La parábola se encuentra en el Evangelio de Lucas, inmediatamente después del envío de los setenta discípulos, y es la respuesta de Jesús a una pregunta formulada por un doctor de la Ley que buscaba justificarse1.
A. El Diálogo Inicial sobre la Vida Eterna
Un doctor de la Ley se acercó a Jesús para ponerlo a prueba, preguntando: «Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?» (Lc 10:25)1. Jesús le pidió que respondiera a partir de la Ley, y el hombre citó correctamente el Gran Mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 10:27)1. Jesús confirmó su respuesta: «Has respondido correctamente; haz esto, y vivirás» (Lc 10:28)1.
Sin embargo, el doctor de la Ley, queriendo justificarse, presionó con una segunda pregunta crucial: «¿Y quién es mi prójimo?» (Lc 10:29)1. Su intención era establecer un límite claro para el deber de amar, clasificando a las personas entre «prójimo» y «no-prójimo»3. Jesús respondió a esta delimitación legalista con la parábola, invirtiendo la perspectiva de la pregunta3.
B. La Narrativa de la Misericordia
Jesús relata la historia de un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, quienes lo despojaron, lo golpearon y lo dejaron medio muerto al borde del camino1.
- Los Transeúntes Indiferentes: El Sacerdote y el Levita
Por casualidad, un sacerdote pasaba por el mismo camino, y al verlo, pasó de largo por el lado opuesto1. De igual modo, un levita, al llegar al lugar y ver al herido, también pasó de largo1. Ambos eran figuras vinculadas al culto del Templo y a la observancia religiosa3. La Ley de Dios imponía el deber de asistir al necesitado3, pero su prisa o quizás el temor a la impureza ritual (si el hombre estaba muerto) prevaleció sobre la caridad3. Su fe se limitó a una observancia externa de la ley, incapaz de sentir y actuar con compasión misericordiosa5.
- La Acción del Samaritano
Finalmente, un samaritano que viajaba por el camino se acercó al hombre1. Los samaritanos eran considerados por los judíos como cismáticos, extraños e impuros, y existía una profunda rivalidad y animosidad entre ambos grupos3,6,7.
Al ver al herido, el samaritano fue movido a piedad1. Esta compasión no fue un sentimiento vago, sino que se tradujo en acciones concretas3:
Se acercó, vendó sus heridas, vertiendo aceite y vino (los remedios de la época)1.
Lo subió a su propia cabalgadura y lo llevó a una posada, donde lo cuidó personalmente1.
Al día siguiente, le dio dos denarios al posadero, pidiéndole que lo cuidara, y prometiendo pagar cualquier gasto adicional a su regreso1.
El samaritano demostró una caridad que no hace excepciones por origen étnico, religión o preferencia política8. Su amor fue universal, reconociendo la dignidad humana en el que sufría, sin importar su condición4.
C. La Conclusión y el Mandato
Al terminar la parábola, Jesús invirtió la pregunta original del doctor de la Ley, preguntando: «¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones?» (Lc 10:36)1. La respuesta del doctor fue inequívoca: «El que tuvo misericordia de él» (Lc 10:37)1.
Jesús concluyó con el mandato que resuena en toda la moral cristiana: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10:37)1.

