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Poligamia

La poligamia es la unión matrimonial simultánea de una persona con varios cónyuges. La Iglesia católica enseña que el matrimonio querido por Dios posee una estructura monógama, exclusiva, fiel e indisoluble: un hombre y una mujer unidos en una alianza de vida y amor. La presencia de prácticas poligámicas en diversos relatos del Antiguo Testamento pertenece a una etapa histórica de la revelación todavía orientada hacia la plenitud manifestada por Jesucristo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePoligamia
CategoríaTérmino
DescripciónPráctica considerada ilícita por la Iglesia Católica por contravenir la monogamia, unidad, fidelidad e indisolubilidad del matrimonio. Unión matrimonial simultánea de una persona con varios cónyuges. La poligamia aparece en relatos del Antiguo Testamento y fue regulada sin ser idealizada; la doctrina católica la rechaza como contraria al diseño divino de unión exclusiva entre un hombre y una mujer, según el Catecismo del Concilio de Trento, la encíclica Casti connubii y la exhortación Familiaris consortio. Designio creador del matrimonio como unión de dos personas en una sola carne
Contexto HistóricoPresente entre patriarcas del Antiguo Testamento; regulada por la Ley mosaica; la revelación cristiana evolucionó hacia la monogamia plena.
Enseñanzas PrincipalesMonogamia es la forma original y plena del matrimonio; la poligamia viola la unidad, la fidelidad y la indisolubilidad; contraviene la dignidad igualitaria del hombre y la mujer; la Iglesia la declara moralmente ilícita.
Importancia EclesialBase de la enseñanza matrimonial y moral sexual; sustentada en documentos magisteriales como Casti connubii (1930), Familiaris consortio (1981) y Gaudium et spes (1965).
TipoDoctrina, Concepto

Tabla de contenido

Concepto y modalidades

La palabra poligamia procede del griego y designa, en sentido amplio, la pluralidad de cónyuges. Sus formas principales son:

  • Poliginia: un hombre tiene simultáneamente varias mujeres.
  • Poliandria: una mujer tiene simultáneamente varios hombres.
  • Matrimonio plural: expresión general para una unión con más de dos cónyuges.

En la historia bíblica y en las sociedades del antiguo Oriente Próximo predominó la poliginia. La poliandria aparece con mucha menor frecuencia en las fuentes históricas y bíblicas.

La poligamia no debe confundirse con:

  • Concubinato, que designa una convivencia o unión de rango inferior al matrimonio reconocido.
  • Adulterio, que consiste en una relación sexual con una persona casada distinta del propio cónyuge.
  • Bigamia, que normalmente describe la celebración de un segundo matrimonio mientras subsiste jurídicamente el primero.
  • Divorcio, que pretende disolver el vínculo matrimonial, aunque la poligamia mantiene simultáneamente varias uniones.

La monogamia en el designio creador

El relato del Génesis

La revelación bíblica presenta el matrimonio en el relato de la creación como una unión entre dos personas. El hombre deja a su padre y a su madre, se une a su mujer y ambos llegan a ser «una sola carne» (Gn 2,24). La tradición cristiana ha entendido esta formulación como expresión de la unidad y exclusividad originarias del matrimonio.

El Catecismo del Concilio de Trento, promulgado por san Pío V en 1566, interpreta las palabras de Cristo sobre el Génesis en este sentido: Dios instituyó el matrimonio como unión de dos personas, no de tres o más. El mismo Catecismo enseña que Jesucristo restauró el matrimonio a su condición original y manifestó que la poligamia no corresponde a su naturaleza.1

La unidad matrimonial no constituye una simple organización social. La entrega conyugal compromete a la persona entera y reclama una reciprocidad que excluye la apropiación simultánea de otros cónyuges. La unión matrimonial expresa así una comunión personal, corporal y espiritual de carácter exclusivo.

Unidad e indisolubilidad

La monogamia forma una unidad inseparable con la fidelidad y la indisolubilidad. Cristo remite al «principio» de la creación cuando enseña que lo que Dios ha unido no debe separarlo el hombre (Mt 19,4-6; Mc 10,6-9). En la enseñanza de Jesús, el matrimonio no queda sometido a la arbitrariedad del marido ni puede convertirse en un vínculo provisional.

La Comisión Bíblica Pontificia describe una evolución interna de la moral matrimonial bíblica: desde situaciones históricas en las que existían la poligamia y el repudio, hasta la afirmación de una unión monógama, permanente y recíproca, en la que ninguno de los cónyuges posee un derecho unilateral a repudiar al otro.2

La poligamia en el Antiguo Testamento

Personajes bíblicos

El Antiguo Testamento recoge diversos casos de poligamia o de relaciones con esposas y concubinas. Entre ellos aparecen:

  • Lamec, descendiente de Caín.
  • Abrahán, con Sara y Agar, y posteriormente con Queturá.
  • Jacob, con Lía y Raquel, además de Bala y Zilpá.
  • Gedeón.
  • Elcaná, esposo de Ana y Feniná.
  • David.
  • Salomón.
  • Roboam y otros reyes de Israel y Judá.

