El propietario
El propietario representa a Dios, que tiene derecho a esperar fruto de la criatura a la que ha dado vida, cuidados y un lugar en su viña. La imagen no presenta una exigencia arbitraria: la higuera ha recibido condiciones para crecer y, por ello, su esterilidad resulta culpable.
La tradición cristiana ha relacionado también al propietario con Dios Padre. En la interpretación de santo Tomás de Aquino, la viña y la higuera forman parte de una imagen de la historia de la salvación, en la que Dios busca frutos de fe y de justicia en su pueblo.
La higuera
La higuera simboliza, en primer lugar, a quienes reciben la visita y la enseñanza de Dios, pero no corresponden con una vida renovada. San Ambrosio la aplicó a la sinagoga cuando sus maestros mostraban abundantes palabras, pero carecían de obras buenas; otros intérpretes antiguos prefirieron ver en ella una imagen general de la maldad y la infidelidad.
La interpretación cristiana no debe convertir esta imagen en una condena colectiva del pueblo judío. La parábola denuncia la esterilidad espiritual, la hipocresía y la resistencia a la gracia allí donde aparezcan. La advertencia alcanza también a los discípulos de Cristo y a cada comunidad cristiana.
San Teófilo de Antioquía aplicó la figura a cada persona: toda vida humana es como una higuera plantada en la viña de Dios, que puede entenderse como la Iglesia o como el mundo.
Los tres años
Los tres años expresan un periodo suficiente para esperar una respuesta. San Ambrosio los interpretó simbólicamente como diversas visitas de Dios en la historia de la salvación: mediante la alianza, la Ley y la encarnación.
San Gregorio Magno los relacionó con las etapas en las que Dios busca al ser humano: antes de la Ley, bajo la Ley y bajo la gracia. Dios espera, amonesta y visita, pero algunas personas permanecen sin fruto incluso después de recibir la luz de la conciencia, los mandamientos y los signos de la encarnación de Cristo.
Estas interpretaciones no obligan a fijar un único significado cronológico. El número tres comunica sobre todo plenitud de oportunidad: Dios no juzga precipitadamente, sino después de haber ofrecido tiempo y ayuda.
El viñador
El viñador representa a Cristo, según una interpretación atribuida a Teófilo, porque Cristo intercede ante el Padre y ofrece regar la vida humana con su enseñanza y sus sufrimientos.
Otros Padres lo identificaron con los obispos, responsables de cuidar la viña de la Iglesia, o con cualquier santo que intercede por los pecadores. Estas lecturas convergen en una idea: Dios no abandona al pecador sin ayuda. La Iglesia, mediante la predicación, los sacramentos, la corrección fraterna y la oración, coopera con la obra de la gracia.
Cavar y echar abono
El trabajo del viñador representa los medios concretos que Dios utiliza para despertar al ser humano. San Ambrosio vio en la acción de cavar una imagen de la predicación apostólica que remueve la dureza del corazón y descubre la raíz de la sabiduría. El abono simboliza la humildad y la penitencia, realidades poco atractivas exteriormente, pero capaces de hacer fecunda la vida.
La imagen posee una fuerza espiritual particular: la conversión no consiste únicamente en recibir una advertencia, sino en aceptar un trabajo interior. Hay que remover hábitos arraigados, reconocer el pecado, practicar la humildad y permitir que la gracia transforme las decisiones diarias.
Cortar la higuera
La orden de cortar la higuera expresa la seriedad del juicio. La misericordia no elimina la responsabilidad ni convierte el tiempo de la vida en una espera indefinida. San Gregorio Magno advierte que quien no produce obras buenas ocupa inútilmente el lugar que Dios le ha confiado y priva a los demás de los frutos que podría ofrecerles.
La amenaza también posee una función medicinal. La tradición cristiana ha enseñado que Dios anuncia el castigo para llamar al arrepentimiento, como ocurrió con la predicación de Jonás en Nínive. La advertencia busca despertar al pecador antes de que llegue el juicio definitivo.