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Pérgamo

Pérgamo fue una antigua ciudad de Misia, en Asia Menor, célebre por su importancia política, cultural y religiosa. En el cristianismo ocupa un lugar singular por la carta dirigida a su Iglesia en el Apocalipsis, donde Cristo elogia la fidelidad de los creyentes, denuncia la corrupción doctrinal y promete la «manna escondida» y una piedra blanca con un nombre nuevo.1,2

Temple of Trajan, Pergamon 01
Ver información de la imagenColumnas en el Templo de Trajano, Pérgamo, Turquía, c. 2014. Original, Bernard Gagnon, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePérgamo
CategoríaCiudad santa
DescripciónAntigua ciudad helenística de Misia, Asia Menor, famosa por su capital, biblioteca y altar de Zeus, y por la carta a su iglesia en el Apocalipsis. Representa la tensión entre la fe cristiana y la presión de cultos paganos y autoridades imperiales, sirviendo de modelo para la Iglesia universal
Contexto BíblicoDestinataria de la segunda carta del Apocalipsis (Ap 2:12-17), donde se elogia su fidelidad y se advierten doctrinas erróneas y prácticas idolátricas.
Contexto HistóricoCapital del reino de los atálidas desde ca. 281 a.C., incorporada al Imperio romano en 133 a.C.; notable centro político, cultural y artístico.
Importancia EclesialSede episcopal desde el siglo II, con obispos que participaron en varios concilios ecuménicos; ejemplo patrístico de las siete iglesias del Apocalipsis.
Importancia HistóricaCentro cultural del Asia Menor helenístico; desarrollo del pergamino y cuna de Galeno, influyente médico de la Antigüedad.
PaísTurquía
TipoCiudad santa, Asia Menor
UbicaciónRío Selino, noroeste de Asia Menor, actual Turquía

Tabla de contenido

Situación geográfica

Pérgamo estaba situada junto al río Selino, en la región noroccidental de Asia Menor, la actual Turquía. La ciudad dominaba una zona fértil y disfrutaba de una posición estratégica que favoreció su desarrollo político, comercial y religioso.1

La tradición antigua relacionó su origen con colonos arcadios, aunque los historiadores griegos confundieron en ocasiones Pérgamo con la distante Teutrania y elaboraron relatos legendarios sobre sus comienzos. Jenofonte ofrece una de las primeras referencias históricas a la ciudad.1

Historia de la ciudad

El reino de Pérgamo

Pérgamo adquirió verdadera relevancia después de que Lisímaco, rey de Tracia, tomara posesión de ella en el año 301 antes de Cristo. Su lugarteniente Filetero amplió la ciudad y la convirtió en la capital del reino independiente que comenzó a consolidarse hacia el año 281 antes de Cristo.1

Filetero legó sus posesiones a su sobrino Eumenes I, que gobernó entre los años 263 y 241 antes de Cristo. Después recibió la corona Átalo I, cuyo reinado se extendió entre los años 241 y 197 antes de Cristo. La mayor prosperidad llegó bajo Eumenes II, que reinó entre los años 197 y 159 antes de Cristo.1

Durante este periodo, Pérgamo destacó por sus construcciones monumentales, su biblioteca y su escuela de escultura. Eumenes II levantó un gran altar de mármol decorado con escenas de la lucha entre los dioses y los gigantes. Sus restos escultóricos alcanzaron gran fama en la arqueología moderna.1

Incorporación al Imperio romano

Átalo III legó su reino a Roma al morir en el año 133 antes de Cristo. Aristónico, hijo natural de Eumenes II, intentó restaurar la monarquía, pero fue capturado en el año 129 antes de Cristo. Roma incorporó entonces el territorio al Imperio bajo el nombre de Asia Proconsular o Asia romana.1

Pérgamo conservó, sin embargo, una notable importancia urbana y cultural. La tradición vincula con la ciudad el perfeccionamiento del pergamino, material de escritura fabricado a partir de piel animal. También nació allí Galeno, uno de los médicos más influyentes de la Antigüedad.1