La Comisión Bíblica Pontificia relaciona la expansión de estas prácticas con la importancia atribuida a la descendencia numerosa, la esterilidad de algunas esposas, las alianzas políticas y la concentración del poder familiar.3

El mundo patriarcal concedía a la mujer una posición subordinada y valoraba frecuentemente el matrimonio por su capacidad de generar descendencia. La poligamia podía presentarse, dentro de aquella estructura social, como una forma de protección para mujeres sin marido, pero también producía desigualdad, rivalidad y conflictos familiares.4

Conflictos narrativos

Los relatos bíblicos no presentan la poligamia como una situación carente de consecuencias. La rivalidad entre Sara y Agar, el enfrentamiento entre Lía y Raquel, los celos entre Ana y Feniná, y las disputas entre los hijos de distintas mujeres muestran tensiones inherentes a la pluralidad conyugal.

La historia de Jacob ilustra especialmente la competencia entre esposas y siervas por la maternidad y el reconocimiento. En la familia de David, las rivalidades entre sus hijos contribuyen a graves conflictos políticos y sucesorios. La narración bíblica registra estas situaciones sin convertirlas necesariamente en una condena jurídica explícita, pero deja ver sus efectos destructivos.3

Regulación, no idealización

La Ley mosaica contempla situaciones en las que un hombre tiene dos esposas, regula la herencia de los hijos de ambas y establece deberes respecto de una esclava tomada como mujer. También limita el número de mujeres que puede acumular un rey. Estas normas protegen parcialmente a las mujeres y a los hijos dentro de una sociedad que ya practicaba la poligamia, pero no presentan esa estructura como el ideal creador.

La regulación jurídica de una práctica no equivale necesariamente a su aprobación como modelo perfecto. La legislación mosaica ordena una sociedad marcada por la fragilidad humana y procura impedir abusos concretos. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la conciencia moral sobre la unidad y la indisolubilidad del matrimonio maduró bajo la pedagogía de la antigua Ley, que todavía llevaba las huellas de la «dureza del corazón».5

Ley natural y pedagogía divina

La unidad matrimonial como exigencia natural

La ley natural expresa las exigencias morales inscritas por Dios en la naturaleza humana. En el matrimonio, esta ley reclama una unión ordenada al bien de los cónyuges, a la generación y educación de los hijos, y a una comunión personal fundada en la fidelidad.

La pluralidad simultánea de cónyuges contradice la unidad propia de esa comunión. Divide la entrega conyugal, introduce una desigualdad estructural entre los miembros de la unión y dificulta la reciprocidad plena. San Juan Pablo II explicó que la poligamia contradice la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, porque el matrimonio implica una donación total y, por ello, única y exclusiva.6

La doctrina católica no reduce el matrimonio a su finalidad procreadora. Aunque la generación de los hijos pertenece esencialmente al bien matrimonial, la unión conyugal también constituye una comunión personal. La poligamia puede favorecer una descendencia numerosa, pero no realiza por ello la plenitud de la alianza matrimonial.

La pedagogía divina en el Antiguo Testamento

La revelación bíblica avanza históricamente hacia una comprensión cada vez más profunda del matrimonio. Dios educa a su pueblo mediante normas progresivas, tolerancias temporales y signos proféticos que preparan la manifestación plena de su voluntad.

La antigua Ley no presenta siempre una condena explícita de la poligamia. La Comisión Bíblica Pontificia observa que el Antiguo Testamento conserva prácticas matrimoniales propias del antiguo Oriente Próximo, aunque también muestra una evolución hacia la monogamia y hacia una comprensión más elevada del amor exclusivo y fiel.3

Los profetas emplean el matrimonio monógamo como imagen de la alianza entre Dios e Israel. Oseas, Isaías, Jeremías y Ezequiel describen la relación de Dios con su pueblo mediante categorías esponsales: fidelidad, exclusividad, amor y traición. Este lenguaje profético presupone que la alianza matrimonial constituye una relación singular, no una relación compartida simultáneamente con varias personas.2

La tolerancia histórica de ciertas prácticas no modifica el ideal originario. Del mismo modo que Cristo explica el repudio como una concesión vinculada a la dureza del corazón, la tradición católica comprende la presencia de la poligamia veterotestamentaria dentro de una pedagogía que conduce progresivamente a la restauración del matrimonio.

