La enseñanza moral católica relaciona la licitud de un método con el momento en que actúa respecto al embrión humano:
- Un método es interceptivo si interfiere con el embrión antes de la implantación.
- Un método es contragestativo si provoca la eliminación del embrión una vez implantado.
Los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe aplican esta lógica a la RU-486: el fármaco funciona como contragestativo y encaja en el marco moral del aborto.
Implantación y efectividad del efecto biológico
La Iglesia no fundamenta su juicio solo en la intención declarada, sino también en el análisis del efecto biológico descrito. La instrucción afirma que los estudios científicos muestran que el efecto de impedir la implantación está presente con certeza, aunque ese hecho no implique que el resultado abortivo ocurra siempre cada vez que se utiliza el fármaco.
Esa matización no suaviza el juicio moral. La misma instrucción sostiene que quien busca impedir la implantación de un embrión que podría haberse concebido, y por ello solicita o prescribe el medicamento, pretende aborto.
Retraso menstrual y contragestación
Cuando una contragestación se vincula a un retraso menstrual, la instrucción detalla el punto clave: el objetivo declarado puede consistir en «restablecer la menstruación», pero el resultado real corresponde a la interrupción de un embarazo ya implantado.
El texto eclesial define el aborto como el «asesinato deliberado y directo» de un ser humano en la fase inicial de su existencia, desde la concepción hasta el nacimiento, y concluye que el uso de medios interceptivos y contragestativos cae en el pecado de aborto y reviste gravedad moral.