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Pelagianismo

El pelagianismo es una herejía cristiana del siglo V, asociada principalmente a Pelagio (y desarrollada por figuras como Celestio y Juliano de Eclano), que sostiene una comprensión excesivamente optimista de la capacidad humana para obrar el bien y alcanzar la salvación sin la necesidad indispensable de la gracia de Dios, y que además niega el pecado original. La controversia obligó a la Iglesia a precisar con mayor rigor la doctrina sobre la gracia, el pecado original, el bautismo y el papel del libre albedrío en la vida cristiana, culminando en condenas conciliares y en formulaciones presentes hoy en el Catecismo de la Iglesia Católica.1,2

Tabla de contenido

Definición y rasgos doctrinales

El pelagianismo, aunque conocido por su formulación histórica concreta en el siglo V, se caracteriza por una tesis de fondo: la naturaleza humana, por sus propias fuerzas, puede llegar a la santidad y a la vida eterna con un protagonismo tan fuerte que deja casi sin espacio la gracia cristiana. En palabras de la Catholic Encyclopedia, el pelagianismo exageró «la capacidad de la naturaleza humana» y «hardly left any room for Christian grace», llegando a una «divinización de las fuerzas morales del libre albedrío».3

Excesiva confianza en el poder humano

Desde la perspectiva católica, el pelagianismo se entiende como una forma de naturalismo moral: atribuye al ser humano un poder suficiente para pasar, por sí mismo, de la justificación a la vida eterna, incluso en lo referente a actos que conducen a la salvación sobrenatural.3

En consecuencia, se defiende una especie de ideal de virtud «autosuficiente», en la línea de la antigüedad estoica: la voluntad soberana lograría la santidad plena e incluso cierta impecabilidad mediante la observancia perseverante de los preceptos —incluidos los más difíciles— y el triunfo infalible sobre las tentaciones.3

Reducción o negación de la función de la gracia

La teología católica rechaza que la gracia sea solo un apoyo externo o principalmente un «marco» que deja al hombre cerrar la obra por sus fuerzas. En el pelagianismo, la gracia aparece como innecesaria o subordinada de manera que termina por vaciar la doctrina cristiana sobre su primacía.

La Catholic Encyclopedia subraya que, al contener en esencia «naturalismo», el pelagianismo conduce como consecuencia lógica a la supresión del pecado original y a la negación de la gracia.3

Negación del pecado original

Un rasgo determinante —y por el que el pelagianismo fue especialmente combatido— es su negación del pecado original. La Catholic Encyclopedia lo define explícitamente como una herejía que «denied original sin as well as Christian grace».1

Esta negación altera el modo en que se comprende:

Consecuencias sobre el bautismo infantil y la necesidad de la regeneración

En la controversia histórica, se formula con claridad que los recién nacidos deben ser bautizados por razón del pecado original, y que la gracia no se limita a perdonar faltas pasadas, sino que da asistencia real para evitar pecados futuros.1

La enseñanza católica, en continuidad con esa clarificación, enseña que la Iglesia profesa con mayor precisión que el pelagianismo defendía que el hombre podía llevar una vida moralmente buena por el poder natural del libre albedrío «sin la ayuda necesaria de la gracia de Dios», reduciendo la falta de Adán a un mero mal ejemplo.2 Frente a ello, la doctrina católica afirma que el pecado original hiere la naturaleza del hombre y lo inclina al mal.4

Contexto histórico: Pelagio y el origen de la controversia

Quién fue Pelagio

Según los datos históricos recogidos en fuentes de referencia católicas, se sabe poco de Pelagio, y su biografía se conoce sobre todo por el prisma de sus adversarios. Se le sitúa en torno a los siglos IV–V; la obra de Farrugia (diccionario enciclopédico) indica que vivió mucho en Roma (aprox. 380–aprox. 419) y que probablemente murió en Egipto.5

La Catholic Encyclopedia añade detalles: se discute el lugar de nacimiento, aunque varias fuentes (como Agustín y otros autores citados por la propia enciclopedia) lo vinculan con Gran Bretaña; también existen relatos posteriores que lo ridiculizan o lo confunden con otros nombres y lugares, y se proponen hipótesis alternativas sobre su origen.1