Jesucristo y la plenitud de la revelación

El retorno al principio

Jesús no fundamenta su enseñanza matrimonial en una costumbre social, sino en el designio creador: «desde el principio no fue así» (Mt 19,8). Al citar el Génesis, presenta al hombre y a la mujer como una sola carne y afirma la permanencia de la unión establecida por Dios.

Aunque el Evangelio no contiene una fórmula aislada que diga literalmente «queda prohibida la poligamia», la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio excluye su lógica. Jesús habla de un marido y una mujer, condena la ruptura del vínculo y considera adulterio tomar otra mujer mientras subsiste la primera unión. El Catecismo del Concilio de Trento desarrolló esta conclusión de manera explícita.1

La exigencia evangélica alcanza también el interior de la persona. Cristo no se limita a regular los actos externos, sino que reclama pureza de corazón y fidelidad en el deseo. La alianza matrimonial refleja una entrega total que no admite la coexistencia voluntaria de otros vínculos conyugales.

La enseñanza apostólica

San Pablo transmite la enseñanza del Señor sobre la permanencia del matrimonio y exige que los esposos no se separen. También utiliza el matrimonio como imagen de la relación entre Cristo y la Iglesia: Cristo ama a una Iglesia y se entrega por ella. Esta imagen posee una estructura exclusiva y esponsal, no plural.

Las cartas pastorales exigen que el obispo, el presbítero y el diácono sean «marido de una sola mujer» (1 Tim 3,2.12; Tit 1,6). La interpretación exacta de esta expresión ha sido debatida, pues puede referirse a la monogamia o a la fidelidad y estabilidad del candidato; en cualquier caso, el conjunto de la enseñanza cristiana primitiva avanza dentro del horizonte monógamo.3

Enseñanza magisterial

Carta Gaudemus in Domino

A comienzos de 1201, una carta dirigida al obispo de Tíberíades trató la situación de los paganos que tenían varias mujeres y se convertían al cristianismo. El documento vinculó la enseñanza cristiana con Génesis 2,24 y afirmó que la Escritura habla de «dos en una sola carne», no de tres o más. También rechazó la retención simultánea de varias esposas.7

Este texto reconoce que algunos patriarcas del Antiguo Testamento tuvieron varias mujeres y sostiene que su situación pertenecía a una antigua dispensación. La norma cristiana, en cambio, queda vinculada a la restauración realizada por Cristo.

Catecismo del Concilio de Trento

El Catecismo romano, promulgado por san Pío V en 1566, enseña que el matrimonio bajo la Ley mosaica todavía no poseía la plenitud sacramental del matrimonio cristiano. Afirma también que Cristo restauró la unión matrimonial a su forma original y que el matrimonio comprende dos personas unidas en una sola carne.1

El documento también aborda la conversión de un hombre que hubiera contraído varias uniones conforme a las costumbres de su pueblo. Su orientación tradicional consiste en reconocer como verdadera esposa a una sola mujer y abandonar las demás relaciones matrimoniales.

Casti connubii

La encíclica Casti connubii, promulgada por el papa Pío XI el 31 de diciembre de 1930, defendió la santidad, unidad e indisolubilidad del matrimonio. La doctrina posterior de la Iglesia la considera un antecedente importante de la explicación moderna sobre el matrimonio como unión exclusiva.

Concilio Vaticano II

La constitución pastoral Gaudium et spes, promulgada por san Pablo VI el 7 de diciembre de 1965, presenta el matrimonio como una comunidad íntima de vida y amor fundada en la alianza de los esposos. Esta visión acentúa la dignidad personal, la entrega mutua y la igualdad fundamental de los cónyuges, elementos incompatibles con una concepción posesiva o unilateral de la poligamia.6

Familiaris consortio

San Juan Pablo II, en la exhortación apostólica Familiaris consortio, promulgada el 22 de noviembre de 1981, explicó que la poligamia contradice la igual dignidad del hombre y de la mujer y la naturaleza de la entrega matrimonial total, única y exclusiva.6

La condena no se dirige solo a la acumulación numérica de esposas. La poligamia contradice la forma misma de la comunión matrimonial, porque transforma la exclusividad de la entrega en una relación compartida y jerarquizada.

Nota doctrinal Una caro

La Nota doctrinal Una caro. Elogio de la monogamia, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 25 de noviembre de 2025, reafirma que la poligamia contradice radicalmente la comunión conyugal. También reconoce el drama pastoral de quien, al convertirse al Evangelio, ya mantiene varias relaciones familiares y debe ordenar su situación conforme a la moral cristiana.8

La poligamia y la dignidad de la persona

La crítica católica a la poligamia no procede de una mera preferencia cultural por la familia occidental. La Iglesia la juzga a partir de la dignidad de la persona, la igualdad de los cónyuges y el significado de la alianza matrimonial.

