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Perdonar al que nos ofende

El perdón al que nos ofende constituye uno de los pilares fundamentales de la vida cristiana, según la enseñanza de Jesucristo y la doctrina de la Iglesia Católica. Este mandato evangélico, expresado de manera paradigmática en la oración del Padre Nuestro —«perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»—, no es solo un precepto moral, sino una condición esencial para recibir el perdón divino. La tradición católica, desde los Evangelios hasta el Magisterio contemporáneo, subraya que el perdón libera el corazón humano del rencor, fomenta la misericordia y restaura la comunión fraterna, invitando a los fieles a imitar la gratuidad del amor de Dios.1,2

Tabla de contenido

Fundamento bíblico del perdón

La Sagrada Escritura presenta el perdón al que nos ofende como un mandato central del Evangelio, radicado en la revelación de Dios como misericordioso y en la misión redentora de Cristo.

Las palabras de Jesús sobre el perdón ilimitado

Jesús enseña explícitamente la necesidad de perdonar sin límites a quienes nos han dañado. En el Evangelio de Lucas (6,36-38), exhorta: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso», vinculando directamente la misericordia recibida con la que se debe dar. De igual modo, en Mateo (18,21-22), ante la pregunta de Pedro sobre cuántas veces perdonar —«¿hasta siete veces?»—, responde: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete», simbolizando un perdón infinito.3

Este mandato se extiende incluso a los enemigos: «Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen» (Mt 5,44), lo que implica no solo omitir la venganza, sino buscar activamente la reconciliación.1

Las parábolas evangélicas del perdón

Las parábolas ilustran vívidamente esta doctrina. La del siervo inhumano (Mt 18,23-35) muestra a un rey que perdona una deuda inmensa a su siervo, quien a su vez se niega a perdonar una deuda mínima a su compañero. Jesús concluye: «Así también os hará mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón a cada uno de vuestros hermanos». Esta imagen subraya que el perdón divino es condicionado por nuestra disposición a perdonar.4

Otra parábola clave es la del hijo pródigo (Lc 15,11-32), donde el padre perdona sin reproches al hijo arrepentido, prefigurando la misericordia ilimitada de Dios hacia el pecador contrito.

El perdón en la oración del Padre Nuestro

La petición del Padre Nuestro —«perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»— es el núcleo del tema. Esta fórmula no es una mera súplica, sino una condición recíproca: Dios perdona en la medida en que nosotros lo hacemos.2

«Por recitar las palabras ‘perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’, recibimos el perdón de Dios Padre para nosotros en cuanto perdonamos a los que nos han ofendido».5

San Tomás de Aquino explica que esta cláusula introduce una condición única en la oración, advirtiendo que quien no perdona no puede esperar ser perdonado. No se trata de un engaño verbal, sino de una oración eclesial que obliga al corazón a alinearse con las palabras pronunciadas.2

El Catecismo de la Iglesia Católica (CCC 2843) precisa que el perdón auténtico brota del corazón, transformando la ofensa en intercesión mediante la acción del Espíritu Santo.4

Enseñanza magisterial de la Iglesia Católica

La Iglesia ha desarrollado esta doctrina a lo largo de los siglos, integrándola en su catequesis y liturgia.

El Catecismo de la Iglesia Católica y los catecismos históricos

El CCC 1933 afirma que el amor al prójimo se extiende a los enemigos, incompatible con el odio personal, aunque no con el rechazo del mal que cometen.1 El Catecismo del Concilio de Trento insiste en que la ley natural y el Evangelio exigen perdonar como deseamos ser perdonados, citando Lucas 17,3-4: «Si tu hermano peca contra ti, repréndele; y si se arrepiente, perdónale».6

En el sacramento de la Penitencia, el perdón de las injurias recibidas es condición para la contrición perfecta.7

Magisterio pontificio reciente

Papa Francisco, en su audiencia del 21 de septiembre de 2016, declara: «¡El cristiano debe perdonar! Porque ha sido perdonado». Condenar al hermano rompe la fraternidad y rechaza la misericordia divina; en cambio, el perdón recupera la dignidad filial.8

Estos documentos enfatizan que el perdón no ignora el pecado, sino que lo corrige con caridad, promoviendo la conversión.

