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Papa Sotero

San Sotero fue el duodécimo obispo de Roma y ejerció el pontificado aproximadamente entre los años 166 y 175, durante el reinado del emperador Marco Aurelio. La Iglesia lo venera como papa y mártir. Su memoria histórica está vinculada especialmente con la ayuda material y espiritual que la Iglesia de Roma prestaba a otras comunidades cristianas, así como con la correspondencia entre Roma y Corinto, un testimonio relevante de la creciente autoridad de la sede romana en el siglo II.

Pope Soterius
Ver información de la imagenRetratos de es:Papa Soter en la es:Basílica de San Pablo Extramuros, Roma. http://www.oremosjuntos.com/Papa/SanSotero.html, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Sotero
CategoríaPersona
DescripciónDuodécimo papa y mártir de la Iglesia de Roma (166-175). Durante su pontificado, Sotero fortaleció la ayuda material y espiritual a otras comunidades cristianas, mantuvo correspondencia con Corinto y reforzó la autoridad emergente de la sede romana en el siglo II
Cargo EclesiásticoObispo de Roma
Contexto HistóricoSiglo II, bajo el reinado de Marco Aurelio, época de expansión cristiana y persecuciones locales.
Fecha de Celebración22 de abril
Fecha de Fin175
Fecha de Inicio166
Importancia EclesialVenerado como santo y mártir, su memoria litúrgica se celebra el 22 de abril.
Importancia HistóricaEjemplo temprano de la primacía romana mediante caridad y comunicaciones con otras iglesias.
LugarRoma, vía Apia
Martirio
Miembro deRoma
Personas relacionadas
  • San Aniceto
  • San Eleuterio
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y pontificado

Sotero sucedió al papa San Aniceto y precedió a San Eleuterio. Las listas antiguas de obispos de Roma lo sitúan dentro de una sucesión continua que parte de los apóstoles y que, en la tradición romana, pasa por Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telésforo, Higinio, Pío y Aniceto antes de llegar a Sotero.1

Ireneo de Lyon ofrece una relación semejante y presenta a Sotero como sucesor de Aniceto y predecesor de Eleuterio. Para Ireneo, esta continuidad episcopal constituía una garantía de la transmisión de la fe apostólica.2

Las fechas exactas del pontificado no resultan completamente uniformes en las fuentes antiguas y en la historiografía moderna. La cronología tradicional suele situarlo entre 166 y 175, mientras que algunas reconstrucciones proponen aproximadamente 166/167-174/175.3,4

Contexto histórico

Sotero dirigió la Iglesia de Roma en la segunda mitad del siglo II, un periodo marcado por tres factores principales:

  • la expansión del cristianismo por las ciudades del Imperio romano;
  • la necesidad de conservar la enseñanza recibida de los apóstoles;
  • la aparición de doctrinas consideradas incompatibles con la fe cristiana, entre ellas diversas corrientes gnósticas y el montanismo.

El reinado de Marco Aurelio no mantuvo una persecución uniforme en todas las regiones, pero distintas comunidades sufrieron episodios de violencia y represión. Eusebio de Cesarea relaciona la muerte de Sotero con una etapa en la que las persecuciones volvieron a intensificarse en ciertos lugares y provocaron numerosos martirios.5

La Iglesia romana desempeñaba ya una función destacada en la vida del cristianismo antiguo. Roma era la capital del Imperio y, además, conservaba la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo, considerados sus fundadores y mártires. Esta combinación de importancia política, cultural y apostólica favoreció el reconocimiento progresivo de la sede romana entre las demás Iglesias.6

La carta de Dionisio de Corinto

El testimonio más importante sobre Sotero procede de una carta de San Dionisio, obispo de Corinto, dirigida a la Iglesia de Roma. Eusebio de Cesarea conservó un fragmento de esta carta en su Historia eclesiástica. El documento constituye una de las fuentes más valiosas para conocer la actividad pastoral de Sotero.

