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Plegaria eucarística I (Canon Romano)

La Plegaria eucarística I, conocida tradicionalmente como Canon Romano, constituye la principal plegaria eucarística de la tradición litúrgica romana. Su estructura reúne la acción de gracias, la invocación de la Iglesia, la memoria del sacrificio de Cristo, la consagración, la intercesión por vivos y difuntos y la glorificación final de Dios.

Missale romanum1962
Ver información de la imagenMisal romano (editio typica 1962), c. 2008. Original, MK777, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePlegaria eucarística I (Canon Romano)
CategoríaObra
DescripciónOración que incluye prefacio, invocación, consagración y doxología, usada como Plegaria eucarística I del Misal Romano. Oración eucarística principal de la liturgia romana, conocida como Canon Romano
Contexto HistóricoConservada completa desde los siglos VII-VIII, con raíces en los siglos IV-V; relacionada con San Ambrosio (c. 390) y desarrollada bajo San León Magno y San Gregorio Magno.
Lugar dentro de la santa misaSe recita después del prefacio y el Santo, iniciando la parte eucarística de la misa.
TipoOración, Eucarística, Canon Romano
Uso LitúrgicoEmpleada en la celebración de la misa según el Misal Romano, como la primera plegaria eucarística.

Tabla de contenido

Denominación

La expresión Canon Romano procede del latín canon actionis, «canon de la acción». En la terminología litúrgica antigua, canon designaba la norma o forma estable de la plegaria eucarística romana. También recibió los nombres de prex, «plegaria», y actio, «acción litúrgica».1

La liturgia romana distinguió progresivamente entre el prefacio, que podía variar según el tiempo litúrgico o la celebración, y el Canon, entendido como el núcleo fijo de la plegaria eucarística. Esta separación terminológica acabó reservando la palabra canon para la parte de la plegaria situada después del prefacio.1

Tras la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, el Misal Romano presentó varias plegarias eucarísticas. El antiguo Canon Romano pasó a identificarse oficialmente como Plegaria eucarística I, mientras que las nuevas plegarias recibieron los números II, III y IV.2

Origen e historia

El Canon Romano posee una antigüedad excepcional dentro de las plegarias eucarísticas cristianas. Sus primeros testimonios completos pertenecen a los siglos VII y VIII, aunque la oración conserva elementos que remontan a los siglos IV y V. El núcleo de su tradición aparece relacionado con la evolución de la liturgia romana desde el uso del griego hacia el latín.3

San Ambrosio de Milán recoge hacia el año 390 un texto muy próximo al centro teológico del Canon Romano. Diversos testimonios litúrgicos antiguos, entre ellos el Misal de Bobbio, el Misal de Stowe, el Sacramentario Gelasiano antiguo y el Sacramentario Gregoriano, transmiten formas tempranas de esta plegaria.3

La tradición atribuye algunas adiciones a los pontificados de san León Magno y san Gregorio Magno, aunque la formación del Canon Romano fue gradual. El texto actual reúne oraciones de épocas diversas y no siempre presenta una composición literaria unitaria; su forma definitiva resulta de una larga historia de transmisión, adaptación y consolidación litúrgica.3

Durante los siglos IV y V, la parte central de la plegaria eucarística romana adquirió una forma relativamente estable. En cambio, el prefacio conservó una mayor variedad y continuó adaptándose a los distintos tiempos litúrgicos y celebraciones.4

La reforma del Misal Romano promovida por san Pío V conservó el Canon Romano como núcleo permanente de la liturgia romana. La reforma posterior al Concilio Vaticano II mantuvo su venerable tradición y lo situó como primera de las plegarias eucarísticas del Misal Romano renovado.5

Lugar dentro de la santa misa

La Plegaria eucarística comienza después de la presentación de las ofrendas y de la oración sobre las ofrendas. El diálogo inicial entre el sacerdote y la asamblea introduce a toda la comunidad en la acción de gracias:

  • «El Señor esté con vosotros».
  • «Levantemos el corazón».
  • «Demos gracias al Señor, nuestro Dios».

