Pascua como «paso»
La palabra Pascua procede del hebreo pésaj, relacionado con la idea de paso, tránsito o liberación. En la tradición cristiana, la Pascua alcanza su plenitud en el paso de Jesucristo de la muerte a la vida mediante su pasión, muerte y resurrección. La reflexión patrística vinculó también este paso con la conversión del cristiano: del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.1
El término no procede originalmente del verbo griego relacionado con «padecer», aunque la tradición cristiana vinculó estrechamente la Pascua con la pasión del Señor. Las lenguas romances conservaron la forma derivada del hebreo y del griego: Pascha en latín, Pasqua en italiano, Pâques en francés y Pascua en español.2
Extensiones tradicionales de «Pascua»
La palabra Pascua adquirió en algunos territorios un uso más amplio. Además de la Pascua de Resurrección, podía designar otras grandes solemnidades del año cristiano:
- Pascua florida: Domingo de Ramos.
- Pascua de Resurrección: Domingo de Pascua.
- Pascua de Pentecostés: Pentecostés.
- Pascua de Navidad: Navidad.
- Pascua de Epifanía: Epifanía del Señor.
Este uso ampliado no elimina las diferencias litúrgicas entre las celebraciones. La denominación popular expresa la importancia festiva de cada solemnidad, mientras que el calendario litúrgico distingue con precisión el Domingo de Ramos, el Triduo Pascual y el Tiempo Pascual.2