Dionisio elogia la generosidad de la Iglesia romana y afirma que Sotero había continuado e incluso incrementado una antigua costumbre de ayuda a las comunidades cristianas:

«Desde el principio tenéis la costumbre de hacer el bien a todos los hermanos de muchas maneras, enviando ayudas a numerosas Iglesias de cada ciudad y aliviando la pobreza de quienes os las piden».4

La carta también menciona la asistencia prestada a cristianos condenados a trabajar en las minas. En el mundo romano, las condenas a las minas constituían una pena especialmente dura, con condiciones de vida extremas. La ayuda económica y el apoyo moral enviados desde Roma manifestaban una solidaridad que superaba las fronteras de cada comunidad local.4

Dionisio describe a Sotero con una imagen de paternidad pastoral:

«Con palabras bienaventuradas consolaba a los hermanos que acudían a él, como un padre amoroso consuela a sus hijos».4

Esta descripción no permite reconstruir todos los detalles de su gobierno, pero sí ofrece un retrato concreto de su ministerio: Sotero aparece como un obispo atento a las necesidades de otras Iglesias y comprometido con los cristianos perseguidos o empobrecidos.

La lectura litúrgica de la carta romana

La carta de Dionisio contiene otro dato de gran interés. El obispo de Corinto afirma que la comunidad había leído públicamente la carta recibida de Roma durante la celebración del domingo:

«Hoy hemos celebrado el día santo del Señor y hemos leído vuestra carta; continuaremos leyéndola siempre para recibir de ella una exhortación, como también leemos la carta anterior que nos escribió Clemente».4

Este pasaje muestra que la correspondencia entre Iglesias no tenía únicamente un carácter privado o administrativo. Las cartas de Roma podían entrar en la vida litúrgica de otras comunidades y servir como orientación doctrinal y pastoral.

La referencia a la carta de Clemente resulta especialmente significativa. La Primera carta de Clemente a los corintios, redactada a finales del siglo I, todavía se leía en Corinto durante el pontificado de Sotero. La continuidad de esa lectura revela la permanencia de una relación especial entre Roma y Corinto y muestra cómo la autoridad moral de la Iglesia romana se expresaba mediante cartas, exhortaciones y ayuda fraterna.4

La carta que Sotero escribió a los corintios no ha llegado hasta la actualidad. Algunos autores antiguos y modernos intentaron identificarla con la llamada Segunda carta de Clemente, pero esta atribución carece de certeza histórica.4

La correspondencia entre las sedes apostólicas y la consolidación del primado

La correspondencia entre Roma, Corinto y otras Iglesias apostólicas ayuda a comprender cómo comenzó a consolidarse el primado romano. En el siglo II todavía no existía la organización jurídica y administrativa propia del papado medieval o contemporáneo. Sin embargo, ya aparecen formas concretas de reconocimiento de la importancia de Roma.

La comunicación entre Iglesias

Las comunidades cristianas mantenían relaciones mediante cartas, visitas de obispos, delegaciones y consultas doctrinales. La comunicación permitía afrontar conflictos internos, conservar la memoria apostólica y reforzar la comunión entre Iglesias geográficamente alejadas.

El caso de Sotero muestra varios elementos simultáneos:

  • Roma enviaba ayuda económica a otras Iglesias;
  • el obispo romano dirigía cartas de exhortación;
  • una comunidad apostólica como Corinto leía esas cartas en la liturgia;
  • la memoria de anteriores intervenciones romanas, como la carta de Clemente, permanecía viva.

Estos hechos no equivalen todavía a una descripción completa de la doctrina posterior sobre la jurisdicción universal del papa. Sí manifiestan, en cambio, que la sede romana ejercía una autoridad reconocida y un servicio de unidad más allá de su territorio local.

La tradición apostólica de Roma

Ireneo de Lyon, que escribió hacia finales del siglo II, recurrió a la sucesión de los obispos romanos para defender la fe apostólica frente a los grupos gnósticos. Presentó la Iglesia de Roma como una comunidad antigua, fundada por Pedro y Pablo, cuya tradición podía comprobarse mediante la sucesión episcopal.7

Para Ireneo, la importancia de Roma no dependía únicamente de su influencia política. La sede romana custodiaba una tradición vinculada a dos apóstoles decisivos y ofrecía un punto de referencia para las demás Iglesias. El autor afirma que toda Iglesia debía concordar con Roma «a causa de su autoridad preeminente».7

La correspondencia de Sotero encaja en ese proceso de consolidación. Roma no aparece simplemente como una comunidad rica que distribuye recursos, sino como una Iglesia cuya palabra recibía atención, cuya tradición era conocida y cuya intervención contribuía a fortalecer la comunión eclesial.

