Los Padres de la Iglesia son escritores cristianos antiguos cuya enseñanza y testimonio tienen especial relevancia para la tradición católica. El título no comprende sin más a cualquier autor de los primeros siglos: la tradición lo relaciona con la fidelidad a la fe y a la comunión católicas, la vida santa, la sabiduría de la enseñanza y la perseverancia. Desde el siglo V, la expresión consenso de los Padres también sirvió para aludir al acuerdo de estos autores como testigos cualificados de la tradición cristiana.1
No todos los escritores antiguos que aportan información sobre el cristianismo reciben el título de Padre. Conviene distinguirlos de los escritores eclesiásticos, categoría más amplia que incluye autores importantes por sus obras o por su influencia, aunque no reúnan en igual medida las características tradicionalmente asociadas a los Padres. La diferencia no resta valor histórico o literario a sus escritos: ayuda a precisar qué tipo de autoridad se atribuye a cada autor.2
La patrística tampoco consiste solo en reunir opiniones antiguas. Estudia las obras en su contexto, sus métodos de interpretación bíblica y su aportación al desarrollo de la doctrina y de la vida cristianas. En su uso académico actual, patrística suele designar el análisis de las obras y de sus contenidos; patrología atiende más a la vida de los autores, sus escritos y las cuestiones necesarias para identificarlos y estudiarlos. En la práctica, ambas palabras a menudo se utilizan como sinónimos.3,1

