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Paradoja del mal y la omnipotencia divina

La paradoja del mal y la omnipotencia divina es uno de los interrogantes teológicos más profundos en la tradición católica: ¿cómo conciliar la existencia del mal en el mundo con la fe en un Dios omnipotente, omnisciente y perfectamente bueno? La teología católica resuelve esta aparente contradicción afirmando que Dios no es la causa directa del mal, sino que lo permite por razones ligadas a la libertad humana, el pecado original y un bien mayor que trasciende nuestra comprensión plena. A través de la Escritura, los Padres de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino y el Magisterio contemporáneo, se distingue entre la voluntad activa de Dios, que solo quiere el bien, y su voluntad permisiva, que tolera el mal para manifestar su misericordia, justicia y amor. Esta doctrina subraya el misterio de la providencia divina, invitando a la humildad y la confianza en la sabiduría eterna de Dios.1,2,3

Tabla de contenido

Planteamiento de la paradoja

La paradoja surge de la observación cotidiana del mal moral (el pecado y sus consecuencias) y el mal físico (el sufrimiento, las catástrofes naturales). Si Dios es omnipotente, podría eliminar todo mal; si es bondadoso, debería desear hacerlo. Filósofos como Epicuro formularon esta objeción clásica: o Dios quiere quitar el mal y no puede, o puede y no quiere, o ni quiere ni puede, o quiere y puede. La respuesta católica rechaza las primeras tres opciones, afirmando que Dios quiere y puede, pero permite el mal sin causarlo directamente.3

En el contexto católico, esta cuestión no es mera especulación filosófica, sino un desafío a la fe revelada. La Escritura presenta a Dios como creador de todo lo bueno (Génesis 1), pero también como señor soberano sobre la historia, donde el mal irrumpe por la desobediencia humana (Génesis 3). La teodicea católica —justificación de Dios ante el mal— integra razón y revelación, evitando tanto el dualismo maniqueo (dos principios opuestos) como el panteísmo (Dios y el mundo confundidos).4

La omnipotencia divina en la doctrina católica

Definición teológica de la omnipotencia

La omnipotencia divina es un dogma de fe definido en los credos y concilios, como el Concilio de Letrán IV. Dios posee un poder infinito, no limitado por ninguna criatura, capaz de todo lo que no implica contradicción lógica.5 Santo Tomás de Aquino explica que el ser divino, infinito, abarca todas las posibilidades de ser, excluyendo solo lo contradictorio (por ejemplo, crear una piedra que Él no pueda levantar).6

La Enciclopedia Católica enfatiza que esta omnipotencia no es «estéril» ni depende de las criaturas; Dios es omnipotente in se, independientemente de la creación.5 En la Suma Teológica, Aquino distingue entre potentia absoluta (poder ilimitado en razón) y potentia ordinata (poder ejercido según su sabiduría), pero esta distinción es solo racional, no real: Dios actúa siempre conforme a su bondad infinita.6

Relación con la bondad y la providencia

Dios es omnipotente y bueno, por lo que su poder se ejerce siempre para el bien. La creación manifiesta su sabiduría y poder (Job 42:2; Lucas 1:37). No obstante, la omnipotencia no implica causar el mal, ya que el mal es privación de bien, no un ente positivo.3 Como señala el Catecismo de la Iglesia Católica (CCC), el hombre, herido por el pecado original, lucha entre el bien y el mal, pero Dios provee gracia para la victoria.2

Naturaleza del mal según la teología católica

Tipos de mal y su origen

El mal se clasifica en:

San Agustín lo define como privatio boni (ausencia de bien), no creado por Dios, sino defecto en lo creado.3 El CCC 1707 describe al hombre dividido en sí mismo por el pecado original, inclinado al mal pero capaz de bien.2 Dios causa el ser positivo de toda acción, incluso pecaminosa, pero no el defecto moral.9

El pecado original y la concupiscencia

Tras el pecado original, la gracia bautismal perdona completamente, pero persiste la concupiscencia, debilidad que inclina al mal sin determinarlo.1 Esto explica por qué el bautizado aún lucha contra el pecado, combatido por la gracia.1

Respuestas teológicas a la paradoja

Tradición patrística y escolástica

Los Padres de la Iglesia, como San Basilio y San Agustín, ven el mal como punitivo para los malvados y probatorio para los buenos, sirviendo a fines pedagógicos.3 San Agustín argumenta que Dios permite el mal por justicia y misericordia, ordenándolo al bien mayor.9

