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Plegaria eucarística II

La plegaria eucarística II es una de las cuatro plegarias eucarísticas principales del Misal Romano. De estructura breve y clara, reúne acción de gracias, alabanza, memoria de la muerte y resurrección de Cristo, invocación del Espíritu Santo, intercesión por la Iglesia y doxología final. Su forma actual guarda relación con una antigua anáfora cristiana conocida como la Tradición apostólica, aunque la composición del Misal Romano reorganiza y amplía elementos de aquella oración.1,2

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Ver información de la imagenFruto de la vid y pan., c. 2013. Original, John Snyder, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePlegaria eucarística II
CategoríaTérmino
DescripciónUna de las cuatro plegarias eucarísticas principales del Misal Romano, de estructura breve y clara
ReferenciasMisal Romano, Tradición apostólica
CaracterísticasBrevedad, claridad y disposición sencilla de sus partes.
ContenidoReúne acción de gracias, alabanza, memoria de la muerte y resurrección de Cristo, invocación del Espíritu Santo, intercesión por la Iglesia y doxología final.
EstructuraDiálogo inicial y prefacio, El Santo, Primera epíclesis, Relato de la institución y consagración, Aclamación memorial y anamnesis, Ofrenda e intercesiones, Doxología final.
OrigenSe inspira en la anáfora transmitida por la Tradición apostólica, relacionada con la tradición litúrgica de Hipólito de Roma.
TemaEucaristía, Anáfora, Tradición apostólica, Epíclesis, Anamnesis, Doxología, Misal Romano
TipoLiturgia, Plegaria eucarística
Uso LitúrgicoOcupa el centro de la liturgia eucarística en la celebración de la misa.

Tabla de contenido

Lugar en la celebración de la misa

La plegaria eucarística ocupa el centro de la liturgia eucarística. La segunda plegaria forma parte del repertorio de cuatro plegarias principales del Misal Romano: el canon romano, la plegaria eucarística II, la plegaria eucarística III y la plegaria eucarística IV. La segunda se caracteriza por su brevedad y por una disposición sencilla de sus partes.3,1

La pronuncia el sacerdote que preside la misa en nombre de toda la asamblea. Los fieles participan mediante las respuestas del diálogo inicial, el Santo, la aclamación memorial y el Amén final. La plegaria, por tanto, no es una oración privada del celebrante: toda la asamblea interviene en ella, aunque el sacerdote la proclame.3

Origen e historia

La plegaria eucarística II se inspira en la anáfora transmitida por la Tradición apostólica, una oración antigua relacionada con la tradición litúrgica de Hipólito de Roma. Sin embargo, no constituye una reproducción literal de aquel texto. Los redactores la adaptaron a la estructura romana de la misa e incorporaron o reorganizaron diversos elementos.1,2

Entre las diferencias principales figuran la inclusión del Santo, la incorporación de una aclamación memorial del pueblo después del relato de la institución y la adición de intercesiones. La plegaria actual también presenta una primera epíclesis -la invocación del Espíritu Santo- antes del relato de la institución, y otra petición relacionada con los frutos de la comunión.1,2

La plegaria quedó concebida como una opción especialmente breve dentro del Misal Romano. Su concisión facilita reconocer con claridad el avance de la oración desde la acción de gracias hasta la doxología final.2

Estructura y contenido

Diálogo inicial y prefacio

La plegaria comienza con el diálogo entre el sacerdote y la asamblea: el saludo, la invitación a elevar el corazón y la llamada a dar gracias a Dios. El prefacio desarrolla esa acción de gracias y concluye enlazando la alabanza de la Iglesia con la de los ángeles y los santos.4,3

La forma habitual cuenta con un prefacio propio. El Misal permite emplear también otros prefacios, en particular los que resumen brevemente el misterio de la salvación, como algunos prefacios comunes.4

El prefacio propio presenta a Cristo como Palabra viva del Padre, mediador de la creación y Salvador enviado al mundo. Recuerda su encarnación por obra del Espíritu Santo y su nacimiento de la Virgen María; después evoca su entrega en la cruz, la muerte vencida y el anuncio de la resurrección.4

El Santo

La asamblea responde al prefacio con el Santo, una alabanza dirigida a Dios y unida a la de los ángeles y los santos. Esta aclamación forma parte de la estructura de la plegaria actual y no aparecía en la anáfora antigua que sirvió de referencia.4,1

Primera epíclesis

Tras el Santo, la plegaria proclama la santidad de Dios y pide que el Espíritu Santo santifique las ofrendas. Esta primera epíclesis expresa que la celebración eucarística depende de la acción de Dios y no de una iniciativa humana aislada. Su incorporación constituye una diferencia estructural importante respecto de la anáfora antigua vinculada a la Tradición apostólica.2,1