Pérgamo en el Nuevo Testamento

La Iglesia de Pérgamo en el Apocalipsis

El libro del Apocalipsis dirige una de sus siete cartas a la Iglesia de Pérgamo. Cristo aparece como aquel que posee «la espada aguda de dos filos», imagen de la autoridad penetrante de la palabra divina y del juicio sobre el mal.2

La carta reconoce la fidelidad de los cristianos de Pérgamo en un contexto hostil:

«Conozco dónde habitas: allí donde está el trono de Satanás; y mantienes firme mi nombre y no has renegado de mi fe».2

La comunidad había permanecido unida a Cristo incluso durante la persecución que acabó con la vida de Antipas, presentado como «mi testigo fiel». El texto no ofrece más datos históricos sobre este mártir, pero lo sitúa como ejemplo de fidelidad cristiana en una ciudad marcada por la presión religiosa y política.2

Las faltas denunciadas

La alabanza no elimina la corrección. El autor del Apocalipsis reprocha a algunos miembros de la comunidad su adhesión a la doctrina de Balaam y a la de los nicolaítas. La referencia a Balaam procede de la tradición bíblica sobre quienes inducen a Israel a participar en banquetes idolátricos y en prácticas sexuales contrarias a la alianza.2

La denuncia afecta, por tanto, a la relación entre fe cristiana, culto pagano y conducta moral. El problema no consiste únicamente en una formulación doctrinal equivocada: también incluye la aceptación práctica de comportamientos incompatibles con la pertenencia a Cristo.

Cristo llama a la conversión y amenaza con enfrentarse a los culpables mediante «la espada» de su boca. La imagen expresa la eficacia de su palabra judicial, capaz de desenmascarar el error y separar la fidelidad de la infidelidad.2

El «trono de Satanás»

Interpretación bíblica

El «trono de Satanás» constituye una de las expresiones más enigmáticas de la carta a Pérgamo. Dentro del lenguaje del Apocalipsis, Satanás representa la oposición al reinado de Dios y a la fidelidad de los discípulos de Jesucristo. La expresión describe, ante todo, un ambiente en el que las fuerzas religiosas, políticas y sociales contrarias al Evangelio ejercían una presión particularmente intensa.

El pasaje no identifica de manera explícita el «trono» con un edificio concreto. El sentido principal procede del conjunto de la carta: los cristianos viven en un lugar donde la hostilidad contra Cristo alcanza una intensidad notable, pero conservan su confesión de fe incluso después del martirio de Antipas.2

El contexto del culto imperial

Pérgamo poseía una destacada presencia de cultos oficiales y monumentos religiosos. Como ciudad importante de Asia Menor bajo dominio romano, participaba en el marco político-religioso que vinculaba la lealtad al emperador con expresiones públicas de culto y honor.

Este contexto ayuda a comprender la fuerza simbólica de la carta. La comunidad cristiana no afrontaba solamente la existencia de templos paganos, sino también la exigencia de reconocer un orden religioso y político que podía entrar en conflicto con la confesión de que Jesucristo es el Señor.

La relación entre el «trono de Satanás» y el culto imperial resulta, por tanto, plausible en el contexto histórico, pero el texto bíblico no ofrece una identificación arqueológica inequívoca. Una interpretación responsable debe mantener unidos ambos aspectos: la dimensión teológica del pasaje y el ambiente religioso de la ciudad, sin convertir una hipótesis histórica en una afirmación explícita del Apocalipsis.

El altar de Zeus y su simbolismo

El dato arqueológico

Pérgamo poseía un monumental altar dedicado a Zeus, construido durante la época de mayor esplendor del reino. El altar estaba adornado con un friso que representaba la batalla entre los dioses y los gigantes, motivo mitológico conocido como gigantomaquia.1

La arqueología permite reconocer la importancia política, artística y religiosa de este monumento. Su tamaño y ornamentación manifestaban el poder de la ciudad y la grandeza de su tradición cultural.