Tradición patrística y escolástica

Los Padres de la Iglesia y teólogos medievales profundizan en esta virtud.

Testimonios de los Santos Padres

San Juan Crisóstomo urge: «Si perdonáis a vuestros enemigos, seréis perdonados». Recomienda reconciliarse incluso con quien nos ofende injustamente, pues el perdón borra pecados sin ayunos ni cilicios.9 San Ambrosio enseña que el perdón debe seguir a la reprensión fraterna, evitando tanto la dureza como la permisividad.3

San Alfonso de Ligorio relata ejemplos como San Ambrosio, quien dio limosna diaria a su asesino, ilustrando la imitación de Dios.10

La visión de Santo Tomás de Aquino

En su Catena Aurea, Aquino recopila comentarios que ven el número siete como símbolo de totalidad: perdonar siempre al penitente, como Dios descansa en el séptimo día.3 En la explicación del Padre Nuestro, insiste en perdonar para ser perdonados, distinguiendo perdón perfecto (buscar al ofensor) y común (concederlo al que lo pide).2

Práctica del perdón en la vida cristiana

Perdonar al que nos ofende requiere pasos concretos, equilibrando justicia y misericordia.

Condiciones para un perdón auténtico

Obstáculos y remedios

El rencor, la justicia humana o el trauma dificultan el perdón. La Iglesia propone:

En la vida cotidiana, actos como visitar al enfermo enemigo o rezar por él concretan este mandato.

AspectoEjemplo evangélicoAplicación práctica
Perdón inicialSiervo inhumano (Mt 18)Reprender con mansedumbre
Perdón repetidoSetenta veces siete (Mt 18)No guardar rencor diario
Perdón a enemigosAmar al enemigo (Mt 5)Orar por perseguidores
Fruto espiritualMisericordia divinaLiberación interior8

Frutos espirituales y escatológicos del perdón

Perdonar genera bienaventuranza: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia» (Mt 5,7). Libera del odio, restaura la paz interior y abre a la comunión eterna.2

En la Doctrina social, fomenta la reconciliación social, como en conflictos familiares o nacionales.

Conclusión

El perdón al que nos ofende no es opción, sino exigencia del discipulado cristiano, reflejo del amor crucificado de Cristo. Imitando al Padre misericordioso, los católicos transforman el mundo mediante la gracia del Espíritu. Que esta virtud, nutrida por la oración y los sacramentos, nos lleve a la santidad prometida.

Citas

  1. Sección I vida de vocación del hombre en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1933 (1992). 2 3

  2. Petición 5 – ¿Qué debemos hacer? , Tomás de Aquino. Explicación del Padrenuestro. 2 3 4 5

  3. Capítulo XVII, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Lucas, § 2 (1272). 2 3 4 5

  4. Sección II del Padrenuestro, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2842 (1992). 2 3

  5. Parte II – La oración de la iglesia – IV. La oración personal del cristiano – C. El «Padre nuestro», Sínodo de la Iglesia Católica Ucraniana Griega. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo – Nuestro Pascha, § 680 (2016).

  6. El Padrenuestro – La quinta petición: «perdad nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” – Necesidad del perdón, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, §El Padrenuestro – La quinta petición: “perdad nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

  7. Los sacramentos – Penitencia o confesión – Perdón de las injurias, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, §Los sacramentos – Penitencia o confesión.

  8. B30. Misericordioso como el padre (cf Lc 6:36‑38), Papa Francisco. Audiencia General del 21 de septiembre de 2016: 30. Misericordioso como el Padre (cf Lc 6:36‑38) (2016). 2

  9. Juan Crisóstomo. «Si tu enemigo tiene hambre, aliméntalo», § 7 (386).

  10. Alfonso de Liguori. Sermones sobre varios temas, § 98 (1845).