No es una huida del mundo
La esperanza de la parusía no invita a abandonar las responsabilidades históricas. Quien espera la venida de Cristo no desprecia la vida terrena, la sociedad, el trabajo, la cultura ni el cuidado de los pobres. La espera cristiana impulsa a vivir el presente con mayor seriedad y fidelidad.
La promesa del Reino futuro no puede utilizarse como excusa para desatender las condiciones concretas de la existencia humana. La Iglesia enseña que los esfuerzos realizados con la gracia de Dios para hacer más humana la vida no quedarán finalmente perdidos. Los bienes auténticos de la dignidad, la fraternidad y la libertad serán purificados y transfigurados.
Santificar la historia
La parusía orienta la historia hacia Cristo, pero también confiere valor a cada momento histórico. La Iglesia trabaja en el mundo sin identificar ninguna estructura política, cultural o económica con el Reino de Dios. Ningún proyecto humano puede producir por sí mismo la salvación definitiva.
Los cristianos colaboran, sin embargo, con la acción de Dios mediante la evangelización, la justicia, la caridad, la defensa de la dignidad humana y la construcción de la paz. La esperanza escatológica transforma la historia desde dentro: no la convierte en el Reino consumado, pero la abre a su cumplimiento.
Esperar a Cristo significa vivir con vigilancia, perseverancia y responsabilidad. El cristiano no conoce el momento exacto de la parusía, pero conoce su orientación fundamental: toda la historia se dirige hacia el encuentro definitivo con el Señor.