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Parábola de la higuera que brota

La parábola de la higuera que brota es una enseñanza de Jesucristo sobre el discernimiento de los signos de los tiempos, la cercanía del Reino de Dios y la esperanza ante su venida gloriosa. Aparece en los discursos escatológicos de los Evangelios sinópticos: Mateo 24,32-35, Marcos 13,28-31 y Lucas 21,29-33. La imagen de las ramas tiernas y las hojas nuevas invita a reconocer, como quien reconoce la llegada del verano, que la historia avanza hacia su cumplimiento en Cristo.

CodexGigas 528 Luke
Ver información de la imagenCodex Gigas 528 Lucas, c. 1250. http://www.kb.se/codex-gigas/eng/, monasterio benedictino de Podlažice, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreParábola de la higuera que brota
CategoríaObra
DescripciónEnseñanza de Jesús sobre los signos de los tiempos, la cercanía del Reino de Dios y la esperanza ante su venida gloriosa. El brotar de la higuera indica la llegada del verano, analogía del advenimiento del Reino de Dios
Aplicación MoralVigilancia, conversión, oración y acción solidaria en el presente, sin caer en fatalismo ni especulación de fechas.
AutorJesucristo
Contexto BíblicoMateo 24:32-35; Marcos 13:28-31; Lucas 21:29-33.
Contexto HistóricoDiscursos escatológicos de los Evangelios sinópticos, siglo I d.C.
Enseñanzas PrincipalesReconocer la proximidad del Reino mediante los signos; vivir en vigilancia y oración; no especular fechas, sino mantener esperanza.
InfluenciaUso en la liturgia de Adviento y en la predicación; citada en el Directorio Homilético y en documentos papales.
Interpretación TradicionalPadres como Beda, Juan Crisóstomo, Agustín y Jerónimo vieron la higuera como símbolo de Israel, del Espíritu y de la renovación espiritual.
SimbolismoHiguera = Israel o la sinagoga; ramas tiernas y hojas nuevas = tiempo de gracia; verano = plenitud del Reino y paz.
TemaDiscernimiento de los signos escatológicos y esperanza cristiana.
Texto«Esta generación no pasará hasta que todo esto suceda». «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
TipoParábola, Siglo I

Tabla de contenido

Relato evangélico

Jesús presenta la imagen de una higuera y, en Lucas, también la de los demás árboles. Cuando las ramas se ablandan y brotan las hojas, cualquier persona puede comprender que el verano está cerca. Del mismo modo, cuando los discípulos contemplen los acontecimientos anunciados por Jesús, deberán reconocer que el Reino de Dios está próximo.1,2

El pasaje concluye con dos afirmaciones solemnes:

  • «Esta generación no pasará hasta que todo esto suceda».
  • «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».1,2

La parábola no aparece como un relato independiente, sino como una comparación breve dentro del discurso de Jesús sobre la tribulación, la venida del Hijo del hombre, el juicio y la consumación de la historia.

Presencia en los Evangelios sinópticos

Evangelio según san Mateo

Mateo habla de la higuera: cuando su rama se vuelve tierna y brotan sus hojas, el verano está cerca. Jesús aplica la comparación a los acontecimientos que precederán su manifestación: «sabéis que él está cerca, a la puerta».2

El Evangelio de Mateo vincula esta enseñanza con la venida del Hijo del hombre y con la exhortación a interpretar correctamente los signos. La imagen vegetal ofrece una clave de lectura: los acontecimientos no permiten calcular una fecha exacta, pero sí reconocer que la historia se encamina hacia una intervención decisiva de Dios.

Evangelio según san Marcos

Marcos conserva prácticamente la misma estructura que Mateo. La rama tierna y las hojas nuevas anuncian la proximidad del verano; los signos anunciados por Jesús anuncian la proximidad de su venida.3

La tradición interpretativa recogida por Beda contempla en la higuera una figura de la sinagoga y de Israel: un árbol que durante un tiempo aparece estéril puede volver a dar fruto. Esta lectura relaciona la parábola con la esperanza de la salvación y con la plenitud futura de la obra de Dios.3

Evangelio según san Lucas

Lucas amplía la imagen: «Mirad la higuera y todos los árboles». Cuando todos ellos brotan, el observador reconoce que el verano está cerca. Jesús aplica la comparación al Reino de Dios: «cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios».1,4

