La misión del Pontificio Consejo para la Cultura, y posteriormente de su sección cultural en el nuevo dicasterio, se centró en varios pilares fundamentales:
Diálogo entre la Iglesia y las Culturas
El Consejo fue creado para dar a toda la Iglesia un impulso común en el encuentro continuamente renovado entre el mensaje salvífico del Evangelio y la multiplicidad de culturas,. Se consideraba que este diálogo era vital no solo para la nueva evangelización y la inculturación de la fe, sino también para el destino del mundo y el futuro de la humanidad,. La Iglesia, a través de este dicasterio, buscaba responder a las exigencias del mundo contemporáneo y a las preguntas cruciales planteadas por el espíritu actual,.
El dicasterio fomentaba las relaciones entre la Santa Sede y el mundo de la cultura, utilizando el diálogo como herramienta indispensable para un verdadero encuentro, interacción mutua y enriquecimiento. El objetivo era que las diferentes culturas se abrieran cada vez más al Evangelio, y viceversa, y que los amantes de las artes, la literatura, las ciencias, la tecnología y el deporte se sintieran reconocidos por la Iglesia como personas al servicio de una búsqueda sincera de lo verdadero, lo bueno y lo bello.
Evangelización de las Culturas y la Inculturación del Evangelio
Una de las tareas esenciales del Consejo era la evangelización de las culturas y la inculturación del Evangelio,. Esto implicaba comprender las mentalidades actuales, descubrir la sed de verdad y amor que solo Cristo puede satisfacer plenamente, y encontrar nuevas formas de evangelización. El Consejo buscaba promover el estudio del problema de la incredulidad y la indiferencia religiosa en diversos ambientes culturales para ofrecer un apoyo adecuado a la actividad pastoral de la Iglesia,.
Se reconocía que la transmisión del mensaje del Evangelio en el mundo actual era particularmente ardua, ya que las culturas contemporáneas a menudo están alejadas de una dimensión espiritual interna y prevalecen las perspectivas materialistas. El Consejo actuaba como un observatorio para identificar los desarrollos culturales y las preguntas antropológicas que surgían, proponiendo relaciones entre las culturas y la fe cristiana para sugerir nuevas formas de evangelización que respondieran a las expectativas de los contemporáneos.
Valorización del Patrimonio Cultural Eclesiástico
El Consejo también se dedicaba a la promoción de la actividad pastoral y la valorización del patrimonio cultural. La Iglesia reconoce que el arte, la arquitectura, los archivos, las bibliotecas, los museos y la música sacra no son solo depósitos de elementos histórico-artísticos, sino una colección de obras que pueden ser disfrutadas por toda la comunidad. El patrimonio cultural eclesiástico es un terreno favorable para un diálogo intercultural fructífero, y es crucial asegurar su protección jurídica y su uso adecuado, teniendo en cuenta las necesidades religiosas, sociales y culturales de las poblaciones locales.
Coordinación de las Academias Pontificias
El Pontificio Consejo para la Cultura, y ahora el Dicasterio para la Cultura y la Educación, coordina las actividades de varias Academias Pontificias. Estas academias, algunas de origen antiguo, involucran la participación de figuras internacionales en las ciencias teológicas y humanísticas, tanto creyentes como no creyentes. Entre ellas se encuentran la Pontificia Academia de Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón, la Pontificia Academia Romana de Arqueología, la Pontificia Academia de Teología, la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, la Pontificia Academia Mariana Internacional, la Pontificia Academia Cultorum Martyrum y la Pontificia Academia para el Latín.