La imagen aparece en los tres Evangelios sinópticos, aunque cada evangelista la sitúa dentro de un contexto literario propio.
En el Evangelio según san Mateo, Jesús declara primero a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo». Después añade que nadie enciende una lámpara para colocarla bajo un celemín, sino sobre el candelero, para que ilumine a todos los que están en la casa. La enseñanza culmina con una exhortación: «Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».1
San Marcos formula la parábola mediante una pregunta: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama, y no para colocarla en el candelero?». A continuación relaciona la lámpara con la manifestación de lo oculto y exhorta a escuchar con atención.2
San Lucas emplea una formulación semejante: nadie enciende una lámpara para esconderla bajo una vasija o debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero, para que quienes entran vean la luz. El pasaje concluye con la llamada a prestar atención a la manera de escuchar.3