La versión lucana se sitúa inmediatamente después de la enseñanza sobre la venida del Hijo del hombre y de la invitación a levantar la cabeza porque la redención está cerca. Por ello, el sentido de la parábola no consiste en alimentar el miedo, sino en orientar la mirada hacia la liberación que trae Cristo.4

Contexto literario y teológico

El discurso escatológico

La parábola forma parte de los discursos de Jesús sobre los últimos acontecimientos. Los Evangelios sinópticos presentan en esos capítulos guerras, tribulaciones, señales cósmicas, persecuciones y la venida gloriosa del Hijo del hombre. Sin embargo, el centro del mensaje no son los fenómenos extraordinarios, sino la persona de Jesucristo, su muerte, su resurrección y su retorno glorioso.5,6

La Comisión Bíblica Pontificia describe este período como el tiempo intermedio entre el cumplimiento realizado por la vida, muerte y resurrección de Jesús y el cumplimiento definitivo de la historia al final de los tiempos. Ese tiempo corresponde a la vida de la Iglesia, llamada a permanecer fiel, anunciar el Evangelio y esperar el retorno del Señor.5

La lógica de los signos

La higuera no produce hojas de manera arbitraria. Sus brotes pertenecen al ritmo visible de la naturaleza y permiten anticipar la llegada del verano. Jesús emplea esa experiencia cotidiana para enseñar que los discípulos deben vivir con atención y discernimiento.

El signo no sustituye a la fe ni permite dominar el futuro. Su función consiste en despertar la vigilancia y orientar al creyente hacia la acción de Dios. San Agustín, en la interpretación transmitida por Tomás de Aquino, relaciona los signos con la cercanía de la venida del Señor, pero recuerda que el conocimiento exacto de los tiempos y momentos no pertenece a los discípulos.7,3

Simbolismo de la higuera

La llegada del verano

El verano representa el tiempo de la madurez, la luz y la plenitud. La primavera anuncia que el invierno termina; de manera semejante, los signos anunciados por Jesús anuncian que la historia se aproxima a su cumplimiento.

La tradición patrística contrapone el invierno de la prueba al verano de la salvación. Juan Crisóstomo interpreta el verano como imagen de la paz y del descanso que esperan los justos después de la tribulación, mientras que Orígenes contempla en el brotar de las ramas una imagen de la vida espiritual despertada por el Espíritu de Cristo.7

La higuera como imagen de Israel

La higuera posee también una dimensión bíblica relacionada con Israel. Algunos Padres vieron en ella una figura de la sinagoga o del pueblo de Israel. Hilario de Poitiers y Beda desarrollaron interpretaciones vinculadas al juicio, a la conversión y a la futura fecundidad espiritual.7,3

Estas interpretaciones pertenecen a la tradición exegética antigua y no reducen el significado de la parábola a una única identificación. La formulación de Lucas, que incluye «todos los árboles», orienta además hacia un horizonte universal: toda la creación y toda la humanidad quedan incorporadas al movimiento de la historia que conduce al Reino.

La humanidad renovada

San Agustín interpretó alegóricamente la higuera como imagen del género humano. La rama tierna representa, en esta lectura, a quienes avanzan por la fe en Cristo hacia los frutos espirituales y hacia la dignidad de hijos de Dios.7

Esta interpretación desplaza la atención desde la mera observación de acontecimientos externos hacia la transformación interior. El verdadero signo de la proximidad del Reino también aparece en la conversión, la fe, la caridad y la maduración espiritual de los creyentes.

«Esta generación no pasará»

La frase sobre «esta generación» ha suscitado diversas interpretaciones en la tradición cristiana. Los Padres recogidos por Tomás de Aquino propusieron varios sentidos:

  • La generación contemporánea de Jesús, que vería el cumplimiento de ciertos anuncios, especialmente los relacionados con Jerusalén.
  • El pueblo judío o la humanidad, cuya continuidad atraviesa la historia.
  • La generación de los creyentes, es decir, la Iglesia, que permanecerá hasta el cumplimiento de las palabras de Cristo.7,4,3

La tradición patrística también distinguió entre acontecimientos próximos, como el juicio sobre Jerusalén, y el cumplimiento definitivo relacionado con la venida gloriosa de Cristo. Esta lectura permite comprender el discurso como una composición profética en la que acontecimientos históricos y realidades últimas aparecen unidos en el horizonte de la venida del Señor.

