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Papa Vigilio

Vigilio fue papa desde el año 537 hasta su muerte en 555, durante uno de los periodos más turbulentos de la Iglesia antigua. Su pontificado quedó marcado por una elección condicionada por la intervención bizantina, por la controversia de los Tres Capítulos, por sus difíciles relaciones con el emperador Justiniano I y por el largo cisma que afectó a Aquilea y a amplias regiones del Occidente latino.1,2

Vigilius
Ver información de la imagenPapa Vigilio. http://www.albino-luciani.com/images/059.jpg, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Vigilio
CategoríaPersona
DescripciónElección influida por la intervención bizantina; controversia de los Tres Capítulos; conflicto con el emperador Justiniano I; cisma de Aquilea.
Fecha de Muerte555-06-07
Lugar de MuerteSiracusa, Sicilia
Fin del Pontificado7 de junio de 555
Importancia HistóricaSu pontificado marcó una grave crisis de autoridad papal, la condena y retractación del Judicatum sobre los Tres Capítulos y el prolongado cisma de Aquilea.
Inicio del Pontificado29 de marzo de 537
Lugar de SepulturaCementerio de Priscila, vía Salaria, Roma
Personas relacionadas
  • Silverio
  • Pelagio I
TipoPapa

Tabla de contenido

Vida y formación eclesiástica

Vigilio pertenecía a una familia senatorial romana. Su padre, Juan, recibió el título de cónsul, y su hermano Reparato perteneció también al Senado. Vigilio entró al servicio de la Iglesia de Roma y ya ejercía como diácono en 531.2

El papa Bonifacio II llegó a designarlo sucesor mediante un acto formal presentado al clero romano reunido en la basílica de San Pedro. La iniciativa provocó oposición, porque la designación anticipada de un sucesor pontificio resultaba irregular. Bonifacio II retiró después su decisión y ordenó quemar el documento que la respaldaba.2

El papa Agapito I nombró a Vigilio representante pontificio en Constantinopla. Esa misión le permitió conocer directamente la corte imperial y las disputas cristológicas que dividían al Oriente romano. En la capital bizantina, la emperatriz Teodora intentó atraerlo a su política favorable a los dirigentes monofisitas y, según el relato transmitido por la tradición histórica, le ofreció apoyo para alcanzar la Sede de Roma.2

Elección pontificia en un contexto de violencia

Agapito I murió el 22 de abril de 536. Mientras Vigilio regresaba a Roma, el clero y las autoridades políticas habían elegido papa a Silverio, con el respaldo del rey ostrogodo. Poco después, el general bizantino Belisario ocupó Roma durante la guerra contra los godos.2

En 537, Belisario depuso a Silverio mediante acusaciones que la tradición histórica considera falsas o gravemente injustas. Vigilio, respaldado por la corte de Constantinopla, fue elegido y consagrado papa el 29 de marzo de ese mismo año. La forma de su elevación fue irregular, pues estuvo vinculada a la deposición forzosa de su antecesor y a la presión ejercida por el poder militar bizantino.2,1

La muerte de Silverio permitió que Vigilio quedara como único ocupante de la Sede romana y que el clero de Roma reconociera su pontificado. Este hecho exige distinguir entre la conducta personal del pontífice durante su acceso al cargo y la continuidad institucional de la Sede Apostólica. La irregularidad política de la elección no equivalía a la desaparición de la autoridad de la Iglesia de Roma, aunque sí dañó gravemente el prestigio personal de Vigilio y la percepción de independencia del papado.

Roma, Bizancio y la autoridad pontificia

El marco político del siglo VI

Las relaciones entre el papado y el Imperio bizantino no pueden interpretarse simplemente mediante las categorías modernas de soberanía estatal o de separación entre Iglesia y Estado. En el siglo VI, el emperador ejercía un papel decisivo en la defensa militar del territorio, en la administración civil y en la convocatoria de iniciativas destinadas a preservar la unidad religiosa del Imperio. Al mismo tiempo, la Sede Apostólica reivindicaba una autoridad propia en materia de fe y comunión eclesial.

La intervención imperial no convertía automáticamente al papa en un funcionario del emperador. Sin embargo, la dependencia militar y económica de Roma respecto de Constantinopla podía condicionar de manera extrema la libertad práctica del pontífice. El pontificado de Vigilio muestra precisamente la tensión entre una autoridad apostólica de alcance universal y una situación política en la que el obispo de Roma carecía de medios suficientes para resistir por sí solo a la corte imperial.