Primado y servicio de unidad

La comprensión católica del primado romano incluye tanto autoridad como servicio. La sede de Roma posee una responsabilidad particular respecto de la unidad de las Iglesias y de la fidelidad a la herencia apostólica. El diálogo ecuménico contemporáneo describe esta responsabilidad como un servicio especial del obispo de Roma a la unidad y a la continuidad de la tradición apostólica.6

La actuación de Sotero ilustra una dimensión esencial de ese servicio: la preocupación por Iglesias lejanas, la ayuda a los necesitados y la exhortación paternal. La autoridad no aparece separada de la caridad, sino expresada mediante ella.

Sotero y las controversias doctrinales

La segunda mitad del siglo II conoció la expansión de distintas corrientes doctrinales. Entre ellas destacaron el gnosticismo, que presentaba interpretaciones esotéricas sobre la salvación y la relación entre el mundo material y Dios, y el montanismo, movimiento surgido en Frigia que otorgaba un papel central a nuevas profecías y esperaba una intervención inminente del Espíritu.

La documentación conservada no permite atribuir a Sotero tratados doctrinales concretos ni decisiones detalladas contra estas corrientes. La tradición histórica lo relaciona de manera general con la defensa de la enseñanza recibida de los apóstoles y con la preservación de la comunión eclesial.3

Conviene distinguir entre dos niveles de información:

  • Dato histórico bien atestiguado: Sotero ocupó la sede romana y mantuvo relaciones con la Iglesia de Corinto.
  • Reconstrucción general: su pontificado participó en la defensa de la fe católica frente a corrientes doctrinales divergentes.
  • Afirmaciones concretas no demostradas por documentos conservados: decretos específicos, textos doctrinales completos o intervenciones precisas contra cada grupo.

Esta distinción resulta necesaria para evitar que las tradiciones posteriores atribuyan a un papa del siglo II actividades documentadas únicamente en épocas posteriores.

La celebración de la Pascua

Algunas tradiciones atribuyen a Sotero una intervención en la regularización de la celebración anual de la Pascua en domingo. La cuestión pascual ocupó un lugar importante en las relaciones entre las Iglesias de Asia Menor y Roma durante los siglos II y III.

La información conservada sobre Sotero no permite describir con seguridad una legislación pascual detallada promulgada por él. La controversia aparece documentada con mayor claridad en tiempos del papa Víctor I, cuando surgieron fuertes tensiones entre Roma y algunas Iglesias de Asia por la fecha de la Pascua. Por ello, cualquier atribución de una normativa precisa a Sotero debe tratarse con cautela.

Muerte, martirio y veneración

Eusebio afirma que Sotero murió después de aproximadamente ocho años de episcopado y que Eleuterio lo sucedió en la sede romana. El mismo contexto literario relaciona su muerte con una época de persecuciones y martirios.5

La tradición litúrgica romana veneró a Sotero como mártir. El Martirologio romano sitúa su conmemoración en Roma, en la vía Apia, y lo presenta como papa y mártir.8

Sin embargo, las fuentes antiguas no conservan un relato detallado de su arresto, proceso, condena o ejecución. Tampoco existe un acta martirial contemporánea que describa las circunstancias de su muerte. La tradición del martirio posee, por tanto, un fundamento litúrgico y eclesial antiguo, pero no permite reconstruir una narración histórica pormenorizada.

Tradición hagiográfica y datos históricos

Las primeras centurias cristianas transmitieron la memoria de numerosos obispos romanos dentro de un marco de persecución y martirio. Esa memoria contribuyó a la veneración de Sotero, pero las noticias biográficas concretas son escasas.

La investigación histórica puede afirmar con mayor seguridad:

  • su sucesión de Aniceto;
  • su gobierno de la Iglesia de Roma;
  • su relación epistolar con Dionisio de Corinto;
  • su fama de generosidad;
  • su sucesión por Eleuterio;
  • su veneración posterior como mártir.