La frase no autoriza a fijar una fecha para el fin del mundo. El propio sentido de la enseñanza conduce a la vigilancia fiel, no a la especulación cronológica.

«El cielo y la tierra pasarán»

La conclusión de la parábola proclama la permanencia absoluta de la palabra de Cristo. Frente a la fragilidad y transformación de la creación, la palabra del Señor permanece firme y cumple aquello que anuncia.1,2

La exégesis patrística interpretó el paso del cielo y de la tierra como una transformación del orden creado, no necesariamente como una aniquilación absoluta. Jerónimo y Beda hablaron de un cambio en la forma presente del mundo, mientras que la sustancia de la creación permanece bajo la acción de Dios.7,4,3

La afirmación posee un valor cristológico: la palabra de Jesús tiene una estabilidad mayor que cualquier realidad visible. La Iglesia puede atravesar crisis, persecuciones y transformaciones históricas sin perder el fundamento de la promesa evangélica.

Interpretación de los Padres de la Iglesia

San Juan Crisóstomo

Juan Crisóstomo entiende la comparación como una respuesta a quienes preguntan cuándo sucederán los acontecimientos anunciados. El brotar de la higuera no ofrece una fecha matemática, pero sí muestra que el verano llega después de determinados signos. Para él, la imagen expresa la proximidad de la venida de Cristo y el contraste entre el invierno de la prueba y el verano de la paz.7

San Jerónimo

Jerónimo describe el proceso natural de la higuera: los brotes aparecen, la corteza produce hojas y el observador reconoce la llegada de una nueva estación. Aplicada al discurso de Jesús, la imagen enseña a discernir los signos precursores sin confundirlos con el final inmediato.7

San Agustín

Agustín relaciona la parábola con la cercanía progresiva de la venida del Señor. También permite una lectura eclesial: Cristo viene continuamente a su Iglesia y a sus miembros, mientras la historia avanza hacia su consumación definitiva.7,3

San Gregorio Magno

Gregorio Magno interpreta la enseñanza de Lucas como una exhortación a levantar la mente hacia la patria celestial. Las dificultades del mundo no deben hundir al creyente en la desesperación; pueden convertirse en ocasión para renovar la esperanza en la redención.4

Beda el Venerable

Beda relaciona la higuera con la fecundidad espiritual y con la permanencia de la Iglesia. También interpreta la transformación del cielo y de la tierra como un cambio en su condición presente, no como la desaparición de toda realidad creada.3

Significado cristológico

La parábola conduce hacia Cristo como centro de la historia. El signo de la higuera no tiene valor autónomo: anuncia la proximidad del Reino y, con él, la venida del Hijo del hombre. La esperanza cristiana no espera simplemente una época mejor, sino el encuentro definitivo con el Señor resucitado.6

Los discursos escatológicos presentan a Jesús como quien lleva la historia a su plenitud. La Comisión Bíblica Pontificia relaciona la misión histórica de Jesús con el cumplimiento de la historia de Israel y con su retorno glorioso al final de los tiempos.5

Por ello, la parábola contiene una enseñanza sobre el futuro, pero también una revelación sobre la identidad de Jesús. Sus palabras poseen una autoridad que permanece cuando todo lo demás cambia.

La esperanza cristiana

La parábola transforma la espera del final en una actitud de esperanza. Lucas vincula los signos de la historia con la cercanía del Reino; la tradición cristiana relaciona esa cercanía con la redención y con la restauración plena del ser humano.4

La enseñanza de Jesús evita dos extremos:

  • El miedo paralizante, que contempla las crisis sin esperanza.
  • La curiosidad especulativa, que pretende calcular fechas y describir con precisión el momento final.

La esperanza auténtica mantiene la vigilancia, la oración y la fidelidad en el presente. El Directorio Homilético presenta la venida gloriosa de Cristo como un motivo de confianza para quienes pertenecen a él: los discípulos pueden levantar la cabeza porque la redención está cerca, pero deben preparar la vida mediante la conversión, la vigilancia y la oración.8

Aplicación espiritual

Discernir los signos de los tiempos

La imagen de la higuera enseña a leer la realidad con lucidez. El cristiano no ignora las guerras, las injusticias, las crisis sociales ni los sufrimientos humanos, pero tampoco interpreta cada acontecimiento como una prueba concluyente de que conoce el calendario del fin.

