El principal desafío y la cuestión más significativa durante el pontificado de San Víctor I fue la Controversia de la Pascua,,. Esta disputa se centró en la fecha correcta para la celebración de la festividad pascual.
La Práctica Cuartodecimana
Las diócesis de Asia Menor, siguiendo una tradición antigua, observaban la Pascua el día 14 de Nisán, la fecha en que los judíos sacrificaban el cordero, independientemente del día de la semana en que cayera,,. Esta práctica era conocida como Cuartodecimanismo,. En contraste, la mayoría de las iglesias en el resto del mundo cristiano, siguiendo una tradición apostólica, observaban la Pascua siempre en domingo, el día de la Resurrección de nuestro Salvador, y finalizaban el ayuno pascual en ese día,.
La diversidad en la observancia de la Pascua ya existía desde al menos la época del Papa Sixto (c. 120). San Policarpo de Esmirna, quien mantenía la práctica cuartodecimana siguiendo la tradición que, según él, había recibido de San Juan Apóstol, visitó Roma alrededor del 150 d.C. para discutir esta cuestión con el Papa Aniceto,. A pesar de no llegar a un acuerdo, no se rompió la comunión entre ellos,,.
Intervención del Papa Víctor I
El Papa Víctor I decidió buscar la unidad en la observancia de la Pascua,. Para ello, escribió al obispo Polícrates de Éfeso, instándolo a convocar a los obispos de la provincia de Asia para discutir el asunto. Sin embargo, Polícrates respondió con una carta en la que afirmaba su firme adhesión a la costumbre cuartodecimana, practicada por muchos obispos santos y célebres de su región.
En respuesta, Víctor convocó un sínodo de obispos italianos en Roma, considerado el sínodo romano más antiguo conocido. También escribió a los principales obispos de otras regiones, instándolos a reunir a sus propios obispos para deliberar sobre la cuestión de la Pascua. Las respuestas llegaron de diversos sínodos, incluyendo los de Palestina (presidido por Teófilo de Cesarea y Narciso de Jerusalén), Ponto (presidido por Palmas), las comunidades de la Galia (cuyo obispo era Ireneo de Lyon), y los obispos del Reino de Osroene, así como de obispos individuales como Bacquilo de Corinto. Todas estas cartas reportaron unánimemente que la Pascua se observaba en domingo.
Actuando como cabeza de la cristiandad católica, Víctor I exhortó a los obispos de la provincia de Asia a abandonar su costumbre y adoptar la práctica universal de celebrar la Pascua siempre en domingo. Declaró que, si no lo hacían, serían excluidos de la comunión de la Iglesia,,.
Reacciones y Resolución
Esta medida severa no fue del agrado de todos los obispos. San Ireneo de Lyon y otros escribieron al Papa Víctor, criticando su rigor y urgiéndole a mantener la paz y la unidad con los obispos de Asia, recordándole que sus predecesores, aunque mantenían la observancia dominical de la Pascua, no habían roto relaciones con obispos que seguían otra costumbre,,. Ireneo no cuestionó la autoridad del Papa para ejercer tal poder, sino que le instó a no hacerlo en este caso particular, ya que no era una cuestión de fe.
Aunque no hay información detallada sobre el curso posterior del asunto bajo Víctor I en lo que respecta a los obispos de Asia, se sabe que la práctica romana de observar la Pascua en domingo se universalizó gradualmente a lo largo del siglo III. En Roma, la insistencia de Víctor en la observancia dominical de la Pascua llevó a un cisma menor liderado por un oriental llamado Blastus, que no llegó a tener gran importancia. La decisión final de estandarizar la Pascua en domingo fue ratificada posteriormente en el Primer Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325 d.C.,,,.