El término perjurio proviene del latín per (a través) y jurare (jurar), significando literalmente «jurar falsamente»1. En esencia, el perjurio es un juramento en el que se invoca el nombre divino para atestiguar una falsedad2. Implica una afirmación bajo juramento de algo que se sabe que es falso o una promesa bajo juramento que no se tiene intención de cumplir o que se viola3,4,5. Este acto es una grave falta de respeto hacia Dios, quien es la Verdad misma y siempre fiel a Sus promesas4,5.
Orígenes Lingüísticos y Conceptuales
La comprensión del perjurio se arraiga en la concepción del juramento como un acto de adoración, que implica reconocer la omnisciencia e infalibilidad de Dios como testigo de la verdad1. Por lo tanto, invocar el testimonio divino para confirmar una falsedad es especialmente criminal1. El Catecismo de la Iglesia Católica lo describe como una declaración contraria a la verdad hecha públicamente y bajo juramento, lo que agrava su seriedad6.