Relato de la institución y consagración

La plegaria continúa con el relato de la última cena, en el que Cristo tomó el pan y el cáliz y pronunció las palabras que la liturgia transmite en la consagración. La fórmula del relato de la institución quedó armonizada en las nuevas plegarias eucarísticas del Misal, aunque cada una mantiene diferencias en la introducción y en el desarrollo de sus otras partes.2

Aclamación memorial y anamnesis

Después del relato de la institución, el sacerdote invita a la asamblea a proclamar el misterio de la fe. La respuesta del pueblo tiene carácter memorial: no se limita a recordar un acontecimiento pasado, sino que proclama el misterio pascual de Cristo. La plegaria prosigue haciendo memoria de la pasión, la resurrección y la ascensión del Señor.2,3

El término anamnesis, de origen griego, designa precisamente esta memoria litúrgica del misterio de Cristo. En la plegaria eucarística, la Iglesia recuerda los momentos fundamentales de la Pascua siguiendo el mandato de Cristo.3

Ofrenda e intercesiones

La memoria de la Pascua conduce a la ofrenda eucarística. La Iglesia presenta a Dios el sacrificio de Cristo y participa en él mediante la celebración. La ofrenda no queda separada de la vida de los fieles: la tradición de las plegarias eucarísticas vincula la ofrenda de Cristo con la entrega de la propia Iglesia.3,2

A continuación aparecen las intercesiones, que piden por la unidad de la Iglesia y por quienes participan en la comunión. La presencia de estas peticiones es una novedad respecto de la anáfora antigua que inspiró la plegaria. Su lugar muestra el vínculo entre la comunión eucarística y la comunión eclesial.2

La segunda petición del Espíritu Santo, situada en relación con la comunión, se refiere a sus frutos en quienes reciben el sacramento. La plegaria pide que los participantes alcancen la unidad. En contraste con la primera epíclesis, esta petición no se centra en la santificación de las ofrendas, sino en el efecto de la comunión en la comunidad.2

Doxología final

La plegaria concluye con una doxología: una alabanza dirigida a Dios Padre, por Cristo y en el Espíritu Santo. El sacerdote la proclama y la asamblea la ratifica con un Amén solemne. Esa respuesta expresa la participación de los fieles en la oración que culmina la plegaria eucarística.3

Rasgos teológicos

La plegaria articula dos dimensiones inseparables de la Eucaristía: la memoria y la ofrenda. La Iglesia recuerda la Pascua de Cristo y presenta sacramentalmente su sacrificio al Padre. La oración también vincula esa ofrenda con la comunión de los fieles y con la unidad de la Iglesia.3,2

La acción del Espíritu Santo aparece en dos momentos con acentos distintos: primero, en la invocación sobre las ofrendas; después, en la petición por los frutos de la comunión. La disposición de ambas peticiones distingue la santificación de los dones y la transformación espiritual de quienes comulgan, sin separarlas del conjunto de la celebración.2,5

La plegaria expresa también una visión eclesial de la Eucaristía. El sacerdote preside, pero las respuestas y aclamaciones de la asamblea muestran que la oración pertenece a toda la Iglesia reunida. La intercesión por la unidad prolonga esa dimensión comunitaria dentro de la propia plegaria.3,2

Uso litúrgico

La forma habitual de la plegaria eucarística II incluye un prefacio propio, aunque admite otros prefacios adecuados, especialmente los que presentan de manera sintética el misterio de la salvación. Esta combinación conserva el carácter reconocible de la plegaria y permite vincularla con diversos temas litúrgicos.4

Una forma alternativa incorpora un prefacio centrado en Dios, creador y fuente de vida, que guía a su Iglesia por el camino de la salvación. El texto relaciona la guía de Israel por el desierto con el acompañamiento del Espíritu Santo a la Iglesia peregrina, encaminada hacia la alegría del Reino. El Misal propone esta forma, entre otros casos, para celebraciones por la Iglesia, por las vocaciones, por la familia, por los religiosos y por motivos de acción de gracias.6

Recepción

La brevedad y la claridad de la plegaria eucarística II le han dado un lugar destacado en la celebración de la misa. Su estructura permite seguir con facilidad la transición entre acción de gracias, alabanza, memoria de la Pascua, ofrenda, intercesión y alabanza final.2

Citas y referencias

  1. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 169 (1999). 2 3 4 5 6
  2. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 170 (1999). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
  3. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 167 (1999). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. Plegaria eucarística II, Santa Sede. Misal Romano, 501 (2020). 2 3 4 5
  5. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 361 (1999).
  6. II. Dios guía a su Iglesia por el camino de la salvación, Santa Sede. Misal Romano, 580 (2020).
Modificado el 5 de octubre de 2026 • FideScore™ 8.84 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/b6k0rx9m1

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