La patrística se refiere al conjunto de escritos teológicos, exegéticos, espirituales y disciplinares producidos por los Padres de la Iglesia durante los primeros ocho siglos del cristianismo. A diferencia de una definición estricta post-Trento, que limitaba a los autores de los cuatro primeros siglos, el término se emplea en un sentido amplio para incluir a todos los escritores cristianos de esa época, incluso aquellos marginales o disidentes, cuya obra ilustra la recepción del Evangelio.1
Los Padres no son meros historiadores, sino testigos de la fe bajo la asistencia del Espíritu Santo. Su autoridad radica en el consensus patrum, es decir, el acuerdo doctrinal que refleja la tradición apostólica. Este consenso justifica su uso en la teología católica para discernir la verdad revelada.2
En el ámbito católico, la patrística se centra en la fe, la moral y la disciplina, extrayendo de sus obras principios que iluminan la doctrina de la Iglesia.3

