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Parábola de los dos hijos

La parábola de los dos hijos es una enseñanza de Jesucristo recogida en el Evangelio según san Mateo (Mt 21,28-32). Presenta a un padre que envía a sus hijos a trabajar en la viña: uno rechaza inicialmente la orden, pero después cumple la voluntad paterna; el otro responde afirmativamente, aunque finalmente no actúa. La parábola enseña que la obediencia auténtica a Dios se manifiesta en las obras y que la conversión puede transformar una respuesta inicial de rechazo.

Parable of the Two Sons
Ver información de la imagenParábola de los dos hijos. 2012. Lienzo, óleo. 70 x 100. Artista A.N. Mironov, c. 2013. Original, Andrei Mironov, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreParábola de los dos hijos
CategoríaObra
DescripciónEnseñanza de Jesús sobre la obediencia real versus la promesa vacía, resaltando la conversión. Jesús narra la historia de un padre que envía a sus hijos a trabajar en la viña; el primero rechaza pero luego obedece, mientras el segundo acepta con palabras pero no actúa. La parábola ilustra que la verdadera voluntad de Dios se cumple en obras, no sólo en declaraciones. El padre representa a Dios; la viña simboliza la misión divina; los hijos representan respuestas humanas a la llamada de Dios
ReferenciasMateo 21:28-32
AutorJesucristo
ContextoSe pronuncia después de la purificación del templo y del cuestionamiento de la autoridad de Jesús por parte de los sumos sacerdotes y ancianos.
Contexto BíblicoMateo 21:28-32
Contexto HistóricoActividad de Jesús en Jerusalén, antes de su pasión, en el siglo I.
EnseñanzasLa obediencia auténtica se muestra en acciones; la conversión puede transformar una negativa inicial; las palabras sin obras son insuficientes; la misericordia favorece al pecador arrepentido.
Interpretación TradicionalIdentificación de los hijos con judíos y gentiles, o con pecadores convertidos versus justos aparentes; también se ha visto como símbolo de clérigos y laicos.
Personas RelacionadasJuan Pablo II, Benedicto XVI, Tomás de Aquino, San Juan Crisóstomo
TemaObediencia, conversión, autenticidad de la fe
Texto«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: ‘Hijo, ve hoy a trabajar en la viña’. Él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él respondió: ‘Voy, señor’, pero no fue.»
TipoParábola

Tabla de contenido

Texto evangélico

Jesús narra la parábola después de que los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo cuestionaran la autoridad con la que actuaba. El Señor les plantea una pregunta que les obliga a emitir un juicio moral:

«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo la voluntad de su padre?».1,2,3,4

Los interlocutores responden que el primer hijo cumplió la voluntad del padre. Entonces Jesús aplica la parábola a la actitud de sus oyentes:

«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».4,5

Contexto literario y evangélico

La parábola aparece en el capítulo 21 de san Mateo, durante la actividad de Jesús en Jerusalén. El episodio sigue a la entrada mesiánica en la ciudad y a la purificación del templo. Las autoridades religiosas preguntan a Jesús con qué autoridad realiza sus obras. Él les responde preguntándoles por el origen del bautismo de Juan: si procede del cielo o de los hombres.

Los interlocutores evitan una respuesta clara porque temen las consecuencias de cualquiera de las dos opciones. Si reconocen un origen divino, quedan obligados a aceptar la autoridad de Juan; si lo niegan, temen la reacción del pueblo. Después de esa respuesta evasiva, Jesús formula la parábola de los dos hijos. La narración, por tanto, no constituye una enseñanza aislada: denuncia una actitud religiosa que pronuncia palabras correctas, pero evita la conversión y la obediencia.

El contexto explica también la dureza de la conclusión. Jesús no condena a una categoría social por su pasado, sino la falta de arrepentimiento ante la llamada de Dios. Los pecadores que acogieron la predicación de Juan modificaron su conducta; en cambio, quienes se consideraban fieles no aceptaron el testimonio que tenían delante.

Estructura de la parábola

La orden del padre

El padre manda a sus hijos trabajar en la viña. La viña representa el ámbito de la tarea confiada por Dios y, en la interpretación cristiana, la misión de vivir según su voluntad. La orden contiene dos rasgos significativos: exige una respuesta concreta y reclama una actuación inmediata, «hoy».

