La enciclopedia católica en español

Persecución a los cristianos en la actualidad

La persecución a los cristianos en la actualidad comprende el conjunto de agresiones, discriminaciones, restricciones jurídicas, actos de violencia y presiones sociales que padecen personas y comunidades cristianas a causa de su fe. El fenómeno adopta formas muy distintas: desde el asesinato, la tortura y el desplazamiento forzoso hasta la prohibición del culto, la destrucción de iglesias, la prisión arbitraria, la exclusión educativa o laboral y la imposición de una muerte civil. Para la Iglesia católica, esta realidad constituye una grave violación de la libertad religiosa y de la dignidad humana, pero también posee una dimensión teológica: el sufrimiento de los cristianos por causa del Evangelio participa del camino de la cruz y de la Pasión de Cristo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePersecución a los cristianos en la actualidad
CategoríaEvento
DescripciónConjunto de agresiones, discriminaciones, restricciones jurídicas y violencia que sufren personas y comunidades cristianas en el mundo actual. La persecución a los cristianos en la actualidad engloba homicidios, torturas, desplazamientos forzosos, prohibición del culto, destrucción de iglesias, prisión arbitraria, exclusión educativa y laboral, y muerte civil. La Iglesia católica la ve como una grave violación de la libertad religiosa y de la dignidad humana, con una dimensión teológica que la vincula al camino de la cruz y al martirio cristiano
CausasExtremismo religioso, conflictos étnicos, nacionalismo excluyente, guerras civiles, terrorismo, autoritarismo, corrupción judicial, pobreza extrema, disputa por tierras y recursos, manipulación política de la religión.
ConsecuenciasAsesinatos, torturas, desplazamiento interno y exilio, destrucción del patrimonio religioso, interrupción de la educación, empobrecimiento, trauma psicológico, reducción de vocaciones, debilitamiento de estructuras parroquiales y desaparición de comunidades cristianas.
ContextoSe manifiesta en Asia, África, Oriente Medio, Tierra Santa y también en sociedades occidentales; combina violencia física con mecanismos administrativos, judiciales y sociales.
Contexto HistóricoFenómeno del siglo XXI, con datos destacados en 2025-2026.
EstadísticasMás de 380 millones de cristianos percibidos como perseguidos en niveles altos o extremos en enero de 2026.
ImportanciaConsiderada una grave violación de la libertad religiosa y la dignidad humana; tiene una dimensión teológica como participación en la Pasión de Cristo y exige respuesta pastoral, orante y de defensa jurídica por parte de la Iglesia.
ObservacionesPapeles de los papas Francisco, León XIV, Benedicto XVI y Juan Pablo II; la Santa Sede promueve oración, defensa de la libertad religiosa, ayuda humanitaria, y diálogo interreligioso.
TipoPersecución

Tabla de contenido

Concepto y alcance

La persecución religiosa consiste en una acción organizada o sistemática destinada a castigar, silenciar, expulsar o someter a una persona o comunidad por su pertenencia religiosa o por la manifestación pública de su fe. En el caso cristiano, la causa inmediata puede ser la confesión de Jesucristo, la pertenencia a una Iglesia, la participación en el culto, la actividad misionera o la defensa de convicciones morales derivadas del Evangelio.

La persecución no siempre adopta la forma de una campaña abierta contra todos los cristianos de un país. También puede afectar a determinados grupos -por ejemplo, sacerdotes, religiosos, catequistas, conversos, comunidades minoritarias o defensores de la libertad religiosa- y combinar violencia física con mecanismos administrativos, judiciales o sociales.

