El Papa Urbano I fue elegido obispo de Roma tras el fallecimiento de Calixto I el 14 de octubre del año 222 d.C., y su pontificado duró ocho años, concluyendo con su muerte el 23 de mayo del 230 d.C.1. El Liber Pontificalis indica que Urbano era romano, hijo de un hombre llamado Ponciano1.
Durante su tiempo, la Iglesia romana se encontraba en un período de relativa tranquilidad debido a la política favorable del emperador Alejandro Severo, quien ascendió al trono en el 222 d.C.1,2. Este emperador mostró una inclinación hacia el eclecticismo religioso y protegió a los cristianos, lo que resultó en un ambiente de paz para la comunidad cristiana, a pesar de que su estatus legal no cambió formalmente1. Incluso intervino en una disputa legal sobre la propiedad de un terreno en Roma, fallando a favor de los cristianos para la construcción de una iglesia, afirmando que era mejor que Dios fuera adorado en ese lugar1.
El Cisma de Hipólito
A pesar de la paz externa, la Iglesia romana continuó lidiando con el cisma iniciado por Hipólito, quien mantuvo su postura divisionista durante el pontificado de Urbano I1. Se cree que fue en esta época cuando Hipólito escribió su obra Philosophumena, en la que criticaba duramente al predecesor de Urbano, Calixto I1. Urbano I mantuvo la misma postura que su predecesor frente a la facción cismática y su líder1.

