Prefacio y Santo
La plegaria empieza con el diálogo propio de la liturgia eucarística. A continuación, el sacerdote pronuncia el prefacio correspondiente, que concluye con el Santo. La asamblea alaba la santidad y la gloria de Dios y acoge a Cristo, que viene en nombre del Señor.
Alabanza a Dios e invocación sobre las ofrendas
Tras el Santo, el sacerdote proclama que Dios es santo y digno de la alabanza de toda criatura. La oración presenta la obra divina como acción trinitaria: el Padre vivifica y santifica el universo mediante Jesucristo y en la fuerza del Espíritu Santo. También expresa que Dios reúne sin cesar a su pueblo para que ofrezca un sacrificio perfecto.
La primera invocación al Espíritu Santo -llamada epíclesis, es decir, petición solemne de su acción- pide que santifique los dones presentados y los convierta en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La plegaria enlaza así la acción creadora y santificadora de Dios con la celebración sacramental.,
Relato de la institución
A continuación, la plegaria recuerda la última cena y las palabras y acciones de Jesús sobre el pan y el cáliz. Este relato constituye el núcleo de la consagración eucarística. La fórmula introductoria de la Plegaria III adopta un motivo paulino: recuerda que Jesús entregó su vida la noche en que iba a ser entregado.
Aclamación memorial y ofrecimiento
Después del relato de la institución, la asamblea pronuncia la aclamación memorial. La plegaria continúa con la anámnesis, término que designa el memorial litúrgico de la pasión, la resurrección y la ascensión de Cristo. La Plegaria III añade a estos acontecimientos la espera de su segunda venida.,
La Iglesia ofrece al Padre el sacrificio eucarístico dando gracias. La oración emplea un lenguaje sacrificial que no se refiere solo a la entrega de Cristo, sino también a la participación de la Iglesia en esa ofrenda. Por la comunión con Cristo, los fieles toman parte en su entrega y quedan llamados a vivir unidos a él.
Invocación sobre quienes comulgan e intercesiones
La plegaria pide que quienes reciben el Cuerpo y la Sangre de Cristo lleguen a formar un solo cuerpo y un solo espíritu en él. Esta segunda invocación al Espíritu Santo, llamada epíclesis de comunión, relaciona la participación sacramental con la unidad de la Iglesia.
Las intercesiones extienden la oración a la Iglesia y a sus miembros, en la tierra y en la comunión de los santos. Como en las demás plegarias eucarísticas, estas peticiones forman parte de la oración de ofrenda; no constituyen una sección ajena a ella, sino que expresan las consecuencias eclesiales de la comunión en Cristo.
Doxología y «Amén»
La plegaria termina con la doxología, una alabanza dirigida a Dios por Cristo, con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo. La asamblea ratifica solemnemente toda la oración con su «Amén».