La Santa Sede distingue, en la práctica, entre persecución, discriminación, intolerancia y violencia. Las cuatro realidades lesionan la libertad religiosa, aunque no posean la misma intensidad. La discriminación puede impedir el acceso a un empleo o a la educación; la intolerancia puede traducirse en hostigamiento o campañas de desprestigio; la persecución añade una voluntad de castigo o sometimiento por motivos religiosos; y la violencia culmina en agresiones, secuestros, torturas, atentados o asesinatos.1

La libertad religiosa como derecho fundamental

La Iglesia católica entiende la libertad religiosa como un derecho inherente a la dignidad de la persona humana, no como una concesión revocable del poder político. La persona busca la verdad sobre su origen, su destino y el sentido de su existencia; por eso necesita libertad para profesar su religión y ordenar su vida conforme a sus convicciones.2

La libertad religiosa incluye más que la posibilidad de mantener una creencia privada. Comprende también:

  • La libertad de conciencia.
  • La profesión pública de la fe.
  • El culto individual y comunitario.
  • La educación religiosa.
  • La organización de comunidades.
  • La celebración de los sacramentos.
  • La transmisión de la fe a los hijos.
  • La asistencia religiosa.
  • La manifestación de las consecuencias morales de la propia religión.

El papa Francisco recordó que la libertad religiosa permite vivir, tanto en privado como en público, de acuerdo con los principios éticos que la persona reconoce como verdaderos. Por ello, una sociedad vulnera este derecho no solo cuando prohíbe el culto, sino también cuando castiga injustamente a quienes actúan conforme a su conciencia religiosa.2

La Iglesia defiende esta libertad para todas las personas y todas las comunidades religiosas. La defensa de los cristianos perseguidos no autoriza la hostilidad contra otras religiones ni convierte el sufrimiento cristiano en una justificación para la violencia. El papa León XIV ha reiterado que la petición de libertad para el culto cristiano debe ir acompañada de la misma exigencia para las demás comunidades religiosas.3

Principales formas de persecución

Violencia física y asesinatos

La forma más extrema de persecución consiste en matar a una persona por su fe cristiana. Los asesinatos pueden producirse durante atentados contra iglesias, ataques contra aldeas cristianas, secuestros, acciones de grupos armados o campañas de limpieza religiosa.

La violencia también incluye las lesiones, la tortura, la violencia sexual, la mutilación, los secuestros y la destrucción de viviendas. Las comunidades atacadas afrontan con frecuencia la pérdida simultánea de familiares, bienes, lugares de culto y medios de subsistencia.

Benedicto XVI describió un amplio arco de sufrimientos contemporáneos que va desde la discriminación social hasta la prisión, la tortura y la muerte. El mismo mensaje recordó que numerosos misioneros y miembros de Iglesias locales entregan la vida por anunciar el nombre de Cristo.4

Atentados contra iglesias y lugares sagrados

Los templos cristianos poseen una importancia religiosa, cultural y comunitaria. Un ataque contra una iglesia no solo causa daños materiales: pretende interrumpir la celebración de la liturgia, intimidar a los fieles y expulsar la presencia cristiana del espacio público.

Los ataques pueden producirse durante la celebración de la Eucaristía, en fiestas litúrgicas o contra peregrinos y personas reunidas para la oración. También afectan a conventos, seminarios, escuelas, hospitales, centros de asistencia y viviendas de familias cristianas.

La destrucción de un edificio sagrado puede obligar a una comunidad a celebrar los sacramentos en lugares improvisados o a abandonar una región entera. En estos casos, la agresión contra la libertad religiosa se combina con la expulsión de la población y la ruptura de la vida comunitaria.

Prisión, tortura y expulsión

Los cristianos perseguidos pueden sufrir detenciones sin garantías procesales, condenas por blasfemia, encarcelamientos por evangelizar o expulsiones de su localidad y de su país. Algunos gobiernos utilizan leyes de seguridad, normas sobre conversión religiosa o disposiciones contra la supuesta alteración del orden público para castigar la expresión de la fe.

La expulsión destruye vínculos familiares, parroquiales y económicos. Cuando afecta a sacerdotes, religiosos o misioneros, puede dejar a comunidades enteras sin asistencia pastoral. Juan Pablo II recordó que las persecuciones contemporáneas conservan elementos de las antiguas -como la prisión, el exilio y la deportación-, pero incorporan formas menos visibles de exclusión social.1

Discriminación jurídica y social

La discriminación puede aparecer en leyes que reservan determinados cargos públicos a miembros de una religión, limitan la construcción o reparación de iglesias, restringen la educación cristiana o impiden la inscripción legal de comunidades.