La investigación histórica no puede precisar con igual seguridad:

  • su lugar y fecha de nacimiento;
  • las circunstancias exactas de su muerte;
  • el tipo de persecución que padeció personalmente;
  • la existencia de decretos escritos sobre la Pascua;
  • el contenido íntegro de sus cartas.

La prudencia ante estos puntos no disminuye su importancia espiritual. Permite distinguir la memoria litúrgica de la reconstrucción biográfica y conservar la autenticidad del testimonio antiguo.

Lugar de Sotero en la sucesión apostólica

Las listas episcopales antiguas sitúan a Sotero como el duodécimo sucesor de los apóstoles en la sede romana, antes de Eleuterio. Eusebio recoge expresamente esta sucesión y presenta a Eleuterio como el duodécimo obispo de Roma desde los apóstoles, contando a Sotero entre sus predecesores.1

Ireneo utiliza la misma sucesión como argumento contra las doctrinas que rompían con la tradición apostólica. La continuidad de los obispos no constituía para él una simple lista cronológica, sino una forma visible de demostrar que la fe recibida de los apóstoles permanecía en la Iglesia.2

Dentro de esa sucesión, Sotero representa una etapa en la que la sede romana ejercía su responsabilidad mediante la caridad, la comunicación entre Iglesias y la defensa de la tradición apostólica.

Fiesta litúrgica

La memoria tradicional de San Sotero se celebra el 22 de abril, junto con la de San Cayo en numerosos martirologios. Algunas tradiciones antiguas asignaron fechas diferentes a ambos santos, pero la conmemoración conjunta quedó ampliamente difundida.4

La liturgia lo presenta como papa y mártir, vinculando su ministerio episcopal con el testimonio supremo de la fe. La tradición romana recuerda también su caridad hacia las Iglesias y hacia los cristianos condenados a trabajos forzados.

Valoración histórica y eclesial

El pontificado de Sotero ocupa un lugar modesto en cuanto a documentación conservada, pero posee una importancia considerable para la historia de la Iglesia antigua. La carta de Dionisio de Corinto ofrece una imagen excepcionalmente concreta de las relaciones entre las comunidades cristianas y de la función desempeñada por Roma.

Sotero aparece como:

  • obispo de una Iglesia apostólica;
  • garante de una tradición recibida;
  • protector de los cristianos perseguidos;
  • benefactor de comunidades necesitadas;
  • servidor de la comunión entre Iglesias;
  • figura venerada por la tradición martirial romana.

Su pontificado ayuda a comprender que el primado romano no surgió únicamente como una institución jurídica desarrollada en épocas posteriores. Durante el siglo II ya existían prácticas de correspondencia, consulta, ayuda y reconocimiento de la sede romana que prepararon la formulación posterior de su responsabilidad respecto de la unidad de la Iglesia.

La figura de San Sotero resume así una característica fundamental del ministerio romano: la autoridad apostólica unida a la caridad pastoral.

Citas y referencias

  1. Catálogo de los obispos de Roma, Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro V. Capítulo 6. 4 (325). 2
  2. Capítulo 3. 3, Ireneo de Lyon. Contra las herejías - Libro III, Capítulo 3. 3. 2
  3. Papa #12: San Soter, Magisterio IA. Breve historia de los papas de la Iglesia Católica, Papa 12 (2024). 2
  4. Cayo y Soter, santos y papas. Enciclopedia Católica, Cayo y Soter, Santos y Papas (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  5. Eusebio de Cesarea. Historia de la Iglesia (Eusebio de Cesarea), Libro V. Introducción. 1 (325). 2
  6. Preguntas teológicas fundamentales - 2.1. Fundamento scriptural - 2.1.5. «textos petrinos» en la tradición patrística, El Dicastério para la Promoción de la Unidad Cristiana. El Obispo de Roma, 45. 2
  7. Capítulo 3. 2, Ireneo de Lyon. Contra las herejías - Libro III, Capítulo 3. 2. 2
  8. B22 de abril, Papa Benedicto XIV. El Martyrologio Romano, 22 de abril (1749).
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.84Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/srjbbx2r6

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