La interpretación cristiana

La tradición cristiana y numerosos intérpretes han relacionado el altar de Zeus con el «trono de Satanás». La asociación resulta comprensible por la monumentalidad del altar y por el carácter intensamente religioso de Pérgamo. Sin embargo, conviene distinguir cuidadosamente entre el monumento arqueológico y el símbolo teológico del Apocalipsis.

El texto bíblico no dice que el «trono de Satanás» fuese el altar de Zeus. La expresión puede abarcar el conjunto de poderes religiosos y políticos que dificultaban la fidelidad cristiana. El altar constituye un posible referente visual o contextual, pero no agota el significado de la carta. Reducir el símbolo a una identificación arquitectónica empobrece su alcance espiritual: el Apocalipsis denuncia toda estructura de poder que pretende ocupar el lugar de Dios y someter la conciencia de los creyentes.

La comunidad cristiana de Pérgamo

Antipas

Antipas aparece en el Apocalipsis como mártir y «testigo fiel» de Cristo. La carta lo presenta como un miembro de la comunidad que murió en Pérgamo durante un periodo de oposición religiosa. Su figura encarna la perseverancia cristiana ante la presión social y política.2

La tradición posterior identificó a Antipas como obispo de Pérgamo y le atribuyó un martirio especialmente cruel, aunque el pasaje bíblico únicamente confirma su condición de testigo fiel y su muerte en la ciudad.2

Otros mártires

Eusebio de Cesarea recuerda a los mártires Carpo, Papilo y Agatónica, ejecutados en marzo del año 250. La existencia de una comunidad cristiana numerosa en Pérgamo durante el siglo III muestra que la Iglesia local había adquirido una presencia social considerable.1

La tradición cristiana también relaciona con Pérgamo a Átalo, mártir de Lyon durante el reinado de Marco Aurelio. Estos testimonios reflejan la conexión entre las Iglesias de Asia Menor y las comunidades cristianas de otras regiones del Imperio.1

Las siete Iglesias de Asia

Sentido bíblico

Las siete Iglesias del Apocalipsis son Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. El número siete posee en la Biblia un valor de plenitud, por lo que las cartas se dirigen históricamente a comunidades concretas y, al mismo tiempo, ofrecen un mensaje para la Iglesia en su totalidad.

El propio simbolismo del libro relaciona las siete Iglesias con siete candeleros y sus ángeles con siete estrellas. La interpretación cristiana antigua discutió el sentido de esos «ángeles»: Orígenes los entendió como ángeles custodios de las Iglesias, mientras que san Epifanio y san Agustín los interpretaron en relación con sus responsables episcopales.3

Modelo para la Iglesia universal

La tradición patrística leyó las siete cartas como un examen espiritual de la Iglesia. Cada comunidad representa una situación eclesial posible: la pérdida del fervor, la persecución, la tolerancia de errores, la corrupción moral, la debilidad, la perseverancia o la tibieza.

Desde esta perspectiva, Pérgamo no constituye únicamente un episodio local de la historia cristiana. Su Iglesia ofrece un modelo para la Iglesia universal porque combina fidelidad heroica y necesidad de conversión. La comunidad conserva el nombre de Cristo y honra el testimonio de un mártir, pero algunos miembros toleran doctrinas y prácticas incompatibles con el Evangelio. La carta recuerda que la Iglesia debe resistir la persecución externa y, al mismo tiempo, discernir los errores que pueden introducirse dentro de ella.2,3

Este carácter ejemplar explica la permanencia de las siete Iglesias en la interpretación patrística y en la predicación cristiana. Sus nombres designan Iglesias reales, pero también representan las diversas condiciones espirituales que pueden aparecer en cualquier época.

