Las parábolas son una forma de enseñanza que Jesús empleó con frecuencia, como lo atestiguan los evangelios sinópticos1. Esta técnica no era exclusiva de Jesús; ya en el Antiguo Testamento se encuentran ejemplos similares, como la fábula de los árboles eligiendo un rey en Jueces 9:8-15 o la reprimenda de Natán a David en 2 Samuel 12:1-41. Sin embargo, Jesús se distingue de los profetas del Antiguo Testamento en que Él no actúa ni se describe a sí mismo actuando en las historias que narra1.
La elección de Jesús de hablar en parábolas se debe a su «estilo» divino, reflejando la manera de hablar del Padre celestial2. Al utilizar eventos de la experiencia diaria y elementos de la creación, las parábolas facilitaban el contacto con una audiencia diversa, incluso con aquellos menos instruidos3,2. La creación misma puede ser vista como una gran parábola, una inmensa narración cuyo Autor es Dios Padre2.