Caelestius (Celestio) y Juliano de Eclano

La controversia se amplía con figuras asociadas al movimiento:

Farrugia señala que con frecuencia se conoce el pelagianismo «refracted in the prism of his opponents» y que los textos no siempre distinguen claramente entre las posiciones de Pelagio y las de sus seguidores (Celestio y Juliano).5

Desarrollo de la controversia en el siglo V

Condena en África y actuación de Roma

La Catholic Encyclopedia describe que, tras medidas eclesiales, Pelagio y sus seguidores fueron objeto de condenas formales y de procedimientos disciplinarios. Se menciona el contexto romano-africano: con el emperador Honorio condenando a los pelagianos mediante medidas de destierro, y con decisiones papales que consolidaron la condena.1

Además, se señala que tras recibir las actas del sínodo africano, el papa Zósimo envió a los obispos una «Epistola tractoria» en la que se exigía la condena del pelagianismo como herejía.1

El Sínodo de Cartago (418) y sus cánones

Uno de los hitos fundamentales fue el Concilio o Sínodo de Cartago (418), convocado con participación de un gran número de obispos y que volvió a brandar el pelagianismo como herejía mediante cánones.1

La misma fuente resume así los puntos principales, en forma de artículos (o cánones):

El propósito eclesial era salvaguardar la coherencia entre la antropología cristiana (herida por el pecado), la necesidad de la gracia y el sentido sacramental del bautismo.1,2

La disputa literaria y la respuesta de san Agustín

Tras condenas iniciales, la controversia no se apagó de inmediato. La Catholic Encyclopedia explica que, aun tras la condena, el movimiento persistió en ámbitos del Occidente, y que Juliano protestó contra las decisiones romanas, convirtiéndose en figura central frente a san Agustín.1

San Agustín, en su correspondencia, insiste en que no se debe confundir el papel de la gracia con una excusa para negar la valoración del actuar humano. En una carta, advierte contra «los nuevos pelagianos» que suponen que la gracia se concede «según méritos humanos», y a la vez corrige el error contrario: que no se juzgue a un hombre por sus obras. Agustín sostiene que:

Así, su planteamiento evita dos extremos: el orgullo moral autosuficiente y la negación de la responsabilidad personal.6

Evolución hasta la estabilización doctrinal

Según las fuentes consultadas, el pelagianismo fue perdiendo vigor de manera gradual, aunque no desapareció inmediatamente en todas las regiones.

Farrugia presenta también el horizonte de recepción: en la etapa posterior, el Concilio de Orange (529) fue decisivo al aceptar una forma mitigada de agustinismo, subrayando la libertad soberana de Dios al otorgar la gracia, y evitando algunos excesos atribuidos a posiciones agustinianas en temas de predestinación.5

Condenas y formulaciones doctrinales en la Iglesia

Condena conciliar en Éfeso (431)

La Catholic Encyclopedia señala que el Concilio Ecuménico de Éfeso (431) repitió la condena anterior pronunciada en Occidente, y con ello «pelagianismo was crushed in the East».1

Además, se menciona cómo la autoridad papal y la coordinación con instancias episcopales contribuyeron a frenar la expansión.7

Enseñanza católica en el Catecismo

El Catecismo de la Iglesia Católica explica de manera pedagógica el núcleo doctrinal del debate. En particular, afirma que la doctrina sobre la transmisión del pecado original se definió con mayor precisión en el siglo V, «especialmente bajo el impulso de las reflexiones de san Agustín contra el pelagianismo».2

El Catecismo recoge el punto clave: Pelagio sostenía que el hombre podía, por el poder natural del libre albedrío, llevar una vida moralmente buena sin la ayuda necesaria de la gracia de Dios; con ello «reducía la influencia de la falta de Adán» a un simple mal ejemplo.2

En la misma línea, el Catecismo enseña que el hombre, «herido en su naturaleza por el pecado original», está sujeto al error e inclinado al mal al ejercer su libertad.4

