La Parábola de la Oveja Perdida se encuentra en el Evangelio de Lucas, capítulo 15, y es presentada por Jesús como una respuesta directa a las críticas de los fariseos y los escribas1.
El Marco de la Misericordia
El Evangelio de Lucas relata que los publicanos (recaudadores de impuestos) y los pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas, al ver que Jesús «acogía a los pecadores y comía con ellos,» se escandalizaban y murmuraban2,1. La parábola es, por lo tanto, una defensa y una explicación de la conducta de Jesús, cuyo acercamiento a los pecadores no debe ser motivo de escándalo, sino de profunda reflexión sobre cómo se vive la fe2.
En Lucas 15, la parábola de la Oveja Perdida es la primera de tres narraciones consecutivas que ilustran la misericordia de Dios: la Oveja Perdida (vv. 4-7), la Moneda Perdida (vv. 8-10), y el Hijo Pródigo (vv. 11-32)3,1. Este tríptico es fundamental para comprender el concepto de la alegría divina por el arrepentimiento4,5.
El Desarrollo de la Narración
La parábola se centra en un pastor que tiene cien ovejas y pierde una. Jesús plantea una pregunta retórica: «¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada hasta que la encuentra?» (Lc 15:4)2,1.
La Búsqueda Activa: El pastor es el único protagonista activo de la historia2. Su acción es paradójica, pues abandona la mayoría (las noventa y nueve) en el desierto, un lugar de peligro y muerte, para buscar a la única perdida2. Esta acción subraya el valor inmenso de cada individuo ante Dios2.
El Hallazgo y la Alegría: Al encontrarla, el pastor no la castiga ni la regaña, sino que la pone sobre sus hombros, regocijándose2,6.
La Celebración Comunitaria: Al llegar a casa, llama a sus amigos y vecinos para compartir su alegría: «Alégrense conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido» (Lc 15:6)6,1.
La Conclusión Teológica: Jesús concluye la parábola con una enseñanza explícita: «Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento» (Lc 15:7)4,1.

