En la Iglesia de comienzos del siglo V, la administración eclesiástica combinaba la autoridad de la Sede Romana con la responsabilidad ordinaria de los obispos y los sínodos provinciales. Las sedes metropolitanas coordinaban la vida de sus provincias, mientras que Roma recibía consultas y reclamaciones y podía intervenir en asuntos que afectaban a varias comunidades. Esa distribución de responsabilidades ayuda a comprender por qué las decisiones romanas y las prácticas regionales no siempre coincidían.,
Durante el pontificado de Zósimo surgió una disputa sobre el sacerdote Apiario, de Sicca, a quien su obispo había excomulgado por faltas graves. Apiario apeló directamente a Roma, aunque la disciplina africana establecía un procedimiento ordinario de recurso dentro de la propia región. Zósimo aceptó la apelación y envió legados a África para investigar el caso; la decisión provocó un desacuerdo con los obispos africanos acerca del alcance de la intervención romana y del respeto debido a los procedimientos locales.
La controversia sobre los cánones de Nicea y Sárdica
Para justificar la apelación, Zósimo invocó un canon que consideraba niceno. La discrepancia tuvo una explicación documental: en los manuscritos romanos, los cánones del Concilio de Sárdica aparecían junto a los de Nicea, sin un título independiente que los distinguiera; en los ejemplares africanos, en cambio, figuraban los cánones auténticos de Nicea, pero no aquel canon de Sárdica. Por ello, los obispos africanos no reconocieron que la norma alegada por Roma perteneciera al Concilio de Nicea.
El episodio no fue una controversia dogmática equivalente a la pelagiana. Afectaba a la identificación de una norma conciliar y a la disciplina de las apelaciones eclesiásticas. Además, el desacuerdo continuó después de la muerte de Zósimo. El asunto de Apiario volvió a ocupar a sus sucesores y mostró la importancia de precisar tanto la autoridad de los concilios como los procedimientos aplicables en cada provincia.,
La tensión entre Roma y las sedes metropolitanas también aparece en la relación con la Galia. Zósimo concedió al obispo Patroclo de Arlés una posición destacada, con amplias atribuciones en las provincias de Viena y Narbona y como intermediario entre esas regiones y la Sede Romana. Bonifacio I, su sucesor, redujo después esos derechos y defendió las competencias metropolitanas de los principales obispos provinciales. El cambio refleja las disputas administrativas de la época, no una diferencia sobre el dogma de la Iglesia.