Principio de la tipología
La tipología bíblica interpreta personas, acontecimientos e instituciones del Antiguo Testamento como figuras reales de acontecimientos y realidades cumplidos en Cristo. La figura antigua no pierde su sentido histórico propio; recibe además una plenitud nueva dentro del único designio de salvación.
La Iglesia contempla la unidad entre ambos Testamentos porque el mismo Dios actúa en la antigua y en la nueva alianza. Por esta razón, la liturgia cristiana conserva la lectura del Antiguo Testamento y recuerda acontecimientos como el Éxodo y la Pascua, cuyo cumplimiento acontece en el misterio de Cristo.
El Éxodo como figura de la salvación
La estructura tipológica del Éxodo puede resumirse así:
| Éxodo de Israel | Cumplimiento cristiano |
|---|
| Esclavitud en Egipto | Esclavitud del pecado |
| Moisés | Jesucristo, mediador de la nueva alianza |
| Cordero pascual | Cristo, Cordero de Dios |
| Sangre en las puertas | Sangre de Cristo |
| Paso del mar Rojo | Bautismo |
| Maná en el desierto | Eucaristía |
| Alianza del Sinaí | Nueva y eterna alianza |
| Tierra prometida | Vida eterna y comunión con Dios |
La tipología no permite identificar sin más cada detalle del relato con un elemento cristiano. La Iglesia interpreta el conjunto del Éxodo dentro de la unidad de la historia de la salvación y reconoce en él una orientación hacia Cristo.
Éxodo y Bautismo
El paso del mar Rojo constituye una de las figuras bíblicas más importantes del Bautismo. Israel atraviesa las aguas, abandona el dominio del faraón y comienza una existencia nueva como pueblo libre. El bautizado pasa por el agua sacramental, muere al pecado y renace a la vida de la gracia.
San Pablo relaciona la nube y el mar con una forma de bautismo en Moisés. La tradición patrística desarrolló esta relación y contempló en el mar Rojo la liberación de los bautizados frente a la esclavitud espiritual. Gregorio de Nisa interpretó el paso de Israel como imagen de la liberación del ser humano sometido a las pasiones y al poder del mal.
El Bautismo no constituye únicamente una purificación individual. Incorpora al creyente al pueblo de la nueva alianza, del mismo modo que el paso del mar y la alianza del Sinaí constituyeron a Israel como pueblo de Dios.
Éxodo y Eucaristía
La Eucaristía cumple la figura de la cena pascual. Jesús instituyó el sacramento en el contexto de la Pascua judía y otorgó a la comida de alianza su plenitud definitiva. El pan y el vino no representan simplemente una conmemoración exterior: hacen sacramentalmente presente a Cristo, entregado por nosotros.
La relación entre el maná y la Eucaristía prolonga la tipología del Éxodo. Dios alimentó a Israel en el desierto; Cristo alimenta a la Iglesia con el verdadero Pan de vida. El maná sostuvo una vida temporal, mientras que la Eucaristía comunica la vida eterna.
La celebración eucarística anuncia la muerte del Señor hasta que vuelva. Por ello, la Eucaristía une memoria, presencia y esperanza: recuerda el sacrificio de Cristo, hace presente sacramentalmente su entrega y anticipa el banquete definitivo del Reino.