Las promesas a los vencedores

La carta concluye con una promesa dirigida a quien venza. Cristo promete la «manna escondida» y una piedra blanca con un nombre nuevo, conocido únicamente por quien la recibe.2

La manna escondida evoca el alimento concedido por Dios a Israel en el desierto y adquiere en el cristianismo un sentido de alimento celestial y comunión con Dios. El nombre nuevo expresa una identidad renovada, otorgada por Cristo a quien permanece fiel. La piedra blanca puede aludir a una señal de aceptación, victoria o pertenencia, aunque el texto no determina un único significado.

La promesa contrasta con los alimentos sacrificados a los ídolos mencionados al comienzo de la carta. Frente a la participación en banquetes idolátricos, Cristo ofrece el alimento verdadero; frente a la identidad pública impuesta por la ciudad y sus cultos, concede un nombre nuevo que procede de Dios.2

Pérgamo como sede episcopal

Pérgamo fue una sede episcopal sufragánea de Éfeso hasta el siglo XII. Más tarde alcanzó rango metropolitano, aunque posteriormente volvió a figurar como diócesis. La documentación antigua conserva los nombres de diversos obispos vinculados a la ciudad.1

Entre ellos aparecen Teódoto, activo hacia el año 150 contra la secta gnóstica de los colorbasianos; Eusebio, presente en los concilios de Sárdica y Filipópolis en el año 344; Eusebio o Draconcio, relacionado con las controversias del siglo IV; Felipe, participante en el Concilio de Éfeso del año 431; y Teodoro, presente en el sexto Concilio Ecuménico del año 681. También figuran Basilio en el segundo Concilio de Nicea, Metodio en el cuarto Concilio de Constantinopla y otros obispos medievales.1

La continuidad de estos obispos muestra que Pérgamo no fue únicamente un escenario del cristianismo apostólico y martirial. La ciudad conservó una estructura eclesial activa durante muchos siglos y participó en la vida doctrinal y conciliar de la Iglesia.

Significado teológico

Pérgamo representa la tensión entre la confesión cristiana y un ambiente social que puede exigir lealtades incompatibles con el Evangelio. Cristo no censura a toda la comunidad por vivir en una ciudad pagana; al contrario, reconoce la firmeza de quienes permanecen fieles. La censura aparece cuando algunos cristianos aceptan prácticas idolátricas y comportamientos inmorales.

La carta ofrece así tres enseñanzas principales:

  • La fidelidad cristiana puede exigir resistencia, incluso hasta el martirio.
  • La pertenencia exterior a la Iglesia no basta cuando una comunidad tolera doctrinas y conductas contrarias a Cristo.
  • La conversión permanece abierta: la reprensión de Jesús busca restaurar la fidelidad, no destruir a la comunidad.

Pérgamo continúa siendo una imagen de la Iglesia que vive en medio de una cultura poderosa, refinada y religiosamente plural. Su testimonio recuerda que la Iglesia debe dialogar con el mundo sin adoptar sus idolatrías, y que el discernimiento cristiano debe abarcar tanto las persecuciones abiertas como las formas más sutiles de acomodación.

Legado cristiano

La memoria de Pérgamo reúne historia antigua, patrimonio arqueológico y teología bíblica. La ciudad fue capital de un reino helenístico, centro artístico y cultural, sede de cultos prestigiosos y, finalmente, una comunidad cristiana marcada por el martirio y la controversia doctrinal.

En el Apocalipsis, Pérgamo simboliza el lugar donde la Iglesia vive bajo presión, pero también el espacio en el que la fidelidad puede brillar con mayor claridad. Antipas representa el testimonio hasta la muerte; la carta representa la corrección pastoral; la piedra blanca y la manna escondida representan la recompensa de quienes perseveran.

Por ello, Pérgamo ocupa un lugar permanente en la reflexión católica sobre la Iglesia, el martirio, la idolatría, el discernimiento y la esperanza cristiana.

Citas y referencias

  1. Pergamo. Enciclopedia Católica, Pergamo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Apocalipsis 2:12-2:17 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  3. Ángeles de las Iglesias. Enciclopedia Católica, Ángeles de las Iglesias (1913). 2
Modificado el 7 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.92Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/cv258kshk

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