Santo Tomás de Aquino profundiza: Dios permite el pecado para que los pecadores se humillen y conviertan, o para manifestar su justicia en los réprobos. La ceguera espiritual (preámbulo al pecado) se ordena medicinalmente a la salvación de los predestinados.9 Rupert de Deutz (siglo XII), comentado por Benedicto XVI, atribuye el mal al mal uso de la libertad humana, no a Dios, alabando su misericordia infinita.10

Leibniz, influido por Agustín y Tomás, propone el «mejor de los mundos posibles», donde el mal minimiza y sirve a la armonía global, aunque la teología católica prefiere enfatizar el misterio sobre el optimismo racional.3,7

Distinción clave: voluntad permisiva vs. activa

Dios no aprueba ni causa el mal directamente, sino que lo permite por un bien superior: la libertad, la manifestación de virtudes como la paciencia y la misericordia.9,10 Como autor de la novela permite defectos en los personajes para el bien de la trama, Dios permite el mal en la creación para revelar su verdad, bondad y justicia.9 Esta permisividad no implica complicidad; el mal moral depende del agente libre.11

El CCC 1759 es tajante: el fin no justifica los medios, condenando cualquier acción mala por buena intención.11

El mal en la Escritura y el Magisterio

Perspectiva bíblica

La Biblia muestra una pedagogía divina: del antropomorfismo primitivo (Dios «incita» al mal en 2 Samuel 24:1) a la distinción clara (Satanás en 1 Crónicas 21:1), reconociendo la providencia sin hacer a Dios autor del mal.12 En el Nuevo Testamento, Cristo revela que el mal proviene de la mentira del «padre de la mentira» (Juan 8:44), no de Dios.8

Enseñanza del Magisterio moderno

Juan Pablo II en Fides et Ratio (n. 80) afirma que el mal moral es «herida infligida por el ejercicio desordenado de la libertad humana», no deficiencia material.4 En Dominum et vivificantem (n. 33), el mal radica en la desobediencia inicial, rechazo de la verdad del Verbo.8

Benedicto XVI destaca la fe en la omnipotencia creadora frente al mal (Laudato Si', n. 74, adaptado).13 Francisco reitera que la injusticia no es invencible ante el Dios creador.13

El misterio y la respuesta de fe

La paradoja converge en el misterio: no todo se resuelve en esta vida; la beatitud revelará cómo cada mal coopera al bien (Romanos 8:28).9 La teología católica invita a la adoración humilde, no a la especulación exhaustiva.3 La Cruz de Cristo es la clave: Dios transforma el mal supremo (deicidio) en salvación, manifestando su poder misericordioso.10

En resumen, la fe católica afirma la omnipotencia divina sin negar el mal, distinguiendo causas, permitiendo el misterio y anclándose en la revelación. Esta doctrina fortalece la esperanza: Dios, omnipotente, obra todo para el bien de los que le aman.

Citas

  1. Sección dos i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 978 (1992). 2 3

  2. Sección uno: la vocación del hombre, vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1707 (1992). 2 3 4

  3. Mal, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Mal (1913). 2 3 4 5 6 7 8

  4. Capítulo VII - Requisitos y tareas actuales - Los requisitos indispensables de la palabra de Dios, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, § 80 (1998). 2

  5. Omnipotencia, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Omnipotencia (1913). 2

  6. Emmanuel Durand, O.P. El poder de Dios y lo imposible: ¿Quién los delimita? , § 4 (2022). 2

  7. El sistema de Leibniz, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §El sistema de Leibniz (1913). 2

  8. Parte II - El espíritu que convence al mundo respecto al pecado - 3. El testimonio sobre el origen: la realidad original del pecado, Papa Juan Pablo II. Dominum et Vivificantem, § 33 (1986). 2 3

  9. Steven A. Long. Providencia, Libertad y Ley Natural, § 21 (2006). 2 3 4 5 6

  10. Rupert de Deutz, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 9 de diciembre de 2009: Rupert de Deutz (2009). 2 3

  11. Sección uno: la vocación del hombre, vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1759 (1992). 2

  12. Matthew J. Ramage. La violencia es incompatible con la naturaleza de Dios: Benedicto, Tomás de Aquino y el método C exégesis de los pasajes «oscuros» de la Biblia, § 10 (2015).

  13. capítulo dos - II. La sabiduría de los relatos bíblicos, Papa Francisco. Laudato Si, § 74 (2015). 2