La asamblea responde proclamando que la acción de gracias resulta buena, justa y conforme con el deber cristiano. Después, el sacerdote proclama el prefacio correspondiente, que concluye con el Sanctus o canto del Santo.6

El prefacio no constituye una oración aislada, sino la introducción solemne a la plegaria eucarística. Su contenido presenta un motivo particular de acción de gracias y conduce a la unión de la Iglesia peregrina con los ángeles y los santos en la alabanza de Dios. El Santo integra la alabanza de la asamblea terrena en la liturgia celestial.3

Estructura general

La Plegaria eucarística I posee una estructura amplia y solemne. Sus principales elementos son:

  1. El prefacio y el Santo.
  2. La oración por la Iglesia, llamada Te igitur.
  3. El recuerdo de los fieles vivos, o Memento de vivos.
  4. El Communicantes, con la memoria de la Virgen María, los apóstoles y los santos.
  5. El Hanc igitur.
  6. La oración sobre las ofrendas, llamada Quam oblationem.
  7. El relato de la institución de la Eucaristía y la consagración.
  8. La aclamación memorial.
  9. La anámnesis y la ofrenda, expresadas especialmente en el Unde et memores.
  10. Las oraciones Supra quae y Supplices.
  11. El recuerdo de los difuntos, o Memento de difuntos.
  12. La intercesión por los vivos.
  13. La doxología final y el gran «Amén» de la asamblea.

La plegaria desarrolla así una unidad teológica que abarca la acción de gracias, la consagración sacramental, la ofrenda de Cristo, la comunión eclesial y la esperanza de la vida eterna. La tradición litúrgica describe estos elementos como partes de una única oración de la Iglesia, presidida por el sacerdote y ratificada por las respuestas de la asamblea.2

Te igitur: oración por la Iglesia

Después del Santo, el sacerdote dirige a Dios Padre una súplica para que acepte y bendiga los dones ofrecidos por medio de Jesucristo. La fórmula invoca a Dios como Padre clementísimo y presenta el pan y el vino como dones, ofrendas y sacrificio santo.7

La primera intención explícita de la Plegaria eucarística I corresponde a la Iglesia universal. La oración pide para ella la paz, la unidad, la protección y el gobierno pastoral. También incorpora la comunión con el papa, el obispo diocesano y quienes custodian la fe católica recibida de los apóstoles.6

Esta intercesión manifiesta que la Eucaristía no constituye una devoción privada. La comunidad reunida celebra en unión con toda la Iglesia, extendida por el mundo y presidida en la caridad por sus pastores.

Memento de vivos: memoria de los fieles

La plegaria recuerda después a los fieles que participan en la celebración y a quienes desean unirse espiritualmente a la ofrenda. El sacerdote pide por ellos y por sus familias, con la intención de que alcancen la redención, la protección y la salvación.

La mención de los vivos muestra el carácter universal de la intercesión eucarística. La Iglesia presenta ante Dios las necesidades de sus miembros y las integra en el único sacrificio de Cristo.

Communicantes: comunión con la Virgen y los santos

El Communicantes recuerda la comunión de la Iglesia terrena con la Iglesia celestial. La lista comienza con la Virgen María, Madre de Dios, y continúa con san José, los apóstoles y numerosos mártires de la Iglesia antigua.

La memoria de los santos no añade otros mediadores al sacrificio de Cristo. Expresa la unidad del único pueblo de Dios y reconoce que la santidad cristiana nace de la gracia de Cristo y conduce a la alabanza del Padre.

En determinadas solemnidades y fiestas, el Misal Romano ofrece formularios propios del Communicantes. La tradición litúrgica también conserva formularios particulares para el Hanc igitur y para el relato de la institución en algunas celebraciones.8

Hanc igitur: súplica por el pueblo cristiano

El Hanc igitur prolonga la oración por la Iglesia. El sacerdote presenta a Dios el pueblo cristiano y pide que lo reciba en su paz, lo libre de la condenación y lo reúna entre sus elegidos.

La oración une la ofrenda sacramental con la vida concreta de la Iglesia. La comunidad no ofrece únicamente pan y vino: ofrece su existencia, sus necesidades, su esperanza y su deseo de permanecer fiel a Dios.

