El uso de parábolas era una forma de instrucción familiar en el judaísmo del tiempo de Jesús1. La palabra «parábola» (del hebreo mashal, sirio mathla, griego parabole) significa generalmente una comparación o un paralelo, donde una cosa se usa para ilustrar otra1. Es una semejanza tomada de incidentes reales, sensibles o terrenales para transmitir un significado ideal, espiritual o celestial1. Esta forma de discurso, al referirse a hechos y cuestiones de la vida diaria, facilitaba el contacto con una audiencia incluso poco instruida2.
Jesús, al igual que los profetas del Antiguo Testamento que utilizaron formas similares como fábulas o cantos alegóricos (por ejemplo, el apologético de Jotam en Jueces 9:8-15 o la reprensión de Natán a David en 2 Samuel 12:1-4), empleó las parábolas para enseñar1. Sin embargo, a diferencia de los profetas, Jesús no actuaba ni se describía a sí mismo actuando en las historias que narraba1. Su enseñanza a la multitud fue principalmente parabólica, como se desprende de Mateo 13:34 y Marcos 4:331.