Vigilio reconocía la importancia de la autoridad de la Sede Apostólica, pero su pontificado estuvo lleno de vacilaciones, promesas contradictorias, retrasos y cambios de postura. Esa conducta debilitó el prestigio del papado tanto en Oriente como en Occidente.1

La convocatoria a Constantinopla

El emperador Justiniano I publicó un edicto contra los llamados Tres Capítulos y trató de obtener la colaboración de Vigilio para vencer la resistencia de los obispos occidentales. El papa, fiel a la fe de Calcedonia y cercano inicialmente a las posiciones imperiales, quedó atrapado entre dos responsabilidades: mantener la comunión con el emperador y proteger la tradición doctrinal y eclesial de Occidente.1

Justiniano convocó a Vigilio a Constantinopla. El papa abandonó Roma y llegó a la capital imperial, donde permaneció durante años. La prolongada ausencia del pontífice agravó la distancia entre la Sede romana y los obispos occidentales, que veían con desconfianza cualquier condena de autores relacionados, aunque indirectamente, con el Concilio de Calcedonia.

La controversia de los Tres Capítulos

Contenido de la disputa

Los Tres Capítulos comprendían tres objetos relacionados con autores o escritos sospechosos de tendencias próximas al nestorianismo:

  • Determinados escritos de Teodoro de Mopsuestia.
  • Una carta atribuida a Ibas de Edesa.
  • Escritos de Teodoreto de Ciro anteriores a su plena reconciliación con la doctrina de Calcedonia.

La controversia no consistía solo en juzgar el contenido de esos textos. También estaba en juego la autoridad del Concilio de Calcedonia de 451, que había rehabilitado a Ibas y Teodoreto después de su condena del nestorianismo. Muchos obispos occidentales temían que la condena de los Tres Capítulos implicara una crítica indirecta a Calcedonia y al papa san León Magno.3

El problema tenía además una dimensión lingüística. Muchos obispos latinos no dominaban el griego y dependían de traducciones para valorar los textos discutidos. Esa circunstancia dificultó el juicio teológico y favoreció la sospecha de que la condena respondía más a una maniobra política para atraer a los adversarios de Calcedonia que a una verdadera necesidad doctrinal.3

El Judicatum

En 548, Vigilio publicó el Judicatum, documento que condenaba los Tres Capítulos. La decisión provocó una fuerte reacción en Occidente. Ante la oposición de numerosos obispos latinos, el papa retiró temporalmente el documento. La oscilación entre la condena y la retractación mostró la dificultad de Vigilio para formular una solución que respetara simultáneamente la autoridad imperial, la tradición calcedonense y la conciencia doctrinal de las Iglesias occidentales.3,4

Vigilio y Justiniano acordaron convocar un concilio general. El entendimiento incluía el compromiso imperial de no adoptar nuevas medidas hasta la celebración de la asamblea. Justiniano rompió ese compromiso y promulgó otra condena de los Tres Capítulos. El papa respondió con resistencia y buscó refugio primero en la basílica de San Pedro y después en la iglesia de Santa Eufemia de Calcedonia. Desde allí dirigió una encíclica a toda la Iglesia para denunciar el trato recibido.3

El Segundo Concilio de Constantinopla

El Segundo Concilio de Constantinopla, celebrado en 553, es considerado el quinto concilio ecuménico. Vigilio rechazó participar en la asamblea tal como Justiniano la había organizado. Propuso una fórmula más restringida, con la intervención de los patriarcas y de un número reducido de obispos, pero el emperador y el concilio no aceptaron sus condiciones.4

Los actos conciliares recuerdan que Vigilio había condenado inicialmente los Tres Capítulos por escrito, había promulgado el Judicatum y había sancionado a clérigos que defendían la posición contraria. También registran su posterior cambio de postura y su negativa a participar en el concilio imperial en los términos establecidos.4

El concilio condenó los Tres Capítulos y confirmó la doctrina de los cuatro concilios anteriores. Finalmente, Vigilio cedió, confirmó la condena y recuperó la libertad. La documentación histórica presenta su actuación como una combinación de resistencia, negociación, retractación y sometimiento a una presión imperial muy intensa.1,3

La condena no pretendía negar formalmente la doctrina de Calcedonia. Sin embargo, muchos occidentales interpretaron la medida como un ataque indirecto contra la autoridad del concilio y contra la memoria doctrinal del papa León Magno. La disputa terminó reduciendo considerablemente el prestigio de la Sede Apostólica.5

El cisma de Aquilea

Origen del cisma

La aceptación pontificia de la condena de los Tres Capítulos provocó una ruptura con numerosos obispos del norte de Italia. Las iglesias de Liguria, Emilia, Venecia e Istria abandonaron la comunión con Roma bajo el liderazgo de Macedonio de Aquilea. La crisis recibió el nombre de Cisma de los Tres Capítulos, Cisma tricapitolino o Cisma de Aquilea.6,7

La reacción occidental no derivó simplemente de una oposición personal a Vigilio. Los obispos disidentes defendían una concepción de la tradición conciliar según la cual la condena de los Tres Capítulos comprometía la autoridad de Calcedonia. La controversia afectó, por tanto, a la relación entre el papa, los concilios ecuménicos y la recepción de sus decisiones en las Iglesias locales.

