Iglesia Rusa con Roma, aunque estas negociaciones no tuvieron éxito. Además, tomó medidas para suprimir abusos en la Inquisición, se opuso vigorosamente a los valdenses y anuló los decretos del Concilio de Constanza.
Nepotismo y Política Italiana
A pesar de sus esfuerzos iniciales en asuntos eclesiásticos, Sixto IV se volcó progresivamente en la política italiana, dominado por una fuerte pasión por el nepotismo. Colmó de riquezas y favores a sus parientes, muchos de los cuales eran considerados indignos. Esta práctica tuvo consecuencias significativas en la política de la península itálica.
Un ejemplo notable de su implicación en las intrigas políticas fue la Conspiración de los Pazzi en 1478,. Este complot, orquestado por su sobrino, el Cardenal Rafael Riario, buscaba derrocar a la familia Medici y establecer a los Riario en Florencia. Sixto IV estaba al tanto de la conspiración, aunque es probable que no de la intención de asesinato. Cuando Florencia se levantó en furia contra los conspiradores y los asesinos de Giuliano de' Medici, el Papa impuso un interdicto sobre la ciudad.
A raíz de estos eventos, Sixto IV se embarcó en una guerra de dos años contra Florencia. Posteriormente, animó a los venecianos a atacar Ferrara, con el objetivo de asegurar este territorio para su sobrino Girolamo Riario. Sin embargo, Ercole d’Este, duque de Ferrara, encontró aliados en casi todos los estados italianos, y Ludovico Sforza, en quien el Papa confiaba, no le brindó el apoyo esperado. Los príncipes aliados finalmente obligaron a Sixto IV a firmar la paz, y se dice que el disgusto por esta situación aceleró su muerte.
El nepotismo de Sixto IV y su involucramiento en guerras y traiciones, así como la promoción de figuras como Pietro y Girolamo a altos cargos eclesiásticos, son considerados manchas en su pontificado. Este periodo marcó un cambio en la importancia de los intereses seculares del papado, que se mantuvieron predominantes hasta la Reforma.
Mecenazgo Artístico y Desarrollo Urbano
A pesar de las controversias políticas, Sixto IV fue un gran patrón de las artes y las letras, dejando un legado cultural duradero,.
La Capilla Sixtina y la Biblioteca Vaticana
Su obra más famosa es la construcción de la Capilla Sixtina, que lleva su nombre y es mundialmente conocida por los frescos de Miguel Ángel y otros artistas,. Fue también el segundo fundador de la Biblioteca Vaticana, un proyecto que revitalizó significativamente este importante centro de conocimiento,. En 1477, encargó al pintor Melozzo da Forlí un fresco que conmemoraba la inauguración de la Biblioteca Vaticana. Esta obra, que se encuentra actualmente en la Pinacoteca Vaticana, muestra al jurisconsulto Platina arrodillado ante el Papa, recibiendo las llaves de la biblioteca, rodeado por cuatro de los sobrinos del Papa, incluyendo al Cardenal Giuliano della Rovere (futuro Julio II).
Mejoras en Roma
Bajo su pontificado, Roma experimentó una transformación significativa. Se esforzó por mejorar las condiciones sanitarias de la ciudad, llevando agua desde el Quirinal hasta la Fuente de Trevi. También inició un ambicioso plan de renovación urbana que, según se dice, solo la muerte le impidió completar. Además, construyó el Puente Sixtino sobre el Tíber.