También puede expresarse mediante:

  • Exclusión del empleo.
  • Obstáculos para acceder a la universidad.
  • Confiscación de propiedades.
  • Desigualdad ante los tribunales.
  • Negativa de servicios públicos.
  • Vigilancia policial selectiva.
  • Restricciones para celebrar fiestas religiosas.
  • Prohibición de portar símbolos cristianos.
  • Presión para abandonar la propia fe.

La Iglesia denomina muerte civil a ciertas situaciones en las que la persona conserva la vida física, pero queda privada de participación normal en la sociedad. Esta forma de persecución puede resultar menos visible que un asesinato, aunque destruya progresivamente la capacidad de la persona para trabajar, estudiar, desplazarse o vivir con seguridad.1

Coacción contra conversos

Los cristianos convertidos desde otra religión afrontan a menudo una presión especial. Sus familias pueden repudiarlos, las autoridades pueden negarles protección y los grupos radicales pueden considerarlos traidores. En algunos lugares, la conversión provoca amenazas, divorcios forzosos, secuestros o expulsiones.

La coacción puede dirigirse también contra mujeres y menores, mediante matrimonios forzados, violencia sexual o imposición de la pertenencia religiosa familiar. Una homilía de la Santa Sede dedicada al beato Teresio Olivelli describió estas prácticas junto con los arrestos sin juicio, los despidos arbitrarios y la privación del acceso a la educación y a la atención sanitaria.5

Hostilidad ideológica y presión sobre la conciencia

En sociedades formalmente libres, la persecución puede adoptar una forma indirecta cuando la persona cristiana pierde la posibilidad de actuar conforme a su conciencia. La presión aparece, por ejemplo, cuando una institución obliga a realizar actos que contradicen convicciones religiosas profundas y castiga toda objeción.

León XIV ha defendido la objeción de conciencia como una posibilidad legítima de rechazar obligaciones legales o profesionales incompatibles con principios morales, éticos o religiosos arraigados. El Papa la presenta no como una rebelión contra la sociedad, sino como una forma de fidelidad a la conciencia, dentro de un orden jurídico que debe proteger la dignidad personal.3

La Iglesia distingue esta defensa de la conciencia de cualquier pretensión de imponer la fe mediante la fuerza. La libertad religiosa protege la búsqueda y la manifestación de la verdad, pero exige al mismo tiempo respeto por la libertad de los demás y rechazo de toda violencia.

Regiones y contextos de mayor sufrimiento

La persecución contemporánea no se concentra en un único continente ni responde a una sola causa. Los documentos pontificios han llamado especialmente la atención sobre comunidades cristianas de Asia, África, Oriente Medio y Tierra Santa, donde confluyen conflictos armados, extremismo religioso, autoritarismo, nacionalismos excluyentes y debilidad institucional.6

Conflictos armados y extremismo religioso

Las guerras agravan la vulnerabilidad de las minorías cristianas. Los grupos armados pueden presentar a los cristianos como aliados de una potencia extranjera, enemigos de una identidad religiosa dominante o impedimentos para controlar un territorio.

El terrorismo religioso suele atacar iglesias, procesiones, escuelas y centros de ayuda. También pretende provocar represalias entre comunidades, romper la convivencia y convertir la religión en un instrumento de guerra. León XIV ha condenado la violencia motivada por razones religiosas en Bangladesh, el Sahel, Nigeria, Mozambique y Siria, entre otros lugares.3

Autoritarismo y nacionalismo religioso

Los regímenes autoritarios pueden tolerar el culto privado y, al mismo tiempo, impedir la organización pública de los cristianos. La vigilancia, la censura, la confiscación de bienes y la prohibición de actividades pastorales forman parte de este modelo.

