Las primeras comunidades cristianas
Las fuentes históricas relacionan las patenas antiguas con el uso de platos o bandejas para el pan ofrecido por los fieles y para la distribución de la comunión. Algunas patenas podían tener grandes dimensiones y servir a varios ministros. La documentación antigua también recoge la existencia de patenas ministeriales de plata, asociadas a los cálices empleados para distribuir el vino consagrado.,
Los materiales variaron en los primeros siglos. Además de oro y plata, las patenas pudieron fabricarse en vidrio, madera y cobre. Una tradición recogida en la documentación eclesiástica antigua atribuye al papa Ceferino, cuyo pontificado suele situarse entre finales del siglo II y comienzos del III, el uso de patenas de vidrio en la iglesia.,
No todas las cuestiones sobre el modo de distribuir la comunión en la Roma antigua cuentan con una interpretación unánime. Algunas reconstrucciones históricas consideran que las patenas servían para llevar las partículas a los fieles; otras han propuesto que ciertas comunidades empleaban bolsas de lino para ese cometido. La existencia de grandes patenas de uso ministerial, sin embargo, está documentada en inventarios eclesiásticos antiguos.
Evolución medieval
A medida que disminuyó la comunión frecuente de los fieles en algunas regiones, perdió importancia el uso de las grandes patenas destinadas a la distribución comunitaria. La patena del altar adquirió progresivamente un tamaño menor y una función más próxima a la actual: contener la hostia y ayudar a evitar la dispersión de partículas durante la celebración.
Las patenas medievales podían presentar un centro más hundido que las actuales y una decoración de lóbulos alrededor de esa depresión. Algunas piezas antiguas incorporaban ornamentación elaborada, mientras que la patena de altar descrita en la tradición litúrgica posterior tendió a una superficie más sencilla y práctica.,
Portadores de la patena
En las celebraciones solemnes de la liturgia romana antigua, un ministro podía llevar la patena durante parte de la misa. La función correspondió primero a un acólito y, más tarde, al subdiácono en determinadas ceremonias. Algunas costumbres litúrgicas acompañaban ese servicio con un velo sobre los hombros o con un paño para sostener el vaso.