En numerosas formas históricas de poligamia, el varón podía disponer de varias mujeres, mientras la mujer carecía de una libertad equivalente. La estructura tendía a convertir a las esposas en miembros desiguales de una casa, vinculados al poder económico y social del marido. La Comisión Bíblica Pontificia describe el contexto veterotestamentario como patriarcal y observa la subordinación habitual de la mujer y su valoración predominante por la fecundidad.4

La monogamia cristiana afirma que cada cónyuge posee una dignidad irrepetible y que ninguno pertenece al otro como una posesión transferible o acumulable. La entrega matrimonial exige reciprocidad: ambos se entregan y ambos reciben al otro como persona, no como integrante subordinado de una estructura doméstica plural.

Conversión de personas procedentes de una unión polígama

La conversión al cristianismo de una persona que vive en poligamia plantea cuestiones morales, familiares y pastorales complejas. La Iglesia debe mantener simultáneamente dos exigencias:

  1. Proclamar la verdad sobre la monogamia y la exclusividad matrimonial.
  2. Proteger la dignidad y las obligaciones legítimas de las personas afectadas, especialmente de las mujeres y de los hijos.

La solución cristiana no consiste en abandonar irresponsablemente a quienes dependan material o jurídicamente del hombre. La ordenación de la situación requiere prudencia pastoral, atención a las responsabilidades familiares y obediencia a la disciplina legítima de la Iglesia.

La Nota doctrinal Una caro reconoce expresamente el drama de quien desea convertirse al Evangelio y ha compartido muchos años de vida con varias mujeres. La dificultad humana de la situación no convierte la poligamia en moralmente lícita: la práctica contradice la comunión conyugal.8

Valoración moral católica

La Iglesia católica considera moralmente ilícita la poligamia porque:

  • Contradice la unidad del matrimonio.
  • Lesiona la exclusividad de la entrega conyugal.
  • Compromete la igual dignidad del hombre y de la mujer.
  • Introduce rivalidades entre los cónyuges.
  • Puede perjudicar la estabilidad afectiva y educativa de los hijos.
  • Transforma la comunión matrimonial en una relación desigual y compartida.

La doctrina católica no juzga del mismo modo la responsabilidad subjetiva de todas las personas que viven en contextos polígamos. La culpabilidad moral concreta depende del conocimiento, la libertad, las costumbres recibidas, las presiones sociales y las circunstancias personales. La valoración objetiva de la institución, sin embargo, permanece clara: la poligamia contradice el orden moral del matrimonio cristiano.

Conclusión

La revelación bíblica muestra una progresión desde las formas matrimoniales del antiguo Oriente hasta la plenitud revelada por Jesucristo. El Antiguo Testamento registra la poligamia, la regula en algunos aspectos y la sitúa dentro de una pedagogía divina marcada por la gradualidad. Cristo vuelve al designio creador y manifiesta que el matrimonio pertenece a la unión exclusiva de un hombre y una mujer, unidos por una alianza fiel e indisoluble.

Por esta razón, la Iglesia católica sostiene que la monogamia no constituye una simple costumbre histórica, sino una exigencia de la verdad del matrimonio, de la ley natural y de la revelación llevada a su plenitud en el Evangelio.

Citas y referencias

  1. Los sacramentos - Matrimonio sagrado - Importancia de la instrucción sobre este sacramento, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, Los sacramentos - Matrimonio sagrado (1566). 2 3
  2. B2. Criterios específicos - 2.2. Segundo criterio específico: Contraste - 2.3. Tercer criterio específico: Avance - C. La moral del matrimonio, Comisión Bíblica Pontificia. La Biblia y la moralidad: Raíces bíblicas de la conducta cristiana, 123 (2008). 2
  3. Capítulo III - La familia humana - La unión nupcial en la historia humana: Problemas, normativas, transgresiones - La poligamia, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 173 (2019). 2 3 4
  4. Capítulo III - La familia humana - La unión nupcial en la historia humana: Problemas, normativas, transgresiones - A) aspectos problemáticos, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 172 (2019). 2
  5. Capítulo III, los sacramentos al servicio de la comunión. Catecismo de la Iglesia Católica, 1610 (1992).
  6. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Una carta. En alabanza de la monogamia. Nota doctrinal sobre el valor del matrimonio como unión exclusiva y pertenencia mutua (25 de noviembre de 2025), 36 (2025). 2 3
  7. Matrimonios de paganos y el privilegio paulino - De la carta «gaudemus in domino» al obispo de Tiberíades, a principios de 1201, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 778 (1854).
  8. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Una carta. En alabanza de la monogamia. Nota doctrinal sobre el valor del matrimonio como unión exclusiva y pertenencia mutua (25 de noviembre de 2025), 16 (2025). 2
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