El nacionalismo religioso añade otra forma de exclusión: identifica la pertenencia a la nación con la pertenencia a una religión determinada. En ese contexto, los cristianos aparecen como ciudadanos de segunda categoría, aunque formen parte histórica de la población. El nacionalismo religioso puede darse tanto en contextos de mayoría musulmana como en ambientes donde predominan otras tradiciones religiosas.

Hostilidad en sociedades occidentales

La persecución no pertenece únicamente a países donde existe violencia armada. En Europa y en otros países occidentales, la hostilidad contra los cristianos puede manifestarse mediante prejuicios, ridiculización de la fe, exclusión de determinadas convicciones del debate público o restricciones desproporcionadas a la libertad de conciencia.

La Santa Sede ha pedido que Europa supere la hostilidad y el prejuicio contra quienes orientan su vida según el Evangelio, y ha vinculado la libertad religiosa con la posibilidad de un diálogo sincero y con la recuperación crítica de las raíces cristianas de la cultura europea.6

Causas de la persecución

La persecución a los cristianos suele tener causas múltiples. Raramente responde a un único factor religioso aislado. Entre los principales elementos aparecen:

  • El extremismo religioso.
  • Los conflictos étnicos.
  • El nacionalismo excluyente.
  • La guerra civil.
  • El terrorismo.
  • Los regímenes autoritarios.
  • La corrupción institucional.
  • La impunidad judicial.
  • La pobreza extrema.
  • La disputa por tierras y recursos.
  • La manipulación política de la religión.
  • El rechazo ideológico de la moral cristiana.

La religión puede funcionar como causa directa, como pretexto político o como elemento utilizado para intensificar una rivalidad preexistente. Por este motivo, el análisis cristiano de la persecución debe evitar tanto la reducción del fenómeno a una simple cuestión geopolítica como la atribución indiscriminada de toda violencia a una religión entera.

León XIV ha advertido contra el uso de las religiones para alimentar nacionalismos, etnocentrismos y guerras. La Iglesia considera que las religiones deben promover el encuentro y la fraternidad, no convertir a los seres humanos en enemigos.7

La dimensión estadística

Las cifras sobre la persecución varían según la definición empleada. Algunos recuentos incluyen solo los asesinatos cometidos por motivos explícitamente religiosos; otros incorporan la discriminación, la violencia contra propiedades, el desplazamiento y las restricciones jurídicas. Por ello, los datos no siempre resultan directamente comparables.

En enero de 2026, León XIV afirmó que la persecución contra los cristianos constituía una de las crisis de derechos humanos más extendidas del mundo y afectaba a más de 380 millones de creyentes sometidos a niveles altos o extremos de discriminación, violencia y opresión. El mismo discurso relacionó el agravamiento de la situación durante 2025 con los conflictos, los regímenes autoritarios y el extremismo religioso.3

Estas cifras deben interpretarse junto con la diversidad de las comunidades cristianas. La Iglesia católica contaba con más de 1.405 millones de fieles bautizados en junio de 2023, distribuidos por todos los continentes. África y Asia registraban entonces un crecimiento especialmente significativo del número de católicos, mientras Europa mantenía una evolución demográfica distinta.8

La amplitud mundial del cristianismo explica que la persecución adopte expresiones muy diferentes. Una comunidad pequeña en un país de mayoría religiosa distinta puede sufrir amenazas físicas; una Iglesia antigua puede afrontar restricciones administrativas; y un cristiano que vive en una sociedad democrática puede experimentar presión ideológica o discriminación laboral.

La teología del martirio

El martirio como participación en la Pasión de Cristo

Para la Iglesia católica, la persecución no constituye únicamente un problema sociopolítico. Cuando un cristiano sufre o muere por permanecer fiel a Jesucristo, su testimonio participa espiritualmente en la Pasión de Cristo.