La llamada divina no queda reducida a una opinión religiosa ni a una declaración verbal. El padre espera que sus hijos colaboren realmente en su obra. La imagen de la viña evoca un trabajo que requiere esfuerzo, perseverancia y responsabilidad.

La negativa del primer hijo

El primer hijo responde: «No quiero». Su contestación expresa una resistencia real. No ofrece una fórmula respetuosa ni intenta ocultar su voluntad. La negativa, sin embargo, no constituye la última palabra de su historia. Después cambia de actitud y va a trabajar.

El verbo relacionado con el arrepentimiento manifiesta una transformación interior que desemboca en una decisión práctica. El hijo no se limita a lamentar su reacción inicial: modifica su conducta. Por eso acaba cumpliendo la voluntad del padre.

La promesa incumplida del segundo hijo

El segundo hijo responde: «Voy, señor». Sus palabras muestran respeto y disponibilidad, pero la narración revela que no cumple lo prometido. Su «sí» permanece en el plano verbal.

La parábola contrapone así la obediencia efectiva y la conformidad aparente. El segundo hijo posee un lenguaje correcto, pero sus actos contradicen sus palabras. Jesús invita a discernir la autenticidad de la relación con Dios a partir de la conducta, no únicamente de las declaraciones religiosas.

El juicio de los oyentes

Jesús pregunta cuál de los dos hizo la voluntad del padre. La respuesta de los oyentes resulta evidente: el primero. De este modo, quienes escuchan pronuncian un juicio que después recae sobre su propia actitud. Reconocen el principio moral de la parábola, pero no aceptan sus consecuencias personales.

La estrategia de Jesús recuerda otras escenas bíblicas en las que una persona debe juzgar un caso aparentemente ajeno y descubre que el juicio afecta a su propia vida. La parábola conduce a los oyentes desde una valoración abstracta hasta una confrontación con su falta de fe.

Interpretación teológica

Las obras como expresión de la fe

La parábola no enseña que las obras humanas puedan sustituir la gracia de Dios ni que la salvación dependa de una simple actividad exterior. Enseña que la fe auténtica produce una respuesta concreta. Quien escucha la voluntad divina debe traducirla en decisiones y acciones.

La predicación de Jesús no acepta una religiosidad reducida a palabras, títulos o pertenencia externa. La relación con Dios exige obediencia, conversión y perseverancia. Juan Pablo II resumió esta exigencia al afirmar que el padre «no está satisfecho con las palabras; quiere un compromiso efectivo» y que cada persona recibe la llamada a trabajar activamente en la viña del Señor.6

La conversión

El primer hijo representa la posibilidad de cambiar. Su rechazo inicial no determina definitivamente su destino. La conversión transforma una respuesta equivocada en obediencia. Esta dimensión ofrece una enseñanza central de la parábola: Dios mira también la respuesta final de la persona, no sólo su primer impulso.

La conversión cristiana no consiste únicamente en experimentar remordimiento. Implica orientar de nuevo la vida hacia Dios. El hijo arrepentido demuestra su cambio mediante el trabajo en la viña.

El peligro de la autosuficiencia religiosa

El segundo hijo representa a quienes hablan como creyentes, pero no dejan que la voluntad de Dios transforme su conducta. La parábola denuncia la distancia entre la profesión religiosa y la vida cotidiana.

Benedicto XVI aplicó esta enseñanza a los creyentes cuya práctica religiosa puede convertirse en rutina si la fe no alcanza el corazón. La pertenencia a la Iglesia, la participación externa y el desempeño de tareas eclesiales necesitan una relación viva con Dios y un corazón abierto a la conversión.7

Publicanos y prostitutas

En el lenguaje del Evangelio, los publicanos eran considerados pecadores públicos por su relación con la recaudación de impuestos y por la sospecha de abuso y colaboración con el poder extranjero. Las prostitutas ocupaban igualmente el último lugar en la valoración moral y social de la época.

Jesús no presenta sus pecados como indiferentes. Afirma que «creyeron» a Juan y que respondieron a su llamada. El motivo de su precedencia no es su conducta anterior, sino su arrepentimiento y su acogida de la voluntad de Dios. La parábola proclama así la posibilidad real de la misericordia y denuncia la presunción de quienes rechazan la conversión porque consideran que ya poseen una posición religiosa segura.

