La parábola se encuentra en el Evangelio de Mateo, justo después de la parábola de los viñadores homicidas, y forma parte de las enseñanzas de Jesús en Jerusalén antes de su Pasión1. Jesús utiliza la imagen de un banquete nupcial, un símbolo de alegría y celebración en la tradición judía, para describir el Reino de Dios1,7.
1.1 El Relato en Mateo 22:1-14
El Evangelio narra cómo un rey da un banquete por las bodas de su hijo1. Los primeros siervos son enviados a llamar a los invitados, pero estos se niegan a asistir1. Un segundo envío de siervos, con la promesa de que «todo está listo» (bueyes y animales engordados han sido sacrificados), es respondido con indiferencia y desprecio: algunos se van a sus negocios o a sus granjas, y otros incluso maltratan y matan a los siervos1,7.
Enfurecido, el rey castiga a los asesinos y destruye su ciudad1. Luego, el rey extiende la invitación de manera universal: «Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a cuantos encontréis, invitadlos a la boda»1. La sala se llena con invitados «buenos y malos»1,4.
El relato concluye con la entrada del rey y el juicio de un hombre que no llevaba el vestido de bodas. El rey lo expulsa a las «tinieblas de fuera»1. La parábola culmina con la frase: «Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos»1.
1.2 Significado Inmediato y Alegórico
Desde una perspectiva exegética, la parábola tiene un significado histórico y alegórico claro7:
El Rey y el Hijo: El Rey es Dios Padre, y el Hijo es Jesucristo, el Esposo2,8.
Los Primeros Invitados: Representan al pueblo de Israel, el pueblo elegido de la Antigua Alianza, que rechazó la invitación mesiánica9,7. San Juan Crisóstomo señala que el envío de siervos después de la crucifixión de Jesús (el Hijo) demuestra la gran providencia y la paciencia de Dios hacia los judíos, incluso después de que tramaron contra Él7.
Los Nuevos Invitados: Simbolizan a los Gentiles y a los marginados (los que están en las calles y caminos), a quienes se extiende la invitación universal a la Nueva Alianza9,10.