Jesús preparó a sus discípulos para la persecución y vinculó el seguimiento cristiano con la cruz. La Iglesia nació en torno a la cruz de Cristo y, desde sus primeros tiempos, creció en medio de sufrimientos, encarcelamientos y martirios. Esta continuidad no significa que la persecución posea valor por sí misma, sino que Cristo puede transformar el sufrimiento padecido por amor en una ofrenda y en un testimonio de esperanza.1

El papa Francisco explicó que los mártires imitan a Cristo, que entregó su vida por la salvación del mundo. El martirio constituye, en palabras del Concilio Vaticano II citadas por el Papa, el don supremo y la prueba más elevada del amor.9

El significado de la palabra «mártir»

La palabra mártir procede del griego mártys, que significa «testigo». En los primeros tiempos del cristianismo, el término designaba a quien daba testimonio de la fe; con el tiempo, pasó a referirse principalmente a quien confirmaba ese testimonio con el derramamiento de su sangre.

La Iglesia no considera mártir a toda persona cristiana que muere durante un conflicto. El martirio exige una muerte sufrida por odio a la fe o por fidelidad a Cristo, junto con las condiciones espirituales y jurídicas que la Iglesia examina en los procesos de beatificación y canonización.

La tradición cristiana conserva los relatos de quienes perseveraron hasta el final. El Catecismo de la Iglesia Católica llama a las actas de los mártires «archivos de la verdad escritos con letras de sangre», porque testimonian la fidelidad de personas concretas ante la amenaza, la tortura y la muerte.10

El perdón a los perseguidores

El martirio cristiano no glorifica la venganza. La Iglesia propone el perdón de los perseguidores, siguiendo el ejemplo de Cristo y de san Esteban, que murió pidiendo a Dios misericordia para quienes lo apedreaban.

Francisco enseñó que los mártires transforman la violencia recibida en una prueba suprema de amor y que oran por sus perseguidores. Este perdón no elimina la exigencia de justicia ni dispensa a las autoridades de investigar los crímenes. Impide, sin embargo, que la víctima reproduzca el odio del agresor.9

El perdón cristiano tampoco equivale a olvidar el crimen o a negar el sufrimiento. La justicia debe proteger a las víctimas, reparar en lo posible los daños y evitar nuevas agresiones; la misericordia busca además la conversión del culpable.

El martirio de la vida cotidiana

Solo algunos cristianos reciben la llamada al martirio cruento, es decir, al martirio con derramamiento de sangre. Todos, en cambio, están llamados a confesar a Cristo con la vida, incluso cuando afrontan incomprensión, burlas, marginación o dificultades por actuar conforme al Evangelio.

Francisco afirmó que el testimonio cristiano cotidiano también participa de la lógica del martirio, porque entrega la propia vida a Dios y al prójimo. La fidelidad en la familia, en el trabajo, en la vida pública y en la comunidad eclesial constituye una forma ordinaria de testimonio.9

Actitud de la Iglesia católica

Oración y comunión con los perseguidos

La Iglesia considera que el sufrimiento de los cristianos perseguidos afecta a todo el Cuerpo de Cristo. León XIV recordó que, cuando un miembro sufre, todos los miembros sufren con él, y pidió que la comunidad cristiana no abandone a quienes padecen violencia, opresión o discriminación.11

La oración por los perseguidos ocupa un lugar central en la vida de la Iglesia. Incluye la súplica por los heridos, encarcelados, desplazados y secuestrados; la oración por los difuntos y sus familias; y la petición de conversión para los perseguidores.

La oración no sustituye la responsabilidad social. León XIV ha descrito la oración como una respuesta que transforma la conciencia y sostiene la responsabilidad ante la injusticia, no como una forma de ocultarse ante el sufrimiento.12

Defensa jurídica y diplomática

La Santa Sede pide a los gobiernos que reconozcan, garanticen y protejan la libertad religiosa mediante leyes justas y una aplicación imparcial de la justicia. La libertad religiosa favorece el respeto entre las confesiones y la colaboración entre las comunidades religiosas y el Estado, sin confundir sus funciones.2

La defensa diplomática incluye la denuncia de los asesinatos y atentados, la exigencia de investigaciones judiciales, la liberación de presos por motivos religiosos, la protección de las minorías y la garantía del regreso seguro de los desplazados.