Principales interpretaciones tradicionales

La interpretación de judíos y gentiles

Algunos Padres de la Iglesia identificaron a los dos hijos con los pueblos judío y gentil. Según esta lectura, los gentiles, que no habían recibido inicialmente la Ley de Moisés, acabaron acogiendo a Cristo; mientras que muchos miembros del pueblo elegido, pese a haber recibido la promesa y la Ley, rechazaron al Mesías.

San Juan Crisóstomo relacionó la parábola con la diferencia entre quienes no habían asumido inicialmente la obediencia de la Ley, pero la manifestaron mediante sus obras, y quienes habían prometido obedecer, aunque después desobedecieron.8

Esta interpretación aparece también en la tradición recogida por santo Tomás de Aquino, que considera posible entender al padre como Dios y a los dos hijos como dos pueblos.9

La lectura exige, sin embargo, prudencia. La enseñanza no autoriza el desprecio del pueblo judío ni presenta la historia de la salvación como una simple sustitución humana. El centro del relato es la respuesta a la llamada de Dios: cualquier pueblo o persona puede acogerla o rechazarla.

La interpretación de justos aparentes y pecadores convertidos

Otra interpretación identifica a los dos hijos con dos clases de personas dentro del pueblo de Dios. El primero representa a los pecadores que inicialmente viven alejados de Dios, pero después se arrepienten. El segundo representa a quienes profesan obediencia y justicia, aunque no cumplen realmente la voluntad divina.

Esta lectura encaja directamente con la aplicación que Jesús hace a los sumos sacerdotes y ancianos. La cuestión decisiva no consiste en la reputación inicial, sino en la conversión efectiva. La tradición exegética ha relacionado también esta interpretación con la respuesta de los pecadores a la predicación de Juan Bautista y con la resistencia de quienes rechazaron su bautismo de penitencia.10

La interpretación eclesial

Santo Tomás de Aquino recogió, además, otras posibilidades simbólicas, entre ellas la distinción entre clérigos y laicos. Esta aplicación no constituye el núcleo necesario de la parábola, pero recuerda que nadie dentro de la Iglesia queda exento de examinar la coherencia entre su vocación, sus palabras y sus actos.9

La responsabilidad cristiana no depende exclusivamente del estado de vida. Todos los bautizados están llamados a responder a Dios con la vida concreta, el servicio y la caridad.

La figura de Juan Bautista

La conclusión de la parábola remite expresamente a Juan Bautista. Juan predicó «el camino de la justicia» y llamó a la conversión. Su misión preparó la llegada de Cristo y manifestó que la entrada en el Reino requiere un cambio de vida.

Los publicanos y las prostitutas acogieron su predicación, mientras que los dirigentes religiosos no modificaron su conducta ni aceptaron el testimonio que Juan ofrecía. La parábola presenta así a Juan como testigo de una justicia que no se reduce al cumplimiento exterior, sino que nace de la conversión y conduce a Cristo.

La tradición cristiana ha entendido que Juan señaló al Mesías y que su predicación alcanzaba su plenitud en Jesús, cumplimiento de la Ley y centro de la historia de la salvación.10

«Un tercer hijo»: interpretación cristológica

Aunque la parábola habla de dos hijos, la reflexión cristiana ha contemplado la figura de un tercero: Jesucristo. Benedicto XVI explicó que el primer hijo dice «no», pero finalmente actúa; el segundo dice «sí», pero no cumple; Cristo, en cambio, pronuncia un «sí» perfecto al Padre y lo realiza hasta la muerte en cruz.7

Esta lectura relaciona la parábola con la obediencia filial de Jesús. Cristo no sólo enseña cuál es la voluntad del Padre: la cumple plenamente. Su obediencia constituye el modelo de toda respuesta cristiana. La vida del discípulo participa de esa obediencia cuando une la fe, la caridad y las obras.

El «tercer hijo» no modifica el sentido narrativo original, sino que ofrece una lectura cristológica: Jesús es aquel que realiza de manera perfecta lo que los dos hijos representan de forma incompleta y contradictoria.

Enseñanzas espirituales

Dios llama a trabajar en su viña

La viña simboliza la tarea confiada por Dios a su pueblo y, por extensión, la misión de cada cristiano. La llamada abarca la oración, la vida moral, el servicio al prójimo, la evangelización y la responsabilidad dentro de la comunidad.

