Nacido en 1026 o 1027, Desiderio de Benevento provenía de una rama no reinante de los duques lombardos de Benevento1. A pesar de la oposición de sus padres, especialmente después de la muerte de su padre en batalla en 1047, Desiderio sentía una fuerte inclinación hacia la vida monástica1. Huyó de un matrimonio arreglado y, tras un segundo intento, obtuvo permiso para ingresar al monasterio de Santa Sofía en Benevento, donde adoptó el nombre de Desiderio1.
Sin embargo, la vida en Santa Sofía no era lo suficientemente estricta para él, lo que lo llevó a buscar una vida más austera. Se trasladó primero al monasterio insular de Tremite en el Adriático y luego, en 1053, a un grupo de ermitaños en Majella, en los Abruzos1. Durante este tiempo, atrajo la atención de San León IX, quien probablemente lo empleó para negociar la paz con los normandos después de la Batalla de Civitate1.
Poco después, Desiderio se unió a la corte de Víctor II en Florencia, donde conoció a dos monjes de Monte Cassino. En 1055, regresó con ellos a Monte Cassino y se unió a la comunidad1. Rápidamente ascendió, siendo nombrado superior de la casa dependiente en Capua1.
Abad de Monte Cassino
En 1057, Esteban IX (X), quien había conservado el cargo de abad de Monte Cassino, llegó al monasterio. Creyéndose moribundo en Navidad, ordenó a los monjes que eligieran un nuevo abad, y la elección recayó en Desiderio1. Aunque el Papa se recuperó y deseaba retener el cargo de abad durante su vida, nombró a Desiderio como su legado para Constantinopla1. Fue en Bari, a punto de embarcarse hacia Oriente, donde Desiderio recibió la noticia de la muerte del Papa1.
Como abad de Monte Cassino, Desiderio demostró ser un líder excepcional. Su influencia con los normandos fue crucial para la Santa Sede. En 1059, persuadió a Roberto Guiscardo y Ricardo de Capua para que se convirtieran en vasallos de San Pedro por sus territorios recién conquistados1. Gregorio VII, su predecesor, lo convocó para informarse sobre la situación de la Italia normanda y le encargó negociar una entrevista con Roberto Guiscardo en 10731. También actuó como intermediario entre los príncipes normandos en 1074 y 1075, manteniendo buenas relaciones con Monte Cassino incluso cuando los normandos estaban en guerra abierta con el Papa1.
Su reputación con la Santa Sede era tan grande que se le permitió nombrar obispos y abades de entre sus hermanos en iglesias o monasterios que hubieran quedado sin patrono1.