La Iglesia también reclama que la libertad religiosa no quede reducida a una declaración constitucional sin consecuencias prácticas. El derecho debe proteger el culto, la educación, la organización comunitaria y la manifestación pública de la fe.

Ayuda humanitaria y reconstrucción

La asistencia a los cristianos perseguidos comprende alojamiento, alimentos, atención médica, apoyo psicológico, reconstrucción de viviendas y templos, educación para los niños y acompañamiento pastoral.

La ayuda debe evitar crear nuevas divisiones entre comunidades. La caridad cristiana atiende a las víctimas por su dignidad humana, sin convertir la asistencia en un instrumento de propaganda religiosa. El objetivo consiste en proteger a las personas, reconstruir la convivencia y favorecer el retorno de las poblaciones desplazadas cuando existan condiciones de seguridad.

Diálogo interreligioso

La Iglesia rechaza la identificación entre religión y violencia. El diálogo con otras comunidades religiosas busca aislar a los extremistas, proteger a las minorías y fomentar una cultura de paz.

León XIV ha presentado el diálogo interreligioso como una responsabilidad compartida por todos los creyentes. Las religiones deben enseñar a considerar a los demás como hermanos y no como enemigos, porque toda la humanidad forma una sola comunidad y todos los seres humanos poseen una dignidad común.7

El diálogo no exige ocultar las diferencias doctrinales. Requiere tratar esas diferencias sin violencia, respetar la conciencia ajena y cooperar en la defensa de la vida, la justicia, la libertad religiosa y la paz.

La Iglesia perseguida como signo de contradicción

La predicación cristiana puede entrar en conflicto con estructuras de pecado, sistemas totalitarios, nacionalismos excluyentes y formas de relativismo que consideran ilegítima toda afirmación moral fundada en la verdad.

La Iglesia llama a este fenómeno signo de contradicción. El Evangelio cuestiona la idolatría del poder, la absolutización del Estado, la violencia, la corrupción, la explotación y la reducción de la persona a instrumento político o económico.

Esta contradicción no permite a los cristianos considerarse superiores a los demás. El testimonio cristiano debe conservar la humildad, la caridad y el respeto por la libertad de quienes piensan de otra manera. La fidelidad a Cristo no autoriza la imposición de la fe ni la violencia contra otras personas.

Consecuencias pastorales y sociales

La persecución produce consecuencias que afectan a toda la comunidad:

  • Pérdida de vidas y de familias.
  • Desplazamiento interno y exilio.
  • Destrucción del patrimonio religioso.
  • Interrupción de la educación.
  • Empobrecimiento.
  • Trauma psicológico.
  • Reducción de las vocaciones sacerdotales y religiosas.
  • Debilitamiento de las estructuras parroquiales.
  • Desaparición de comunidades cristianas antiguas.
  • Aumento de la emigración.
  • Ruptura de la convivencia entre grupos religiosos.

Cuando una comunidad cristiana desaparece de una región, la pérdida no afecta únicamente a los bautizados. También desaparecen escuelas, hospitales, centros de asistencia, instituciones culturales y espacios de mediación social que muchas Iglesias mantienen al servicio de toda la población.

Las estadísticas de la Iglesia católica reflejan la amplitud mundial de su presencia educativa, sanitaria y asistencial. En 2022, las instituciones católicas gestionaban decenas de miles de centros educativos en distintos niveles, además de numerosas obras sociales y sanitarias.13

Valoración católica

La Iglesia católica considera la persecución a los cristianos como:

  1. Una ofensa contra la dignidad humana, porque castiga a la persona por su conciencia y su pertenencia religiosa.
  2. Una violación de la libertad religiosa, porque impide buscar, profesar, practicar y transmitir la fe.
  3. Una amenaza contra la paz, porque la discriminación y la violencia religiosa destruyen la confianza entre las comunidades.
  4. Una responsabilidad internacional, porque los Estados deben proteger a sus ciudadanos y perseguir los delitos.
  5. Una llamada a la solidaridad eclesial, porque todos los bautizados forman un solo cuerpo.
  6. Un lugar de testimonio cristiano, porque la fidelidad de los perseguidos manifiesta la fuerza de la gracia.
  7. Una participación en la Pasión de Cristo, cuando el sufrimiento nace de la fidelidad al Evangelio y se vive con esperanza y caridad.

