El carácter misionero y la unidad del ministerio episcopal
En el capítulo inaugural se subraya que el obispo es «siervo del Evangelio para la esperanza del mundo», llamado a ser misionero y a vivir la unidad del Colegio episcopal bajo la guía del Papa. La exhortación recurre al imagen del Buen Pastor como icono permanente del trabajo episcopal, enfatizando el conocimiento, amor y compasión por cada miembro del rebaño.
La pobreza del espíritu y la opción preferencial por los pobres
Pastores Gregis exhorta a los obispos a adoptar la figura del vir pauper (hombre pobre), siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís y de Cristo, cuya vida de pobreza constituye «una condición indispensable para un ministerio episcopal fructífero». Esta llamada a la pobreza de espíritu está vinculada a la opción preferencial por los pobres, que debe ser el corazón de la pastoral episcopal.
La triple munera: enseñar, santificar, gobernar
El documento desarrolla la triple función del obispo – munus docendi, sanctificandi et regendi – como reflejo de los tres poderes de Cristo (profeta, sacerdote y rey). Cada una de estas funciones está interrelacionada: «cuando el obispo enseña, también santifica y gobierna; cuando santifica, también enseña y gobierna; cuando gobierna, también enseña y santifica».
El modelo del Buen Pastor
Se insiste en que el obispo debe ser padre, maestro, amigo y hermano del pueblo, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor que busca la oveja perdida y cuida a los débiles. La exhortación también llama al obispo a ser profeta de justicia y paz, defensor de los marginados y promotor del diálogo ecuménico e interreligioso.
La autoridad como servicio pastoral
Pastores Gregis recalca que la autoridad episcopal es servicial, no honorífica. El obispo ejerce su poder «para edificar, no para destruir», siguiendo el precepto de que «el que es mayor debe hacerse como el menor» (cf. Lc 22, 26‑27).