Quam oblationem: aceptación y santificación de la ofrenda

La oración Quam oblationem pide que Dios acepte, bendiga, santifique y haga perfecta la ofrenda. El texto expresa que los dones llegarán a ser para la Iglesia el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

La plegaria atribuye la eficacia de la transformación sacramental a Dios Padre, por Jesucristo y en el Espíritu Santo. El sacerdote actúa sacramentalmente en nombre de Cristo, mientras la Iglesia presenta los dones recibidos del mismo Dios.

Relato de la institución y consagración

La Plegaria eucarística I reproduce el relato de la institución de la Eucaristía durante la última cena. Cristo toma el pan y el cáliz, pronuncia la acción de gracias y entrega a los apóstoles su Cuerpo y su Sangre bajo las especies sacramentales.

La reforma litúrgica estableció una formulación común para las palabras del Señor en las distintas plegarias eucarísticas del Misal Romano. El texto latino conserva la entrega del pan como Cuerpo de Cristo y del cáliz como Sangre de la nueva y eterna alianza, derramada para la remisión de los pecados.4

La consagración constituye el centro sacramental de la plegaria. En ella, por la acción del Espíritu Santo y mediante las palabras de Cristo pronunciadas por el sacerdote, Cristo se hace presente de modo verdadero, real y sustancial bajo las especies de pan y vino.

Aclamación memorial

Después de la consagración, la asamblea proclama una aclamación que confiesa el misterio de la fe. La respuesta de los fieles anuncia la muerte del Señor, proclama su resurrección y orienta la celebración hacia su venida gloriosa.

La aclamación posee un carácter anamnético, es decir, hace memoria eficaz del misterio pascual. En la liturgia, la memoria no consiste en recordar un acontecimiento pasado como algo distante, sino en celebrar sacramentalmente la obra salvadora de Cristo.2

Unde et memores: anámnesis y ofrenda

Después de la aclamación, el sacerdote recuerda la pasión, la resurrección y la ascensión de Jesucristo. El texto latino resume estos misterios con las expresiones tam beatae Passionis, ab inferis Resurrectionis y in caelos gloriosae Ascensionis.9

La Iglesia ofrece al Padre una víctima pura, santa e inmaculada: el pan santo de la vida eterna y el cáliz de la salvación perpetua. La comunidad no presenta un sacrificio separado del de Cristo, sino que participa sacramentalmente en la única ofrenda de Cristo al Padre.9

La anámnesis y la ofrenda forman una unidad. La Iglesia recuerda el misterio pascual porque celebra su presencia sacramental y ofrece a Dios lo que ha recibido de Él. La fórmula de tuis donis ac datis expresa precisamente que los dones ofrecidos proceden de Dios.

Supra quae y Supplices

Las oraciones Supra quae y Supplices continúan la súplica de aceptación de la ofrenda. El Canon Romano relaciona la ofrenda eucarística con los sacrificios bíblicos de Abel, Abrahán y Melquisedec.

La referencia a esas figuras bíblicas presenta la Eucaristía como cumplimiento de la historia de la salvación. El sacrificio de Cristo lleva a plenitud las antiguas ofrendas y funda la nueva alianza.

La oración Supplices pide que el ángel de Dios lleve la ofrenda hasta el altar celestial. Esta imagen expresa la participación de la liturgia terrena en el culto del cielo y pide que quienes reciben el Cuerpo y la Sangre de Cristo alcancen la plenitud de la gracia.

Memento de difuntos

El Canon Romano incluye una intercesión por los difuntos. La Iglesia recuerda ante Dios a quienes murieron con la esperanza de la resurrección y pide para ellos un lugar de luz, paz y felicidad.

La oración por los difuntos manifiesta la comunión entre la Iglesia peregrina y los fieles que han muerto. La celebración eucarística abraza a vivos y difuntos dentro del único misterio de Cristo. La tradición antigua vinculó inicialmente esta memoria a las misas por los difuntos, antes de integrarla en la forma ordinaria del Canon.3

Intercesión por los vivos

La plegaria retoma la intercesión por los miembros de la Iglesia. El sacerdote pide que Dios conceda a los fieles la plenitud de la vida, la paz, la gracia y la perseverancia.