La Iglesia no busca una protección exclusiva para los cristianos. Su doctrina exige libertad religiosa para todos, rechazo de toda violencia motivada por la religión y cooperación entre las comunidades para construir el bien común. La paz auténtica necesita libertad de religión, libertad de conciencia, libertad de expresión y respeto por las convicciones de los demás.11

Conclusión

La persecución a los cristianos actualmente presenta una realidad plural: asesinatos y atentados, prisión y tortura, expulsión y desplazamiento, discriminación jurídica, presión sobre la conciencia, destrucción de iglesias y exclusión social. Sus causas combinan extremismo religioso, guerras, autoritarismo, nacionalismo, pobreza e impunidad.

Para la Iglesia católica, la respuesta exige oración, defensa de la libertad religiosa, asistencia a las víctimas, diálogo interreligioso, justicia y perdón. La persecución no derrota a la Iglesia, aunque cause sufrimientos reales y pérdidas irreparables. El mártir, unido a Cristo, transforma la fidelidad en testimonio; y la comunidad cristiana, al acompañar a sus miembros perseguidos, hace visible que el sufrimiento de una parte afecta a todo el Cuerpo de Cristo.

Citas y referencias

  1. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: número 1, enero, 1984, 34 (1984). 2 3 4
  2. Papa Francisco. A los participantes de la Conferencia Internacional sobre «Libertad religiosa y el choque global de valores» (20 de junio de 2014), 1 (2014). 2 3
  3. A los miembros del cuerpo diplomático acreditado a la Santa Sede (9 de enero de 2026), Papa León XIV. Discurso del Papa León XIV a los miembros del cuerpo diplomático acreditado a la Santa Sede, 1 (2026). 2 3 4
  4. B4. Llamados a evangelizar incluso mediante el martirio, Papa Benedicto XVI. Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para el 83.o Domingo Mundial de la Misión, 4 (2009).
  5. Dicasterio de las Causas de los Santos. Teresio Olivelli: Homilía, 3 (2018).
  6. Libertad religiosa en el mundo, Congregación para la Doctrina de la Fe. 44.o Día Mundial de la Paz - LIBERTAD RELIGIOSA, EL CAMINO HACIA LA PAZ, 14 (2008). 2
  7. Reunión internacional por la paz, promocionada por la comunidad de Sant’Egidio (28 de octubre de 2025), Papa León XIV. Reunión Internacional por la Paz: Discurso de Su Santidad Papa León XIV en presencia de líderes religiosos, 1 (2025). 2
  8. Vaticano - Estadísticas de la Iglesia Católica 2025, Agencia Fides. Vaticano - Estadísticas de la Iglesia Católica 2025, 1 (2025).
  9. Catequesis. La pasión por la evangelización: el celo apostólico del creyente. 9. Testigos: los mártires, Papa Francisco. Audiencia General del 19 de abril de 2023 - Catequesis. La pasión por la evangelización: el celo apostólico del creyente. 9. Testigos: los mártires, 1 (2023). 2 3
  10. Capítulo dos: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Catecismo de la Iglesia Católica, 2474 (1992).
  11. A una delegación de «Ayuda a la Iglesia en Necesidad» (10 de octubre de 2025), Papa León XIV. Discurso del Papa León XIV a una delegación de «Ayuda a la Iglesia en Necesidad», 1 (2025). 2
  12. Sagrado rosario por la paz (11 de abril de 2026), Papa León XIV. Sagrado Rosario por la Paz (11 de abril de 2026), 1 (2026).
  13. Vaticano - Estadísticas de la Iglesia Católica 2024, Agencia Fides. Vaticano - Estadísticas de la Iglesia Católica 2024, 1 (2024).
Modificado el 14 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.44Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/gs1pn9pw2

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →