La doctrina católica es un cuerpo de verdades reveladas por Dios y transmitidas a través de la Sagrada Escritura y la Tradición, interpretadas auténticamente por el Magisterio de la Iglesia1. Esta doctrina no es un sistema cerrado, sino que está viva y se profundiza a lo largo del tiempo, aunque siempre manteniendo el mismo sentido y significado (eodem sensu eademque sententia)2,3,4. La verdad es una y eterna, no sujeta a las vicisitudes de los tiempos5.
El Magisterio de la Iglesia tiene la responsabilidad de custodiar y explicar este depósito de la fe6. Esto implica presentar la doctrina católica de manera clara e íntegra, evitando cualquier falso irenismo que pueda comprometer su pureza o oscurecer su sentido genuino7,8. La Iglesia busca enseñar la verdad, incluso si es impopular, y la capacidad de las personas para tomar en serio la fe depende de la solidez e inquebrantabilidad del contenido doctrinal9.
Dentro de la doctrina católica, existe una jerarquía de verdades, lo que significa que no todas las verdades tienen el mismo nivel de conexión con el fundamento de la fe cristiana8,10. Sin embargo, todas las verdades reveladas exigen la misma aceptación de fe8.

