Uno de los momentos más decisivos del pontificado de Urbano II fue el Concilio de Clermont en noviembre de 1095,,,. En este concilio, convocado en Auvernia (Francia), se reunieron trece arzobispos, doscientos veinticinco obispos y más de noventa abades, junto con una multitud de nobles y caballeros,.
Contexto y Motivaciones
El emperador bizantino Alejo I Comneno había enviado una embajada al Papa solicitando ayuda contra los turcos selyúcidas, quienes representaban una grave amenaza para el Imperio de Constantinopla y habían capturado Jerusalén,,. Urbano II ya había abordado el tema en un sínodo en Piacenza a principios de 1095. En Clermont, el Papa expuso la difícil situación de los cristianos en Tierra Santa, describiendo la profanación de los lugares sagrados, la opresión de los cristianos y la violencia sufrida por mujeres. Hizo un llamado elocuente a la caballería cristiana para que dejara de luchar entre sí y dirigiera sus armas contra los enemigos de la fe,.
El Llamado a las Armas
El discurso de Urbano II en Clermont fue un potente llamado a la acción,. Él instó a los cristianos a recuperar la Tierra Santa del control musulmán, prometiendo una indulgencia plenaria a todos aquellos que emprendieran el viaje pro sola devotione (por pura devoción). La respuesta de la multitud fue abrumadora, con gritos de «Deus lo volt!» (¡Dios lo quiere!),. El Papa nombró a Ademar, obispo de Le Puy, como su legado y líder espiritual de la cruzada.
Durante los siguientes nueve meses, Urbano II viajó por Francia, predicando la cruzada y enviando cartas a obispos y predicadores por toda Europa para fomentar el entusiasmo,. La respuesta fue masiva: «El galés dejó su caza, el escocés su camaradería con los piojos, el danés sus compañeros de bebida, el noruego su pescado crudo. Las tierras fueron abandonadas por sus labradores, las casas por quienes las habitaban; incluso ciudades enteras estaban en movimiento».
Consecuencias de la Cruzada
La Primera Cruzada culminó con la toma de Jerusalén el 15 de julio de 1099, solo dos semanas antes de la muerte de Urbano II, quien no llegó a conocer la noticia,. Si bien la cruzada inicial fue un éxito militar en la toma de Jerusalén, también tuvo aspectos negativos, como masacres de judíos y musulmanes, y la reputación de los cruzados se vio afectada por bandas indisciplinadas que saquearon y asesinaron en su camino.