El Canon Romano vincula esta petición con la memoria de la Virgen María, los apóstoles y todos los santos. La intercesión de la Iglesia se apoya en la comunión de los santos y orienta a la asamblea hacia la participación definitiva en la gloria de Dios.

Doxología final

La plegaria concluye con una solemne doxología trinitaria. El sacerdote proclama que todo honor y toda gloria pertenecen a Dios Padre omnipotente, por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Espíritu Santo.

La expresión Per ipsum, et cum ipso, et in ipso resume la orientación cristológica de toda la Eucaristía. La Iglesia ofrece, por Cristo y unida a Cristo, la alabanza perfecta al Padre en el Espíritu Santo.9

La asamblea responde con el gran Amén. Este Amén no constituye una fórmula decorativa: ratifica la plegaria pronunciada por el sacerdote y expresa la participación de todo el pueblo en la ofrenda eucarística. La plegaria eucarística pertenece a toda la Iglesia, aunque el sacerdote la presida sacramentalmente.2

Rasgos teológicos

Carácter sacrificial

El Canon Romano presenta la misa como sacrificio de Cristo ofrecido al Padre. La terminología de la plegaria -ofrenda, víctima, sacrificio, altar y aceptación- manifiesta que la Eucaristía actualiza sacramentalmente la entrega pascual del Señor.

Carácter eclesial

La plegaria menciona al papa, al obispo, al clero, a los fieles vivos, a los difuntos, a la Virgen María, a los apóstoles y a los santos. Esta amplitud expresa la unidad de la Iglesia en torno al único sacrificio de Cristo.

Carácter memorial

La memoria litúrgica recorre la pasión, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. La Iglesia celebra el misterio pascual como acontecimiento único y permanentemente eficaz para la salvación.

Orientación escatológica

El Canon Romano mira hacia la vida eterna. La oración por los difuntos, la comunión con los santos y la petición de participar en la gloria futura manifiestan la esperanza de la Iglesia en la resurrección y en la comunión definitiva con Dios.

Uso litúrgico

La Plegaria eucarística I puede emplearse dentro de la celebración de la misa según las rúbricas del Misal Romano. Su carácter solemne y su estrecha vinculación con la tradición romana la hacen especialmente adecuada para celebraciones de particular relevancia litúrgica, aunque su uso no queda reducido a esas ocasiones.

Cuando el sacerdote utiliza el Canon Romano, determinados formularios propios acompañan algunas celebraciones. El Misal contempla, en particular, textos propios para el Communicantes, el Hanc igitur y el Qui pridie, según el misterio celebrado.8

Valor litúrgico y espiritual

El Canon Romano ofrece una síntesis de la fe eucarística de la Iglesia. La plegaria comienza con la acción de gracias, continúa con la súplica por la Iglesia, alcanza su centro en la consagración y culmina en la ofrenda de Cristo y en la gloria de la Trinidad.

Su lenguaje conserva fórmulas antiguas y una marcada solemnidad. La tradición lo considera una de las plegarias más venerables de la liturgia cristiana y el núcleo histórico de la celebración eucarística romana.5

La Plegaria eucarística I enseña también que la misa reúne cielo y tierra, vivos y difuntos, Iglesia peregrina y santos glorificados. En ella, la Iglesia ofrece al Padre los dones recibidos y participa en la única ofrenda de Jesucristo, para la salvación del mundo.

Citas y referencias

  1. Canon y praefatio, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 19 (1999). 2
  2. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 167 (1999). 2 3 4
  3. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 168 (1999). 2 3 4 5
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril de 1969, 3 (1969). 2
  5. Canon de la Misa, Enciclopedia Católica, Canon de la Misa (1913). 2
  6. Oración eucarística I, Santa Sede. Missale Romano, 490 (2020). 2
  7. J.L. Illanes. La Santa Misa, Centro de la Actividad de la Iglesia, 8 (1973).
  8. Santa Sede. Missale Romano, 219 (2020). 2
  9. J.L. Illanes. La Santa Misa, Centro de la Actividad de la Iglesia, 9 (1973). 2 3
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