El discernimiento cristiano busca descubrir qué respuesta exige cada situación: conversión, solidaridad, perseverancia, defensa de la justicia y anuncio del Evangelio.

Vivir el presente

La espera escatológica no invita a abandonar las responsabilidades cotidianas. La enseñanza de Jesús devuelve al discípulo al presente: la vida actual constituye el tiempo de la fidelidad, del testimonio y de la preparación para el encuentro con el Señor. El mensaje pastoral de la Iglesia ha insistido en que la atención al futuro debe impulsar una vida serena, responsable y confiada en Dios.6

Mantener la esperanza en tiempos difíciles

Juan Pablo II aplicó la imagen de la higuera a las situaciones dramáticas que amenazan la seguridad humana. Las hojas nuevas anuncian la primavera y animan a no rendirse ante las dificultades. La esperanza cristiana reconoce y fomenta todo signo de renovación personal y social, especialmente la justicia y la paz.9

Permanecer vigilantes

La vigilancia evangélica no equivale a ansiedad. Consiste en vivir despiertos ante Dios, con el corazón dispuesto a acoger a Cristo. El Directorio Homilético vincula esta actitud con la oración, la conversión y la superación de la indiferencia espiritual.8

Interpretación escatológica

La parábola posee una doble dimensión:

  1. Una dimensión histórica, porque los discípulos deben reconocer el cumplimiento de determinados anuncios en los acontecimientos de su tiempo.
  2. Una dimensión final, porque la historia todavía espera la manifestación plena del Reino y la venida gloriosa de Cristo.5,6

La tradición cristiana ha relacionado la imagen con la resurrección, el juicio, la renovación de la creación y la paz definitiva. En la lectura patrística, el verano puede representar la condición gloriosa de los justos, mientras que el invierno simboliza la prueba, la muerte y la esterilidad del pecado.7,4

La parábola no permite separar la escatología de la cristología. El final de la historia no constituye un acontecimiento impersonal: culmina en la venida del Señor y en el encuentro con Cristo resucitado.

Recepción en la predicación cristiana

La liturgia y la predicación utilizan esta parábola especialmente en contextos relacionados con el Adviento y con la espera de la venida del Señor. El Directorio Homilético vincula el pasaje lucano con la actitud de confianza ante el día final y con la necesidad de preparar la vida mediante la vigilancia.8

La predicación cristiana contemporánea ha puesto el acento en varios aspectos:

  • La esperanza frente a las catástrofes.
  • La confianza en la palabra permanente de Cristo.
  • La responsabilidad de trabajar por la justicia y la paz.
  • La necesidad de evitar el fatalismo y las predicciones sobre fechas.
  • La espera activa del Señor en la vida cotidiana.6,9

Valor doctrinal

La parábola enseña que:

  • La historia tiene una dirección y un cumplimiento en Dios.
  • Jesucristo volverá con gloria.
  • El Reino de Dios ya actúa en la historia, aunque todavía espera su plenitud.
  • Los creyentes deben discernir los signos sin caer en especulaciones.
  • La tribulación no tiene la última palabra.
  • La palabra de Cristo permanece cuando pasan las realidades creadas.
  • La esperanza cristiana exige vigilancia, conversión y perseverancia.

La imagen de la higuera resume así una visión cristiana del tiempo: la historia no avanza hacia el absurdo, sino hacia el encuentro definitivo con Cristo. El brote anuncia el verano; los signos de la historia llaman a levantar la mirada, permanecer fieles y vivir con esperanza.

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Lucas 21:29-21:33 (1993). 2 3 4
  2. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 24:32-24:35 (1993). 2 3 4
  3. Capítulo 13, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Marcos, 13.6 (1272). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Capítulo 21, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Lucas, 21.7 (1272). 2 3 4 5 6 7
  5. Primera parte, Pontifical Biblical Commission. La inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura, 29 (2014). 2 3 4
  6. Dicasterio de las Causas de los Santos. Francisco de Paula Víctor: Ángelus, 1 (2015). 2 3 4 5
  7. Capítulo 24, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 24.10 (1272). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  8. Parte dos ars praedicandi - III. Los domingos de Adviento - A. El primer domingo de Adviento, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 85 (2014). 2 3
  9. Papa Juan Pablo II. 14 de noviembre de 2000: Misa por los Cardenales y Obispos fallecidos del año 2000 - Homilía, 3 (2000). 2
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