Asimismo, el Catecismo conecta la remisión de los pecados con el bautismo y con la vida sacramental de la Iglesia. Indica que Cristo vinculó el perdón de los pecados a la fe y al bautismo, y que el bautismo es el primer y principal sacramento del perdón.8 También recuerda que, aunque el bautismo limpia del pecado original y de los pecados cometidos, no elimina por completo la fragilidad humana, de modo que subsiste el combate contra la inclinación al mal.8

En cuanto a la salvación de quienes no han recibido el bautismo por razones vinculadas al conocimiento y a la búsqueda sincera de Dios, el Catecismo afirma que quienes, «sin conocer la Iglesia», actúan inspirados por la gracia buscando sinceramente a Dios, pueden ser salvados.9 Esta afirmación no contradice la necesidad del bautismo para los que lo conocen y pueden recibirlo, pero muestra la amplitud del juicio de Dios y el modo en que la Iglesia aplica su doctrina a situaciones concretas.9,8

Pelagianismo, semipelagianismo y otras posiciones cercanas

Diferencias respecto del semipelagianismo

La historia eclesial distingue el pelagianismo del semipelagianismo, presentado como una postura intermedia entre la herejía pelagiana y la visión más estricta asociada a san Agustín.

Una referencia histórica (Beda) describe a Juliano de Campania como vinculado al semipelagianismo, entendido como posición intermedia, y lo relaciona con el grupo de obispos de Italia depuestos en 418 por negarse a firmar la carta de condena del papa Zósimo.10

Aunque este artículo se centra en el pelagianismo, resulta importante porque muchas discusiones históricas confundieron a veces categorías o trataron como «pelagiano» lo que quizá era «semipelagiano». Farrugia subraya precisamente que no siempre es fácil distinguir claramente las posiciones auténticas de Pelagio y las de sus seguidores, y que esa confusión se refleja en la recepción posterior.5

La acusación de «antigua» oposición a la gracia y la cuestión de la sinergia

Farrugia observa que, en discusiones históricas, a veces se acusó a ciertas perspectivas orientales de caer en semipelagianismo por insistir en la sinergia, es decir, la idea de que la gracia divina llama a la colaboración humana. Sin embargo, el mismo autor afirma que acusar así sería injusto: la colaboración humana sería también una forma de gracia libremente concedida.5

Este punto ayuda a situar que «colaboración» no equivale automáticamente a «autosuficiencia». La distinción católica es esencial: la voluntad humana coopera, pero no se presenta como fuente autosuficiente de la conversión y la santidad.5,2

Consecuencias teológicas y vida cristiana

Oración, humildad y verdad sobre el pecado

La controversia no era solo académica. Afectaba a la forma de orar y a la conciencia moral cristiana. La Catholic Encyclopedia explica, por ejemplo, que en el pelagianismo la petición del Padrenuestro «no nos dejes caer en la tentación» no serviría para reconocer una verdad sobre nuestra necesidad, sino como gesto de humildad apenas externo.3

Para la doctrina católica, en cambio, la oración del cristiano presupone verdad y una antropología realista: el hombre no vive la fe como si fuera capaz de no caer sin la gracia, sino como quien confiesa que necesita el auxilio de Dios.3,4

Confesión de pecados y juicio según obras y gracia

San Agustín, frente a errores vinculados a la disputa, insiste en que no basta con afirmar la bondad humana sin gracia ni tampoco con negar la responsabilidad moral. En su carta, explica que quienes han usado su libre elección y añadieron pecados propios, son juzgados según el mérito de su voluntad; y al mismo tiempo subraya que «el bien» que hay en esa buena voluntad se recibe por gracia.6

Esta síntesis sirve para comprender por qué la Iglesia no reduce la vida cristiana ni a moralismo ni a un quietismo que elimine el compromiso: la gracia transforma y la libertad responde.6

Persistencia histórica, legado y lecturas contemporáneas

Por qué el pelagianismo «no desaparece del todo» en la historia

Aunque el pelagianismo fue condenado y combatido, diversas formas de error han reaparecido bajo nuevas expresiones. La Catholic Encyclopedia advierte que el pelagianismo «still survives under new forms».3

