La expresión pila de agua bendita designa tanto el recipiente como, en el uso corriente, el lugar donde los fieles encuentran agua bendecida al entrar en una iglesia. Su función inmediata consiste en guardar esa agua para la aspersión y otros usos devocionales. Históricamente, los recipientes de agua bendita se han clasificado en tres tipos: fijos, situados a la entrada de las iglesias; portátiles, empleados en aspersiones y ritos; y domésticos, destinados a conservar agua bendita en las casas.1
La pila cumple así una función práctica y otra simbólica. Facilita el acceso al agua bendecida y, por su ubicación habitual en el umbral del templo, invita a relacionar la entrada en la iglesia con la vida cristiana recibida en el bautismo. La tradición litúrgica vincula el agua con la regeneración bautismal y con la incorporación a Cristo; por ello, el agua bendita puede recordar a los fieles su pertenencia a la comunidad cristiana, aunque su uso no sustituye la celebración del bautismo.2,3

