Génesis
El Génesis abre la Biblia con los relatos de la creación, la dignidad del ser humano, el pecado y sus consecuencias. Después narra el diluvio, la alianza con Noé y la dispersión de los pueblos.
La segunda gran parte del libro presenta la historia de los patriarcas: Abrahán, Isaac, Jacob y José. Dios llama a Abrahán, le promete una descendencia y vincula esa promesa con la bendición de todos los pueblos. La historia de José conduce a la llegada de la familia de Jacob a Egipto y prepara el escenario del Éxodo.
Desde una perspectiva católica, el Génesis no pretende ofrecer una explicación científica moderna del origen del universo. Sus primeros capítulos comunican verdades fundamentales sobre Dios creador, la bondad de la creación, la libertad humana, la entrada del pecado y la esperanza de salvación.
Éxodo
El Éxodo relata la opresión de los israelitas en Egipto, la vocación de Moisés, las plagas, la Pascua y la salida de Israel hacia la libertad. El paso del mar constituye el acontecimiento fundacional de la identidad del pueblo elegido.
En el Sinaí, Dios establece su alianza con Israel y entrega los mandamientos. El Decálogo, presentado en Éxodo 20, proclama la soberanía de Dios y protege tanto los derechos divinos como la dignidad del prójimo.
El libro incluye también el llamado Código de la Alianza, con disposiciones judiciales, sociales y religiosas. Estas normas reflejan la organización de una sociedad agrícola antigua, pero contienen también una notable preocupación humanitaria.
La última parte del libro describe el santuario, el arca de la alianza y la presencia de Dios en medio de su pueblo. El tabernáculo aparece como centro del culto público de Israel.
Levítico
El Levítico regula el culto, los sacrificios, la pureza ritual, las fiestas y la vida sacerdotal. Su centro teológico aparece en la llamada Ley de Santidad, que relaciona la santidad de Israel con la santidad de Dios.
Las prescripciones rituales no constituyen un conjunto arbitrario de ceremonias. Expresan la convicción de que toda la existencia -el culto, la alimentación, la vida familiar, la justicia y las relaciones sociales- pertenece a Dios. La legislación sacerdotal abarca una parte considerable del Levítico y también amplias secciones de Números y del Éxodo.
Para la interpretación cristiana, el culto levítico posee un valor histórico y pedagógico. Sus sacrificios, sacerdocio y purificaciones preparan simbólicamente la comprensión de la obra redentora de Cristo, sin que la Iglesia reproduzca las prescripciones rituales de la antigua alianza.
Números
El Libro de los Números recibe su nombre por los censos de Israel, aunque su contenido supera ampliamente las listas administrativas. Narra la marcha por el desierto, las dificultades del pueblo, sus rebeliones y la fidelidad de Dios.
El desierto aparece como lugar de prueba, purificación y aprendizaje. Israel debe confiar en la promesa divina, aceptar la guía de Moisés y reconocer que la libertad recibida exige una respuesta de fe y obediencia.
El libro combina relatos, normas cultuales, disposiciones sobre los levitas y episodios relacionados con la preparación para entrar en la tierra prometida. La generación que salió de Egipto no alcanza plenamente la meta, pero la promesa permanece abierta para sus descendientes.
Deuteronomio
El Deuteronomio presenta una serie de discursos de Moisés antes de la entrada de Israel en la tierra prometida. El libro interpreta la Ley desde la perspectiva de una renovación de la alianza.
Su núcleo espiritual invita a amar a Dios con todo el corazón, recordar sus obras y transmitir sus mandamientos a las nuevas generaciones. El cumplimiento de la Ley no aparece como una simple observancia externa, sino como la respuesta agradecida a la acción liberadora de Dios.
El Deuteronomio amplía y adapta disposiciones anteriores a las nuevas condiciones históricas de Israel. La tradición crítica distingue en él un importante cuerpo legislativo, conocido como código deuteronómico, que desarrolla normas anteriores y las aplica a una comunidad establecida.