La procreación como misión seria
La doctrina católica sitúa la transmisión de la vida en el marco de una responsabilidad libre y consciente de los esposos ante Dios. La encíclica Humanae Vitae afirma que la transmisión de la vida humana es «un papel muy serio» y que los esposos colaboran libremente y responsablemente con el Creador.
Intención y medios: no basta el motivo «bueno»
La moral católica distingue entre intenciones y medios. El Catecismo enseña que la regulación de los nacimientos es un aspecto de la paternidad y maternidad responsables, pero que «intenciones legítimas» por sí solas no justifican recurrir a medios moralmente inaceptables, como la esterilización directa o la anticoncepción.
El Catecismo añade que cuando se trata de armonizar el amor con la transmisión responsable de la vida, la moralidad no depende solo de una valoración subjetiva de motivos, sino de criterios objetivos que respeten el sentido total de la donación mutua y la procreación en el contexto del verdadero amor.
Continencia periódica y respeto del orden moral
Frente al rechazo de medios que impiden la concepción, el Magisterio contempla como moralmente conforme la continencia periódica, es decir, el uso de los periodos infecundos basado en la observación personal. El Catecismo afirma que estos métodos «respetan los cuerpos de los esposos», favorecen la ternura y ayudan a formar una libertad auténtica.
Además, Humanae Vitae enseña que si hay razones proporcionadas para espaciar los nacimientos, los esposos pueden usar los ciclos naturales y mantener relaciones conyugales solo durante los periodos infecundos, controlando la natalidad de un modo que no ofende los principios morales.
Lo que la Iglesia condena de manera intrínseca
Humanae Vitae declara que deben excluirse absolutamente como medios lícitos de regular el número de hijos la interrupción directa del proceso generativo ya iniciado y, sobre todo, el aborto directo, incluso por razones terapéuticas.
Asimismo, se condena cualquier acción «específicamente destinada a impedir la procreación» antes, durante o después de la relación sexual.
El texto insiste en que no es válido justificar una conducta deliberadamente contraceptiva alegando que sería un «mal menor». La Iglesia afirma el principio: no es lícito hacer el mal para que venga el bien.
Límites: el ser humano no puede disponer de funciones naturales como si fueran un recurso arbitrario
Humanae Vitae sostiene que existen límites que nadie puede traspasar legítimamente en el dominio sobre el propio cuerpo y las funciones naturales, límites impuestos por el respeto debido al organismo humano y a su naturaleza.