Por eso, incluso cuando el movimiento original se extinguió en gran medida, la lógica subyacente —la autosuficiencia moral y el subestimamiento de la gracia— puede reaparecer en interpretaciones prácticas del cristianismo.3

«Neo-pelagianismo» y fragilidad: una relectura actual

Una obra reciente (Luis Granados) propone el concepto de «neo-pelagianismo de fragilidad», describiendo una tendencia actual que, en vez de confiar en grandes hazañas morales, se aproxima a la idea de que el ideal evangélico debe «adaptarse» a la fragilidad humana de modo que la salvación quede finalmente sustentada en capacidades humanas limitadas, reduciendo el papel transformador de la gracia.11

La misma fuente indica que este fenómeno se relaciona con la crítica de Placuit Deo (2018) a formas contemporáneas de pelagianismo.11 Aunque este enfoque no sustituye la doctrina clásica sobre el pelagianismo del siglo V, ilustra por qué la Iglesia sigue mirando con atención cualquier planteamiento que termine por desplazar la primacía de la gracia.11,2

Conclusión

El pelagianismo es un error cristiano histórico que, al negar el pecado original y al desplazar la necesidad indispensable de la gracia, distorsiona la comprensión católica de la salvación y del bautismo, y finalmente afecta al modo de orar y de reconocer el estado real del ser humano ante Dios.1,2,4 La respuesta eclesial —con condenas conciliares como la de Éfeso (431) y precisiones posteriores como las de Orange (529)— buscó proteger la verdad sobre la gracia, la libertad y la regeneración que Dios concede por Cristo, de modo que la vida cristiana no sea ni orgullo moral sin auxilio ni negación irresponsable de la respuesta humana.1,5,8

Cuadro resumen

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePelagianismo
CategoríaHerejía
DefiniciónDoctrina que afirma que la naturaleza humana puede alcanzar la santidad y la salvación por sus propias fuerzas, negando la necesidad indispensable de la gracia divina y del pecado original.
Contexto HistóricoSe desarrolló en el siglo V en el Imperio romano de Occidente, con presencia en Britania, Norte de África y Roma.
SigloV
Personajes RelacionadosPelagio, Celestio, Juliano de Eclano, San Agustín, Papa Zósimo
Eventos RelacionadosSínodo de Cartago (418), Concilio de Éfeso (431), Concilio de Orange (529)
Documentos RelacionadosCatecismo de la Iglesia Católica
Enseñanzas PrincipalesNegación del pecado original; minimización de la gracia divina; exceso de confianza en el libre albedrío humano.

Citas y referencias

  1. Pelagio y pelagianismo, The Encyclopedia Press 🔗. Catholic Encyclopedia, §Pelagio y pelagianismo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
  2. Capítulo uno I creo en Dios el Padre, Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 406 (1992). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Gracia actual, The Encyclopedia Press 🔗. Catholic Encyclopedia, §Gracia actual (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Capítulo uno La dignidad de la persona humana, Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 1714 (1992). 2 3 4
  5. Pelagianismo, semi‑pelagianismo y Oriente, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, §Pelagianismo, semi‑pelagianismo y Oriente (2015). 2 3 4 5 6 7 8
  6. Agustín de Hipona. Carta 215 de Agustín a Valentio, § 1 (426). 2 3 4
  7. Papa San Celestino I, The Encyclopedia Press 🔗. Catholic Encyclopedia, §Papa San Celestino I (1913).
  8. Capítulo tres I creo en el Espíritu Santo, Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 976 (1992). 2 3 4
  9. Capítulo uno Los sacramentos de la iniciación cristiana, Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 1281 (1992). 2
  10. Beda. Historia eclesiástica de Inglaterra de Beda, § 270 (1907).
  11. El «neo‑pelagianismo de la fragilidad»: ¿Canonizando la fragilidad? , Luis Granados, D.C.J.M. La verdad de nuestro destino: Fragilidad, ideales y redención, § 5 (2024). 2 3



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