División entre Aquilea y Grado

La invasión lombarda del norte de Italia modificó la geografía política de la región. El patriarca de Aquilea huyó a Grado, cerca de Trieste, llevando consigo los bienes de su Iglesia. La división política entre territorios lombardos y territorios bajo control imperial favoreció la formación de dos centros rivales: Aquilea en Grado, vinculada progresivamente a la comunión romana, y la antigua Aquilea, que mantuvo durante más tiempo la ruptura.6

Los papas y los representantes imperiales de Ravena intentaron restablecer la unidad mediante iniciativas diplomáticas y medidas de diversa naturaleza. Aquellos esfuerzos fracasaron durante décadas. En 606 o 607, los obispos dependientes de la autoridad imperial aceptaron la reconciliación con Roma bajo el metropolitano Candidiano de Aquilea en Grado, mientras los obispos situados en territorio lombardo prolongaron el cisma.6

El cisma perdió fuerza gradualmente y terminó formalmente hacia el año 700, cuando un sínodo celebrado en la antigua Aquilea puso fin a la ruptura. La crisis, por tanto, sobrevivió durante mucho tiempo a Vigilio y mostró las consecuencias eclesiales de una decisión adoptada bajo una fuerte presión imperial.6,7

Últimos años y muerte

Después de confirmar la condena de los Tres Capítulos, Vigilio emprendió el regreso hacia Italia. Murió en Siracusa, Sicilia, el 7 de junio de 555, antes de llegar a Roma. Su cuerpo fue trasladado posteriormente a Roma y sepultado en el cementerio de Priscila, junto a la vía Salaria.2,8

El papa Pelagio I heredó la difícil tarea de defender la recepción del concilio en Occidente y de reparar las rupturas provocadas por la controversia. La crisis de Aquilea y la separación de otros obispos occidentales demostraron que una decisión doctrinal respaldada por el emperador no garantizaba por sí misma la aceptación eclesial.

Valoración histórica y eclesial

La figura de Vigilio presenta una complejidad que impide reducirlo a la imagen de un papa simplemente herético o de un pontífice plenamente independiente. Su elección estuvo contaminada por la intervención política y militar de Bizancio; su gobierno estuvo condicionado por la presión de Justiniano; y su conducta personal mostró vacilaciones que dañaron la credibilidad de la Sede Apostólica.1,2

Al mismo tiempo, la controversia de los Tres Capítulos no constituyó una negación formal de la doctrina de Calcedonia. La cuestión afectaba a la condena posterior de determinados escritos y autores cuya relación con el nestorianismo resultaba problemática, pero la medida provocó una crisis porque muchos occidentales la entendieron como una amenaza contra el concilio y contra la tradición doctrinal romana.3,5

La historia de Vigilio permite distinguir entre la debilidad moral o política de un pontífice concreto y la autoridad propia de la Sede Apostólica. La conducta de Vigilio perjudicó gravemente el prestigio del papado, pero la crisis no anuló la continuidad de la Iglesia romana ni su función de referencia doctrinal y de comunión. La larga duración del cisma de Aquilea demuestra, sin embargo, que la autoridad pontificia necesitaba también una recepción efectiva por parte de las Iglesias locales.

El pontificado de Vigilio ocupa así un lugar central en la historia de las relaciones entre Roma, Constantinopla y las Iglesias occidentales. Su legado combina una grave crisis de autoridad, una compleja disputa cristológica y una lección histórica sobre los límites de la intervención imperial en la vida de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Vigilio, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Vigilio (2015). 2 3 4 5 6
  2. Papa Vigilio. Enciclopedia Católica, Papa Vigilio (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Tres capítulos. Enciclopedia Católica, Tres capítulos (1913). 2 3 4 5 6
  4. Segundo Concilio de Constantinopla (d.C. 553) - Sesión I - Extractos de los actos, Documento del Concilio. Segundo Concilio de Constantinopla (d.C. 553), Sesión I - Extractos de los actos (553). 2 3
  5. Tres capítulos, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Tres capítulos (2015). 2
  6. Aquilea. Enciclopedia Católica, Aquilea (1913). 2 3 4
  7. Constantinopla II, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Constantinopla II (2015). 2
  8. Vigilio, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo I, 156 (1857).
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