La expresión «hoy» recuerda que la respuesta no puede aplazarse indefinidamente. Cada momento ofrece una posibilidad de obediencia, reparación y servicio.

Una mala respuesta inicial no es definitiva

La negativa del primer hijo contiene una palabra de esperanza. Una persona puede haber rechazado a Dios, vivido en pecado o actuado con indiferencia y, sin embargo, abrirse posteriormente a la gracia. La conversión transforma la existencia.

La Iglesia proclama esta posibilidad sin justificar el pecado. El arrepentimiento no consiste en declarar bueno lo que estaba mal, sino en abandonar el camino equivocado y comenzar una vida nueva.

Las palabras necesitan obras

La parábola invita a examinar la coherencia personal. La profesión de fe, la práctica sacramental y la pertenencia eclesial alcanzan su verdad cuando generan amor a Dios y al prójimo. Las palabras religiosas pierden credibilidad cuando no van acompañadas de justicia, misericordia y servicio.

La pregunta de Jesús sigue teniendo carácter personal: ¿qué hijo representa hoy mi respuesta a Dios? La cuestión no busca clasificar definitivamente a las personas, sino provocar una conversión sincera.

La humildad ante la misericordia

La precedencia de los pecadores arrepentidos escandaliza a quienes confían en sus propios méritos. Jesús enseña que la misericordia no se concede como premio a una apariencia de perfección. Quien reconoce su pecado puede acoger la gracia; quien niega su necesidad de conversión puede cerrar el corazón.

La humildad cristiana acepta que Dios llama, perdona y transforma a personas consideradas indignas por los criterios humanos.

Recepción en la tradición cristiana

Los Padres y comentaristas antiguos emplearon la parábola para denunciar la hipocresía religiosa y defender la eficacia de la conversión. La Catena Aurea, recopilada por santo Tomás de Aquino, reúne interpretaciones atribuidas a san Jerónimo, san Juan Crisóstomo, Orígenes y otros autores. Estas interpretaciones presentan diversas identificaciones de los dos hijos, pero coinciden en la primacía de la obediencia efectiva sobre la promesa vacía.10

La tradición posterior ha aplicado el relato a la vida de los creyentes, a la misión de la Iglesia y a la necesidad de una renovación interior. La parábola conserva así una doble función: denuncia la resistencia de quienes rechazan la llamada de Dios y ofrece esperanza a quienes desean volver a Él.

Vigencia de la parábola

La parábola de los dos hijos conserva una actualidad directa. Puede aplicarse a quien promete mucho y actúa poco, a quien mantiene una apariencia religiosa sin conversión interior o a quien, después de una etapa de alejamiento, decide comenzar de nuevo.

También interpela a las comunidades cristianas. Una Iglesia fiel al Evangelio no mide la cercanía a Dios únicamente por la reputación, el lenguaje religioso o la posición social. Acoge a los pecadores que se convierten, anuncia la misericordia y exige una vida transformada por la verdad y la caridad.

La enseñanza fundamental queda expresada en una oposición sencilla: no basta con decir «sí» a Dios; hay que cumplir su voluntad. Pero la parábola añade una segunda verdad igualmente decisiva: un «no» inicial puede convertirse en un «sí» mediante el arrepentimiento y las obras.

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 21:28 (1993).
  2. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 21:29 (1993).
  3. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 21:30 (1993).
  4. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 21:31 (1993). 2
  5. La Santa Biblia, Versión Nueva Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 21:32 (1993).
  6. Misa de Adviento para los estudiantes de las universidades estatales romanas, Papa Juan Pablo II. 16 de diciembre de 1997, Misa para profesores y estudiantes universitarios en preparación de la Navidad, 3 (1997).
  7. Misa solemne celebrada en el aeropuerto turístico de Freiburg im Breisgau, Papa Benedicto XVI. 25 de septiembre de 2011: Misa solemne celebrada en el aeropuerto turístico de Freiburg im Breisgau, 1 (2011). 2
  8. Mateo 21:12-13, Juan Crisóstomo. Homilía 67 sobre Mateo, 2.
  9. Capítulo XXI, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, 21:28 (1272). 2
  10. Capítulo XXI, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 21.5 (1272). 2 3
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